Opinión
Mar Jiménez

Mar Jiménez

Economista y periodista

Proximidad frente al caos

Ante el desorden desatado por la gerontocracia de Trump y Netanyahu, es más importante que nunca cuidar la salud mental, protegerse, y aportar nuestra porción de humanidad y empatía a nuestro círculo más próximo. Así como sentirnos acogidos en nuestras ciudades. Es allí donde empieza todo, incluso la resistencia a la deriva autoritaria. Destaca Timothy Snyder cómo el ámbito local se ha erigido en un espacio fundamental de resistencia en EE.UU., ya que, mientras los principales grupos de comunicación se han doblegado ante Trump, han sido los medios locales los que han mantenido el público informado.

 
 - / AFP

Uno de los efectos más inmediatos de la guerra de Oriente Medio será más inflación. Lo que llevará a un incremento de las desigualdades y a más populismos. El primer impacto será en las ciudades. Allí las desigualdades dejan de ser abstractas y se transforman en cotidianas: el acceso a la vivienda, la calidad de los servicios públicos, el cuidado de las calles y plazas. Y cuando se siente la desigualdad, la sensación de injusticia da paso al desapego a la democracia y el apoyo a los ultras.

Los alcaldes son los que en primera instancia podrán frenar los populismos

Explica Andrea Noferini, profesor de la Universitat Pompeu Fabra, que las ciudades europeas concentran crecimiento y oportunidades, pero también son donde la “comparación cotidiana entre ganadores y perdedores dentro de un mismo espacio urbano” alimenta el populismo. Un populismo que aprovechará la nueva ola de descontento que traerá la inflación. Serán pues los alcaldes, si dan con las respuestas adecuadas reforzando el Estado de bienestar, los que en primera instancia podrán frenar los populismos. Es decir, las ciudades están llamadas a ser el espacio de amortiguación de los efectos del polvorín de Oriente Medio: protegiendo el derecho a la vivienda frente a los especuladores; garantizando educación de calidad y las becas comedor, cuidando el espacio público, reduciendo la delincuencia en los barrios.

Digámoslo claro, los alcaldes, muchas veces sin los recursos adecuados, son el primer frente de corrección de las desigualdades. Y son por tanto el primer frente de protección de la democracia. En los tiempos que vendrán, las ciudades pueden volver a ser espacios de resistencia democrática frente al caos global. Mientras Europa vacila, será en las ciudades, en la escala humana, donde se protegerá y construirá la esperanza.