Opinión

El mundo conspira

Tuve un amigo que escuchaba como nadie. Al hablar con él, las palabras parecían llegar, por primera vez, a algún sitio. Leía con voracidad –nunca ostentosa– y hablaba de películas como de personas a las que había amado. Tenía la tristeza de quien percibe el mundo con una intensidad que los demás no saben acompañar. Nada de eso se anunciaba; se intuía en el peso de sus silencios.

  
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Nunca se quejaba, no se tenía por víctima. Simplemente, nada terminaba de estar a su altura. Lo suyo era una insatisfacción tan fina y constante que parecía lucidez. Tardé en comprender que aquello que más admiraba de él –su sensibilidad, su crítica implacable– también podía ser una trampa. Había construido un relato tan coherente sobre el mundo y sus desengaños que costaba distinguirlo de la verdad. A veces me preguntaba si yo no hacía algo semejante. Si no lo hacemos todos­.

La pronoia es negarse a que el miedo sea lo único que gobierne la imaginación

Estos días, leyendo las noticias, reconocía su voz en todas partes. Porque ese relato ya no es solo suyo. Se ha convertido en el idioma de la época: la convicción de que alguien, en algún lugar, está empeñado en diseñar nuestra caída. Esa sospecha tiene un nombre antiguo –paranoia–, y es fácil instalarse en ella. Y rentable, si se sabe explotar.

Nadie puede cambiar la cabeza de otro. Mucho menos arreglar el panorama. Pero algo sí podemos elegir: la historia que nos contamos. Existe una palabra para quien sospecha que la vida, a pesar de todo, conspira a su favor: pronoia. Así se llamaba la consorte de Prometeo, el titán que robó el fuego para dárselo a los hombres. La pronoia es un acto de rebeldía, con más de disciplina que de ingenuidad. Es negarse a que el miedo sea lo único que gobierne la imaginación. Porque eso es lo
que hacemos: usarla para construir catástrofes. Un líder paranoico decide ir a la guerra; uno pronoico es capaz de imaginar la paz y de­fenderla.

Quiero pensar que aquel amigo llegará a intuirlo: esa sensibilidad suya, la misma que a veces lo aprisiona, es una forma de inteligencia que aún no ha encontrado dónde descansar. Que tiene más poder sobre su propia vida de lo que se ha permitido imaginar. Y también que la vida, alguna vez, conspira a nuestro favor.