
Señoras y señores, llega el espectáculo de la guerra
EL PATIO DIGITAL
Señores, con sus señoradas, son los que provocan las guerras que nos dejan señales de por vida. Entre este señorío señorial, hay quien señala a quienes en Irán no someten a su señoreaje. Señorean y diseñan ceñudos el mundo a su antojo. Así que, señores y señoras, showtime! Bienvenidos al gran espectáculo bélico de los desenseñoreados Trump, Netanyahu y ayatolás.
–Perdone, señor.
–Dígame, señorita.
–Señora.
–Señora, sí, pero deprisa, por favor, que me tiene la función parada.

–¿Por qué dice señores y señoras, y no señoras y señores, como es costumbre? Lo de las damas primero, ¿sabe?
–Porque yo y mis compañeros en el escenario...
–... “Mis compañeros y yo”...
–... Mis compañeros y yo creemos que mientras los hombres encabecen las guerras a las mujeres más les vale estar por delante en las frases de cortesía. Lo ha dicho usted misma también: el del señoras y señores es el mismo principio que el de abrir la puerta a las mujeres, lo que hace señor a un señor. Es nuestra manera simbólica de honrarlas. Es respeto, es deferencia. Además, es la primera muestra de lenguaje inclusivo. Tan inclusiva es que hasta los señoros que lo abominan usan la fórmula señoras y señores. A veces, incluso naturalmente, sin darse cuenta.
–Mire, esta tradición “caballeresca”, este ramo de flores léxico tiene un origen paternalista e hipócrita. Se nos abría la puerta para que pasáramos primero mientras se nos negaba el derecho al voto, cobrar sueldos y salir de casa. La cortesía sin derechos es hipocresía. El señoras y señores es el ustedes primero, que son frágiles, preciosas y la luz de nuestros ojos de la sintaxis. Poner a la mujer delante en el lenguaje ha servido a menudo para mantenernos detrás en la toma de decisiones.
–Oiga, no es solo cosa nuestra. Los franceses en el siglo XIX entre pelucas de rulos y empolvadas y mallas de ballet ya decían mesdames et messieurs; los ingleses, ladies and gentlemen.
–Y en Irán, en lengua farsi, la fórmula protocolaria estándar es Khānom-hā va Āghā-yān, esto es, señoras y señores, y dese cuenta de la impostura. De nuevo esa prioridad lingüística vacía en lugar de la paridad real. Poner señoras primero en una frase es trivial si, al fin y al cabo, se las condena al último peldaño de la dignidad humana. Las iraníes se han ganado el derecho a ir con el pelo al viento, a no ser detenidas por una policía de la moral que no entiende de cortesía ni de género, sino de sumisión absoluta. Pero la guerra nunca es la solución.
–Pero a ver, un momento. Adónde nos lleva la discusión. ¿Si está de acuerdo que la guerra no lleva a ningún lado, diría entonces que usted aprueba que haya anunciado el showtime bélico con un señores y señoras, ¿cierto?
–Totalmente. El burro, siempre delante.


