
Elogio de la empatía
Cuando los partidos copian las recetas de la extrema derecha quedan atrapados en una espiral que solo engorda a las formaciones ultras. Si repasamos cómo les va a los partidos que imitan a la extrema derecha en inmigración en el Reino Unido (Labour y tories frente a Reform UK), Alemania (AfD atrapa a la CDU), Francia (Le Pen en cabeza) o incluso España (el PP, rehén de Vox), vemos que acaban devorados por los ultras. El cinismo les impide decir que sus países necesitan a los inmigrantes. Y, pese a ello, se lanzan en manos de una política diabólica, que deshumaniza a millones de personas que ya trabajan en nuestros países en situaciones de precariedad y sin derechos.

Resulta transgresor hoy en día reivindicar la empatía y la sensibilidad, gobernando con humanismo. Debemos proteger nuestra esencia humana, esa aptitud para mirar al prójimo y sentir su situación, permitiendo que brote nuestra naturaleza social que nos lleva a convivir. Es una sociedad de la que esos miles de ciudadanos indocumentados ya forman parte y a la que aportan valor con su dedicación.
Regularizar migrantes prueba que el trato
Es obvio que la regularización que ha anunciado el Gobierno acarrea desafíos y que hay que proteger lo que nos distingue: somos un país orgullosamente diverso, que hace veinte años aprobó el matrimonio homosexual y se ha convertido en un espacio seguro para amar a quien queramos, para ser quienes queramos ser y para opinar libremente. Un país en el que el feminismo es motor de progreso y no deja de abrirse camino pese a la resistencia de quienes añoran tiempos oscuros. Estos son elementos irrenunciables que promover y defender, a través de la educación, la igualdad de oportunidades y el acceso a la cultura, para los nacidos aquí y para los que han escogido nuestro país como hogar, vengan de donde vengan.
No obstante, en estos tiempos de agitación, reconozco que me invade el orgullo por formar parte de esta nación. Al ver en los diarios globales portadas como la publicada recientemente en The Guardian, “España, abierta por humanidad”, me percibo dichosa de ser española. Un territorio donde, aun con la crueldad que muestran los noticieros y entornos digitales, la regularización comunicada por el Gobierno confirma que la solidaridad no ha de ser algo inusual, sino un rasgo fundamental de nuestra identidad.
