
Urdangarin y Los Chichos
Dentro del espacio Si amanece nos vamos (Ser), la comunicadora Adriana Mourelos relata que su abuela denomina Mangarín a (Iñaki) Urdangarin, lo cual representa una visión ciudadana bastante frecuente. La selecta cadena de comparecencias con la que Urdangarin publicita su obra ( Todo lo vivido: triunfos, derrotas y aprendizajes, Ed. Grijalbo) y formaliza su vuelta a la normalidad es tan atrayente que la prensa no puede evitar caer en la tentación. Jordi Basté fue el pionero (en La2Cat) y, en La Sexta, Jordi Évole aprovechó el mismo filón mediante dos entregas de enfoque exclusivo. Un interés que ratifica que si el sistema judicial no ha sido equitativo para todos –según afirma Urdangarin–, las posibilidades de rehabilitación, tampoco.
La casualidad permitió que el tramo inicial de Lo de Évole se solapara con la emisión en La 2 del reportaje acerca de Los Chichos, referentes de un entorno carcelario bastante más precario que el vivido por Urdangarin. El planteamiento de quien responde va en sintonía con el de quien pregunta. Se trata, empleando el lenguaje de Esade, de un win-win . Urdangarin se expresa con un evidente deseo de sinceridad sobre el pasado mientras permite que Évole le plantee las cuestiones más banales, directas o ideológicas que Basté, debido a su vínculo personal, evitó formular. Mediante una oratoria pausada, Urdangarin se divide entre el Iñaki de hoy, sensato y experimentado, y aquel Iñaki que sucumbió ante la fascinación por un nivel de vida ficticio. Esta dualidad constituye una táctica clásica: el jugador Juanito ya la empleó cuando, después de agredir a Lothar Matthäus, afirmó no identificarse con sus actos, lamentó lo ocurrido y solicitó disculpas.
El protagonista del desorden en los trenes continúa siendo el vocero Antonio Carmona
La técnica de Évole se fundamenta en una supuesta naturalidad y cercanía, en esta ocasión con matices algo palaciegos, que emplea para suavizar el trato y que el invitado se sienta seguro. Sin embargo, Urdangarin ha destacado como atleta y consigue repeler las embestidas de su entrevistador. El win-win –una interpretación elaborada de la clásica broma del odontólogo– flota sobre la charla, que, al contrario de la toma ininterrumpida de Basté, prefiere encuadres muy próximos. Dichos acercamientos visuales incitan a cuestionarse con picardía si a Urdangarin no le estará aumentando la nariz. Sugerencia para un comercial que promocione el volumen: Urdangarin recorriendo una playa vasca bajo la lluvia mientras se oye la melodía de Los Chichos: “Mirando entre rejas /y pensando en el pasado”.
¿Qué sucede con Rodalies? Al tiempo que la marmota Phil acapara el espectáculo del clima, el referente del desorden en las vías continúa siendo el representante de Renfe en Catalunya, Antonio Carmona. A primera hora, asegura que la prestación de Rodalies se encuentra asegurada (¡!!!) Y, con el fin de alterar la percepción de estar estancado cronológicamente, menciona “certezas”. Carmona, quien ha obtenido la consideración de los informadores, sabe muy bien que en el ámbito de los trenes las seguridades se asemejan a la justicia: no resultan idénticas para cada persona y varían según se experimenten desde la lejanía de las oficinas o desde la humilde, descuidada y melancólica realidad del pasajero.