La comparecencia a petición propia del ministro de Asuntos Exteriores, pensada para explicar la posición del Gobierno ante la crisis venezolana tras la intervención militar de Estados Unidos, ha derivado este jueves en un debate general sobre política exterior pero con en un contexto ya irreconocible respecto al que motivó su petición. Porque a operación norteamericana del 3 de enero en Caracas se le han sumado, a toda velocidad, las amenazas verbales de Donald Trump, la posibilidad de una escalada militar en Irán y las tensiones inéditas en torno a Groenlandia.
El resultado ha sido un combate parlamentario marcado por el choque entre Gobierno y oposición ante una agenda internacional que escapa a su control y que, en el caso del PP, ha vuelto a dejar al descubierto su incomodidad ante una operación que aplaudió en un primer momento y que ahora le obliga a matizar posiciones.
LA diputada popular Cayetana Álvarez de Toledo
Albares ha intentado fijar primero un marco político antes de entrar en el cuerpo a cuerpo parlamentario. Ha defendido la creación de una alianza mundial por el multilateralismo y ha advertido de que “las reglas del orden internacional se encuentran en riesgo”. Para sostener esa tesis, ha ido encadenando escenarios -Ucrania, Gaza, Venezuela, Irán, Groenlandia- para ilustrar que el mundo se ha deslizando hacia una lógica de fuerza y arbitrariedad frente a la que España no piensa resignarse. “No vamos a aceptar un orden de injusticia, arbitrariedad y violencia”, ha proclamado, reivindicando una política exterior anclada en el derecho internacional.
Europa ha ocupado un lugar central en ese planteamiento. Y el ministro ha llamado a una Unión Europea “más unida y más integrada” y ha advertido de que “debilitar a Europa es debilitar a España” en un tiempo que ha descrito como de “agresiones de depredadores”.
Ese marco ha chocado de frente con una oposición que ha hecho de Venezuela el principal campo de batalla. La portavoz adjunta del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, ha cargado con dureza contra el Ejecutivo por calificar de violación del derecho internacional la operación estadounidense que ha culminado con la captura de Nicolás Maduro. “¿Por qué condenan en Trump lo que aplaudían en Obama?”, ha preguntado, acusando al Gobierno de aplicar una doble vara de medir y cuestionando que el Ejecutivo invoque ahora la soberanía venezolana frente a Estados Unidos cuando, a su juicio, no lo hizo antes frente a Cuba, Rusia o Irán. Un ataque destinado a cohesionar un discurso duro contra el Ejecutivo, pero que ha dejado al descubierto las tensiones internas de un PP atrapado entre su respaldo inicial a la intervención estadounidense y la creciente incomodidad ante la deriva imperialista de la Administración Trump.
Ese trastorno ha terminado por convertirse en el elefante en la habitación. Hasta ahora, el PP ha evitado el choque frontal con el presidente de Estados Unidos, aunque en privado ha admitido no sentirse cómodo con su presidente, Donald Trump, que ha legitimado a Delcy Rodríguez como presidenta de Venezuela pese a haber sido la mano derecha de Maduro.
El portavoz de ERC, Gabriel Rufián
Las contradicciones no han pasado desapercibidas para el resto de grupos. Gabriel Rufián ha hablado abiertamente de “papelón” y ha ironizado sobre la pretensión del PP de impedir que Delcy Rodríguez gobierne Venezuela. “No se confundan, nunca van a ser lo suficientemente vasallos para Trump”, ha concluido con sorna.
Jon Iñarritu, de EH Bildu ha puesto voz a una sensación compartida en el algunas bancadas del hemiciclo. Que buena parte de las críticas dirigidas a Albares parecían, en realidad, pensadas para el presidente estadounidense.
Y desde Podemos, Ione Belarra ha ido más allá y ha acusado a los populares de hacer “el más absoluto de los ridículos”, preguntándose cómo la oposición venezolana que el PP dice apoyar carece de respaldo suficiente a ojos de Trump: “Han hecho tanto el ridículo que el señor Feijóo no se ha animado a hacer esta comparecencia y ha preferido mandarla a usted al matadero. Dan ustedes vergüenza y están haciendo el más absoluto de los ridículos”.
A partir de ahí, los socios de investidura han cerrado filas, con matices, en la crítica a la intervención militar estadounidense. Sumar ha reclamado que el Gobierno no dude en calificar de “secuestro” la captura de Maduro y ha defendido levantar sanciones y promover un diálogo nacional en Venezuela.
ERC, EH Bildu, BNG y Podemos han coincidido en denunciar una vulneración clara del derecho internacional, mientras el PNV y Junts han condenado la operación sin dejar de subrayar el carácter autoritario del régimen chavista. Y Coalición Canaria ha apelado, con más convicción que nadie, a la diplomacia como única salida.
Vox, por su parte, ha insistido en su alineamiento total y disciplinado con Estados Unidos. Su portavoz en el Congreso, Pepa Rodríguez de Millán, ha acusado al Gobierno de “beneficiarse” de la “tiranía de Maduro” y ha apuntado al “papel clave” que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero ha jugado. “Un personaje dantesco presentado como mediador pero blanqueador de la tiranía, mientras la oposición era encarcelado y millones de venezolanos huían del país”, ha lamentado.
