
Perseguir o acariciar al gato persa
La guerra de EE.UU. E Israel contra Irán ha sorprendido a todo el mundo por falta de sentido estratégico. En el pasado verano, Trump corrigió el belicismo de Netanyahu: no le dejó continuar el ataque a Irán y, para colmo, le obligó a tragarse el sapo de un plan de paz en Gaza. Estos días se ha sabido también que los jefes del ejército estadounidense se oponían a la guerra. Más allá del pretexto retórico de la bomba nuclear, parece que son dos los factores que hicieron cambiar de opinión a Trump, arrastrado ahora por Netanyahu a una guerra que contradice del todo la ideología MAGA, radicalmente aislacionista: de una parte, las protestas de finales de diciembre en las calles de Teherán contra los ayatolás, en las que se produjeron matanzas de manifestantes y censura de internet, lo que revelaba cierta debilidad del sistema clerical iraní. Y por otra, la oportunidad de asesinar al guía supremo Ali Jamenei.
Ahora bien, que algunos factores inviten a un ataque no significa que este ataque tenga sentido estratégico. Lo demuestra sobre todo la experiencia del cambio de régimen en Irak, en la segunda guerra del Golfo. El caos causado por la caída de Sadam Husein infectó todo el Próximo Oriente: desgobierno, terrorismo, radicalización de las facciones islámicas, mortalidad y sufrimiento de la población civil, sin olvidar a los más de 4.000 soldados estadounidenses muertos. La guerra de Siria, derivación inevitable del caos iraquí, causó unos 600.000 muertos y más de 12 millones de desplazados. También fue uno de los conflictos más caros, después de la Segunda Guerra Mundial. Cuidado con la factura de Irán: ¡cada Standard Missile 6 cuesta 4,5 millones de dólares!
Muerte, destrucción y desorden progresan mientras Erdogan y Xi releen a Sunzi
Irán es un país dividido y sin líder, pero con un férreo Estado clerical que tiene, por el momento, un control capilar de las instituciones. Irán o Persia es el primero de los imperios en continuidad histórica. Son célebres sus guerras contra la Grecia clásica. No está escrito que quieran vivir al modo occidental. En las manifestaciones contra los ayatolás, las mujeres exhiben símbolos de la antigua religión zoroástrica. Tienen conciencia de pertenecer a la tradición de los medas, seléucidas, partos y persas.
Irán no es Venezuela. Ciertamente, las minorías kurdas y, sobre todo, azerí son importantes. Se ha hablado mucho de las consecuencias que esta guerra puede tener para los países del golfo Pérsico (los Emiratos, Qatar y compañía) y para la economía del petróleo en todo el mundo. Pero si los americanos logran tumbar el régimen, se abrirán nuevas incógnitas: las tensiones étnicas, tanto o más críticas que las de Siria, afectarían a todos los pueblos del Caspio y de la turcofonía.

El petróleo de Ormuz abastece sobre todo al mercado chino. Xi Jinping debe estar preocupado. Puede recurrir al petróleo ruso. China imponía el precio del crudo a Rusia, que, a causa de Ucrania, no podía vender en Europa: ahora Putin decidirá el precio. Sin embargo, podemos imaginar a Xi Jinping acariciando a un peludo gato persa mientras relee la frase que sintetiza El arte de la guerra de Sunzi: “Ganar sin luchar”.
Sunzi enseña a triunfar rompiendo la resistencia enemiga mediante la inteligencia y la sagacidad, evitando la confrontación destructiva. También podemos imaginar al astuto Erdogan peinando a un gato persa: si Irán cae, Turquía emergerá como gran potencia del Próximo Oriente. Ganador de Siria y Libia, presente en los Balcanes, líder de la inmensa turcofonía, reconciliado con Egipto y Arabia, miembro de la OTAN, el imperio otomano renace. Según el plan de Trump, el ejército turco debe estar presente en Gaza: Israel tendrá el enemigo en casa.
Mientras Trump actúa en el mundo con la misma visión con la que actúa en su país (cree que su poder no debe tener límites); mientras Netanyahu continúa su carrera hacia la guerra infinita (como el ciclista, sabe que, si deja de guerrear, se cae); mientras Europa disimula como puede, con miedo a seguir al sorprendente Quijote Sánchez; mientras la muerte, la destrucción y el desorden progresan en el mundo, Erdogan y Xi repasan las lecciones de Sunzi, que inspiraron incluso a Napoleón. Hay quien guerrea insomne y hay quien observa en silencio, sabiendo que, si el adversario comete un error estratégico, no hay que interrumpirlo.
