
La luna de gusano
El martes tuvimos una luna llena brillante, pero dio igual. Se llamaba, al parecer, luna de gusano. No porque sea agusanada ni nada parecido, sino por las lombrices que emergen de la tierra que se empieza a deshelar, anunciando el principio de la primavera. Otras teorías hablan de larvas de escarabajos que salen de las cortezas de los árboles, pero no parece una discusión relevante. No hay bofetadas. La idea lunar es la misma: renovación de la vida de un modo u otro. Es el momento de abrir los surcos para la siembra, plantar las primeras semillas y ese tipo de cosas que a nadie le importan, según se ve.

Lo cierto es que esta luna de gusano iluminó la noche oscura del martes como si nada. Los lunáticos que podían darse cuenta de sí mismos tal vez se notaron más sensibles. Una compañera, por ejemplo, cuenta que esa noche callejeó hasta su casa llorando, no exactamente por pena. Quizás también sintieron cosas los peces. Y los insomnes. Existen datos científicos que demuestran que no hay relación entre las lunas llenas y los partos. Ni la violencia. Pero sí con el desove de los corales y por supuesto las mareas. O el sueño. Un estudio de la Universidad de Washington comprobó que, cuando el cuerpo celeste está en su plenitud, la actividad cerebral relacionada con el sopor profundo cae; dormimos entre 46 y 58 minutos menos. Y qué más da.
Una colega relata que esa noche volvió a
Ni siquiera ha importado que la luna llena de gusano de este mes de marzo diera un doble espectáculo, alineándose a la perfección con el Sol y la Tierra, ofreciendo un eclipse total. Da igual que el astro se volviera rojo en algunas zonas del mundo, como América o Australia, el Índico o el Pacífico. Esta luna de gusano, que fue también luna de sangre, perdió brillo en medio de una de las mayores escaladas de proyectiles de la historia. Fue la invitada de piedra de unos cielos atravesados por un intenso fuego cruzado de misiles de la operación Furia Épica, y su respuesta. Dejó su estela en mares torpedeados.
Las leyes del caos, en estrecha colaboración con la industria armamentística, lograron que los hombres violentos le robasen a esta luna, en su noche, todo el protagonismo. Ahí anduvo, petrificada, entre proyectiles. Los gusanos y las larvas de escarabajos no sabemos lo que hicieron, pero cualquiera asoma la cabecita.
