Tengo un piso monísimo en Gràcia, con aire acondicionado que durante los últimos quince años he alquilado por habitaciones, no por especular, sino por una razón muy concreta: evitar impagos.
Ese piso fue mi vivienda. Tuve que dejarlo porque no podía seguir pagando la hipoteca. Si hoy sufriera un impago, me hundiría. El alquiler por habitaciones me permitió repartir el riesgo y mantener el piso a flote.
Hasta ahora cobraba 1.200 euros al mes: 400 por cada una de las tres habitaciones. Las más baratas de Idealista en la zona pero con luz natural, ventana o balcón y en perfecto estado de revista. Con tres visitas, normalmente, la habitación ya estaba alquilada.
Con la nueva regulación, el alquiler por habitaciones se equipara al alquiler de una vivienda entera, imponiendo un límite de mil euros mensuales. Se considera lo mismo alquilar un piso completo que alquilar habitaciones de forma individual. ¿La consecuencia? Para cumplir la norma, retiro una habitación del mercado y subo 100 euros las otras dos. Cumplo la ley. Pero la consecuencia es que con estas leyes el parque de alquiler va a tener cada vez menos oferta y precios más altos. Escribo esto no como queja, sino para señalar una realidad: cuando la regulación no distingue entre situaciones distintas, acaba provocando efectos contrarios a los que pretende. En este caso, menos habitaciones disponibles y más caras, especialmente en barrios donde ya hay tensión.
Nora Ballester
Barcelona