
La decadencia
Todo lo que sube bajará, pero no todo lo que baja subirá. Así ocurre en el cuerpo humano, mas no entremos en detalles. Es, en serio, lo que sucede en la política. Así como en la vida, y por tanto en cualquier idioma, los cuatro verbos más importantes que hay que aprender son llenar, vaciar, entrar y salir, en política solo hay dos verbos importantes que saber usar bien: subir, sin exagerar, y bajar, sin angustiarse.

Lo que sube bajará, pero lo que baja difícilmente volverá a subir. Se me dirá que el fascismo es una excepción de esto último. Que vuelve. Pero lo que sube ahora es otra cosa que no existía antes. Es una amalgama de nacionalpopulismo y tecnofeudalismo. Del mismo modo que, en China, lo que sube no es el comunismo, sino un híbrido de todo lo posible, menos la posibilidad de ser libre.
El poder norteamericano ve, o desea ver, caer a Europa. Estáis en decadencia, repite. ¿Está Europa decayendo? Pero, a su vez, la opinión europea ve, o cree ver, caer a Estados Unidos. ¿Está Estados Unidos en decadencia?
La división interna y el deterioro de los valores marcan
Si lo está o no lo está, lo que es seguro es que todo lo que sube cae. No obstante, puede evitarse una caída prematura de ambos bloques de poder. Pero no que caigan, al final. Como cayeron el imperio chino y el egipcio, los más longevos de la historia. También el imperio español fue el más poderoso del mundo, solo amenazado por el otomano, pero declinó igual, en el siglo XVII.
¿Cómo se sabe que un país está en decadencia? Si me preguntan, en cambio, cómo se sabe si un país es democrático, muchos no tenemos dudas: si hay una real y efectiva separación de los tres poderes. Si tenemos en cuenta este criterio, sabremos fácilmente si hoy un país es o no democrático.
¿Y la señal de decadencia de una nación? Unos pensarán en la fuerza militar. Otros, en la economía. O en el poder de influir en el extranjero. También se dice que la natalidad. Aunque el Vaticano tiene poca y sin embargo es poderoso. Pero no hay nada nuevo bajo el sol. Un país, como una empresa, familia o piña de amigos, decae cuando muestra claros signos de división interior y relacionamos estos con un desgaste de los valores que animaban y unían al grupo.
En el mundo contemporáneo, el primer valor depreciado es creer en el propio país. El segundo es la libertad (no solo para los ricos) y el pensamiento crítico, al alimón. Si nos preguntamos por cómo están estos valores en Europa y en EE.UU., quizás tengamos alguna pista sobre si ambas partes están o no en decadencia.
