Opinión
Norbert Bilbeny Garcia

Norbert Bilbeny

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Las armas

Estoy en casa de un amigo. Llega de pronto su hija algo seria: “¡Hola, María! ¿cómo estás?”. “No muy bien. Tal como está el mundo…” Comprendo; el mundo está mal. Ahora mismo, es un mundo en armas y sin reglas.

En el mundo están los que se encuentran mal, los que se encuentran bien y los que no nos encontramos. ¿Quién nos ha aterrizado aquí? ¿No se podía esperar a otro siglo? ¿No se podía volver a otro? Yo no sé en qué otro siglo pasado quisiera vivir la gente. Uno querría haber nacido en París y en el siglo XVIII, a pesar del despotismo, la misoginia y de no haber antibióticos. Si pudiésemos elegir nacer, no lo haríamos en un mundo desagradable o atroz.

 
 US Navy / EFE

El mundo de hoy contiene muchos avances en bienestar y justicia, pero sufre desastres que podrían haberse ahorrado. Las catástrofes naturales no se pueden evitar, pero sí las calamidades de origen humano. La principal de ellas es la guerra. El valor político y social fundamental es la paz, porque sin ella no hay justicia ni bienestar. Ha de llegar el día –50, 100, 200 años– en que por fin las armas estén prohibidas y no necesiten la excusa de que garantizan la liBertad, la seguridad y crean puestos de trabajo. Fabricar armas es ahora legal, pero es una actividad moralmente discutible y un oficio poco encomiable. No hay que felicitarse. Ya ven para qué sirven.

Las armas pararon las guerras mundiales, pero ellas las provocaron

Las armas pararon las guerras mundiales, pero ellas las provocaron. Las guerras de Vietnam, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Ucrania, ¿para qué han servido? Para mostrar que estamos aún en la prehistoria. La historia empezará cuando el ser humano sea el amo de su destino, no el esclavo de su estupidez e infantilismo, que lo vuelve insensible y bruto. De la antigüedad clásica hemos aprendido más bien poco. Tucídides, Sócrates, Epicuro: no aprendemos. Estamos en el neolítico tardío.

Este año se cumplen 60 de la entrevista del filósofo Martin Heidegger en el semanario Der Spiegel. Quiso que se publicara tras su muerte. Se muestra preocupado por un mundo dominado por la técnica, que no sabe ni se pregunta sobre sí misma. La filosofía ya no da ninguna respuesta. Solo le queda estar “en disposición abierta”. Recuerda a Hölderlin, “el poeta que espera al dios”. Y concluye Heidegger: “Solo un dios puede aún salvarnos”. ¿Sigue vigente la frase? Muchos esperan un mesías, un líder, un influencer. Pero, antes, salvémonos nosotros mismos. Atreverse a pensar, agotarse dialogando. Las armas solo son el último recurso para una legítima defensa. Nunca una solución.