
Encauzar el vínculo con EE.
No a la guerra. Así podría resumirse la declaración institucional efectuada ayer a primera hora por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, al día siguiente de que el presidente estadounidense Donald Trump amenazara con cortar toda relación comercial con nuestro país. Dicha amenaza se produjo tras la negativa gubernamental a permitir el uso de las bases de Rota y Morón a fuerzas norteamericanas, en el marco del conflicto que su país e Israel mantienen con Irán. Un conflicto que ha incendiado Oriente Próximo, causando en menos de una semana más de mil muertos, además de liquidar al líder supremo de dicha república islámica y a su cúpula; y que, tras impactar en varios países de la Península Arábiga, alcanzó ayer las costas de Sri Lanka, donde un submarino estadounidense torpedeó y hundió una fragata iraní.
Sánchez se reafirmó ayer en su posición, legítima y propia de un Estado soberano, que como tal no tiene por qué secundar las iniciativas bélicas de otro, y menos si son ilegales y vulneran el derecho internacional. Lo hizo sin ambages, expresando su inequívoca repulsa al régimen teocrático y represor de los ayatolás y, por otra parte, afirmando que “es ingenuo practicar un seguidismo ciego y servil” y que “no vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo por miedo a las represalias de alguno”.
Sánchez se envuelve en el “no a la guerra” para reiterar su profunda discrepancia con Trump
Si la reacción del canciller alemán Friedrich Merz, presente anteayer en la Casa Blanca cuando Trump profirió sus amenazas, fue casi de asentimiento, lo que provocó una respuesta crítica del ministro español de Asuntos Exteriores, ayer el Gobierno español se sintió aliviado tras recibir avales europeos. El propio Merz dijo que, tras su silencio en público, le había recordado en privado a Trump que no era posible discriminar comercialmente a España, puesto que “la UE negocia los acuerdos aduaneros con EE.UU. Conjuntamente o no negocia nada”.
Un portavoz de la Comisión Europea manifestó que este organismo se solidariza plenamente “con todos los estados miembros, a través de nuestra política comercial común”. Algo similar hizo el presidente francés, Emmanuel Macron. O, de modo indirecto, el premierbritánico Keir Starmer, que también ha rechazado sumarse incondicionalmente a la guerra impulsada por Trump y Netanyahu, lo que le ha reportado comentarios despectivos del presidente estadounidense. En España, las reacciones fueron de otro orden. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, exigió la comparecencia de Sánchez en el Congreso, para que explique allí “por qué nos hemos quedado más aislados, más solos”, a la vez que le acusaba de “utilizar la política exterior como política partidista”. Es cierto que Sánchez podría llegar a capitalizar con su toma de posición un rechazo a Trump extendido aquí: solo un 15,7% de los españoles, según el CIS, tienen una buena opinión del norteamericano. Y no es descabellada la conjetura de que Sánchez, abanderando el antitrumpismo, podría aprovechar el momento para adelantar las generales. Pero afirmar que su conducta tiene más de interés partidista que de convicción íntima quizás sea más fruto de un interés partidista opuesto que de un análisis inapelable.
España recibe apoyos europeos, pero debe ser más diplomática en su relación con Washington
Se atribuye a distintos autores, empezando por el abogado y pedagogo Quintiliano (siglo I), el consejo “suaviter in modo, fortiter in re”. O sea, es bueno combinar la suavidad en las formas con la firmeza en los principios. Desde esta óptica, es obvio que Sánchez podría haber obrado con más contención o mano izquierda. Hay preocupación en el empresariado ante las consecuencias de la amenaza de Trump. Porque, si bien la balanza comercial indica que EE.UU. Vende a España por el doble de lo que le compra, el valor de las exportaciones españolas a EE.UU. Sumó en el 2025 la nada despreciable cifra de 16.716 millones de euros; o que EE.UU. Es un proveedor de referencia de petróleo y gas licuado. Es pronto para saber si la amenaza de Trump será otra de sus bravuconadas. Pero el riesgo de pérdida reputacional y de inversiones existe y, según ha advertido Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, el PIB español puede caer al 2% por la crisis iraní.
Pedro Sánchez suele reivindicar la diplomacia como herramienta para resolver conflictos como el de Irán. No se equivocará si obra en consecuencia y hace lo posible por reconducir las relaciones con EE.UU. –la portavoz de la Casa Blanca dijo anoche que “España ha acordado cooperar”con el ejército de EE.UU. Y la Moncloa lo negó–. Unas relaciones que merecen el cuidado exquisito de ambas partes, más que salidas de tono como la del Secretario del Tesoro estadounidense, que acusó a los españoles de “poner en peligro vidas estadounidenses”.