Hace dos mil años, la ambición y beligerancia de los romanos los llevaba a luchar contra las tribus que habitaban en los territorios que rodeaban el imperio. Con su superioridad militar, solían arrasar al enemigo y anexionarse las conquistas. Luego se quedaban para gobernar y expoliar sus riquezas y seguir abasteciendo de este modo a Roma; en aquellas épocas era trigo. No había petróleo ni tierras raras. Posteriormente les vino la decadencia.
En la edad media, a otros imperios que tenemos muy cercanos y donde nunca se ponía el sol les ocurrió lo mismo.
La historia siempre se repite. ¿No aprenderemos nunca?
Daniel Martín
Suscriptor Barcelona
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