
Una decisión de alto riesgo
Sánchez juega fuerte. Lo hace casi siempre y es difícil evaluar las consecuencias de manera inmediata. En todo caso, esta vez el presidente del Gobierno español ha apostado de forma arriesgada en un tema especialmente sensible y frente a un personaje poderoso y, sobre todo, muy impredecible. Si el presidente español ya provocó las iras de Donald Trump en junio del año pasado al negarse a aumentar al 5% del PIB el presupuesto de Defensa, ahora su negativa a ceder el uso de las bases norteamericanas en España para los ataques de EE.UU. A Irán ha supuesto un revés a una administración que no suele aceptar de buen grado los desafíos.
Además, en esta ocasión con el añadido de que estamos en medio de una guerra, una utilización de la fuerza que España considera injustificada, a diferencia de otros países europeos, como Francia, Reino Unido y Alemania, que se han abierto a una cierta y limitada cooperación. En todo caso, España es el socio europeo que más en contra se ha posicionado. Sin embargo, negar el uso de las bases españolas al aliado americano es llevar al extremo el desafío. En un tema tan sensible, en medio de una operación bélica, vetar al aliado la utilización de estas facilidades era previsible que provocara una respuesta dura.
La respuesta fue el anuncio de Trump de ayer de que había pedido a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, “que corte todas las relaciones con España”, en referencia al comercio y añadiendo el calificativo de “terrible” para nuestro país. Independientemente de si esta amenaza es realizable, dado que España forma parte de un bloque comercial como es la Unión Europea, el anuncio abre la puerta a un escenario muy preocupante, tanto por sus consecuencias políticas como económicas.
La relación comercial con EE.UU. Es sensible para los exportadores y el suministro energético
Políticas porque Estados Unidos es un aliado y es poderoso. Un aliado no tan fiable como lo podía ser hasta hace poco, pero aliado al fin y al cabo. Poderoso porque es la gran superpotencia, tanto en términos militares como económicos. Además, los dos países son miembros de la OTAN, nuestra garantía de seguridad; y no hay que olvidar que un enfrentamiento con Washington puede tener repercusiones graves. Además, incomodará a nuestros socios europeos, que ya criticaron la negativa española a asumir el 5% de gasto en defensa, que ellos aceptaron, y ahora, no les gustará abrir otro frente por culpa de España.
Consecuencias económicas porque la relación comercial, sin ser vital para España, sí resulta especialmente sensible para las empresas exportadoras y para el suministro energético. Las ventas españolas a EE.UU. Equivalen a apenas el 4,3% del total, pero hay actividades muy expuestas como la fabricación de componentes de automoción, la industria farmacéutica o la producción de vino o aceite de oliva.
Como portavoz de las empresas, la CEOE expresó ayer su preocupación por el deterioro de la relación económica. La patronal española recordó lo evidente, que EE.UU. Es un país amigo y un socio fundamental desde el punto de vista económico y político. Su comunicado terminaba con dos deseos, que las relaciones comerciales no se vean afectadas de ninguna manera, y que hay que ir de la mano de la Unión Europea. Añadía su esperanza en que el Gobierno sea capaz de reconducir la situación.
Se impone el diálogo y la búsqueda de fórmulas para suavizar las diferencias
En el terreno económico hay que sumar que EE.UU. Se ha convertido desde la invasión rusa de Ucrania en el principal suministrador de petróleo y gas a España. Trump ha decidido atacar un punto especialmente sensible, el eventual veto a las relaciones comerciales con un país que disfruta de un buen momento económico, como es España, y que debe maniobrar con cautela para preservarlo. Al margen de si se materializa la amenaza, es evidente su malestar con España y su disposición a tomar algún tipo de represalia.
En definitiva, se impone el diálogo y la búsqueda de fórmulas para suavizar las diferencias. Entre aliados anda el juego y entre aliados hay que evitar un enfrentamiento que no puede conducir a nada positivo. Está bien que el Gobierno español mantenga una posición propia, que la defienda, pero también tiene que saber navegar para combinar los principios con la habilidad y el pragmatismo, para conseguir una salida válida para todos.
Y debe contar con sus socios europeos. Ayer, la Comisión Europea aseguró que siempre defenderá la plena protección de los intereses europeos. Es su función y es lo que toca. Pero también el Gobierno español debe combinar la defensa de sus principios con el pragmatismo para encontrar una salida que evite primero una escalada, y después permita una vuelta a la normalidad. Está en juego nuestro papel en Europa, en la escena internacional y también nuestra economía y la buena marcha de nuestras empresas.