¿Es Aragón una pequeña España?
Elecciones del 8-F
La comunidad aragonesa anticipa el ganador de las elecciones pero no quién presidirá el Gobierno español

El actual presidente aragonés, Jorge Azcón, y su principal rival en los comicios del 8-F, la socialista Pilar Alegría

¿Es Aragón una pequeña España? Es decir, una versión española de Ohio, el estado norteamericano que servía para predecir el resultado de las presidenciales. La respuesta ha venido siendo afirmativa en ambos casos hasta hace bien poco. Sin embargo, en el 2020 Donald Trump ganó en Ohio pero perdió las elecciones a la presidencia. Y en el caso de Aragón, las concomitancias con el conjunto de España son numerosas pero no siempre son completas ni definitivas.
Para empezar, como predictor electoral, el escenario aragonés ofrece alguna pista sólida: en las 13 elecciones generales celebradas desde 1979, la fuerza más votada en Aragón lo ha sido también en toda España. Sin embargo, esa correspondencia no se extiende al desenlace parlamentario, lo que explicaría que la mayoría absoluta conservadora en escaños que se registró en la región en las legislativas del 2019 o del 2023 no se repitiera en el conjunto de España (como tampoco lo hizo en el 2015). En consecuencia, el resultado de Aragón no sirve para predecir quién presidirá el Gobierno español.
Las 11 elecciones autonómicas han generado desde 1983 varios gabinetes de signo opuesto a los que gobernaban en España
Y la proyección de los resultados autonómicos a unas legislativas es aún menos homologable. El desenlace de las 11 elecciones regionales celebradas desde 1983 ha propiciado gobiernos aragoneses de derechas mientras las Cortes en Madrid registraban mayorías de izquierda. Y también lo contrario: entre 1999 y el 2004 o entre el 2015 y el 2018, la Diputación General de Aragón la presidía un socialista mientras que España la gobernaba el PP. Además, en lo relativo al porcentaje de voto, los resultados de Aragón se acercan bastante a los de la izquierda en el conjunto del Estado, pero suelen estar por encima de los que cosecha la derecha española.
Ahora bien, ¿es Aragón un fiel espejo de la España global, con la identidad y el modelo territorial como las grandes líneas de fisura entre los españoles? La respuesta no es concluyente. En primer lugar porque el sentimiento aragonesista se ha debilitado con el paso de los años: hace cuatro décadas el 19% de los ciudadanos de la región se sentían más o solo aragoneses, pero en sondeos más recientes solo suponen el 5%. En realidad, mientras hasta un 73% de los ciudadanos de Aragón se sienten tan españoles como de su comunidad, en el conjunto de España ese indicador cae hoy por debajo del 60%.
Aragón predice con más exactitud el voto de izquierda que el de derecha, que allí supera la media española
Esta aparente pérdida de identidad regional –pese a la eclosión de grupos aragonesistas: PAR, Chunta, etc.– ha ido en paralelo a una involución sobre el modelo de Estado. No solo ha disminuido en la última década la tasa de aragoneses partidarios de profundizar en el Estado autonómico (del 16% al 8%, en contraste con más del 20% en el conjunto de España). También se ha situado por encima de la media española (siete puntos) el porcentaje de aragoneses a favor de reducir o incluso liquidar el autogobierno regional.
De hecho, mientras hace 30 años casi un 70% de los aragoneses aspiraban a un mayor grado de autonomía, los estudios más recientes sitúan ese porcentaje por debajo del 20% (frente a un tercio de los consultados en el conjunto de comunidades). En este sentido, la valoración positiva del Estado autonómico cosecha siete puntos más en el total de España que en Aragón. Y mientras hace un cuarto de siglo, el 60% de los ciudadanos aragoneses respaldaban el Estado de las autonomías, ese apoyo habría caído ahora casi 18 puntos.
La región ha pasado de exigir mucho más autogobierno a una actitud recelosa hacia la descentralización
En definitiva, los comicios del 8 de febrero en Aragón supondrán previsiblemente otra severa derrota para el PSOE y un notable avance del conjunto de la derecha. Es decir, quizás anticipen tendencias que ya han empezado a consolidarse en otros lugares de España (como el coste electoral de los pactos con el independentismo catalán, que en Aragón puede ser elevado, ya que esa región registra el mayor grado de antipatía hacia los catalanes). Pero la historia revela que el desenlace autonómico no predetermina el resultado de las generales.
Por ahora, PP y Vox parecen en condiciones de revalidar al alza su actual mayoría en la Cámara aragonesa, lo que dejaría a la socialista Pilar Alegría sin opciones de gobernar contra pronóstico, como sí ocurrió con su compañero Marcelino Iglesias en 1999. El reto de la campaña de Alegría consiste en mantener el suelo de los 18 escaños (igual que su correligionario Javier Lambán en el 2015), para evitar que la imagen del PSOE se asocie a la de un declive irreversible.