Lecciones del Ohio español
Análisis
Vox se frota las manos, mientras el PP toca techo y el PSOE sufre un desgaste que se pierde por su izquierda

El presidente de VOX, Santiago Abascal, interviene durante el acto de presentación de los candidatos de VOX en Teruel,

Siempre que vota una comunidad autónoma se hacen lecturas para las generales, pero desde que se publicó, en 2015, el libro “Aragón es nuestro Ohio, así votan los españoles” (José Fernández Albertos, et.al.), esa traslación aún es más inevitable. Si se suele mirar al estado de Ohio para predecir las legislativas y presidenciales en EE.UU. (“As Ohio goes, so goes the nation”), en Aragón suele vencer el mismo partido que luego gana las generales, si bien hay que recordar que no siempre gobierna. Por tanto, se confirma que España bascula hacia la derecha. El PP gana las elecciones, pero conforme pasa el tiempo el precio que debe pagar a Vox es más caro. Los de Santiago Abascal se frotan las manos.
A la vista de lo ocurrido en Extremadura y Aragón, la principal conclusión que puede extraerse es clara: ¿para qué se avanzaron las elecciones? El motivo aducido por María Guardiola y Jorge Azcón ha sido la imposibilidad de aprobar unos presupuestos. Dado que Alberto Núñez Feijóo ha criticado a Pedro Sánchez por seguir gobernando con unas cuentas prorrogadas, el adelanto electoral es consecuente con su doctrina. De hecho, el líder del PP prometió blindar por ley que sea obligatorio convocar elecciones si se encadenan dos prórrogas presupuestarias consecutivas. Pero el resultado obtenido es un crecimiento de Vox, que dobla su representación y, por tanto, está en disposición de exigir condiciones más duras al PP para darle su apoyo, no ya a las cuentas, sino de entrada a la investidura.
El voto protesta se concentra hoy sin duda en la extrema derecha, como hace una década lo hacía en Podemos. Los socialistas estuvieron a punto de sufrir el sorpasso de la formación de Pablo Iglesias. Ahora quien tiembla es el PP. Vox está aplicando una táctica demoledora para los populares, puesto que salió de los gobiernos autonómicos (en Aragón tenían una vicepresidencia y dos consejerías) y se ha ahorrado así cualquier desgaste. No hace falta que proponga nada, solo que critique con dureza. Tan descarada es la maniobra de Vox que mantiene en ascuas a Guardiola en Extremadura, sin darle la investidura, y probablemente hará lo mismo con Azcón, para mantener la presión sobre el PP en las sucesivas elecciones. Las siguientes, el 15 de marzo en Castilla y León. Cada barón del PP trata de aplicar una receta ante Vox (Ayuso casi se mimetiza y Moreno Bonilla se distancia), pero nada funciona y el tsunami de la extrema derecha parece imparable de momento. La pesadilla para Feijóo es no saber hasta dónde puede llegar su competidor por la derecha.
Si se trata de echar a Sánchez a toda costa, el elector prefiere hacerlo con contundencia y no ve necesario el voto útil al PP
La segunda conclusión es que el PP sigue en cabeza, pero ha tocado techo. Ni siquiera con un candidato como Azcón, quizá el mejor situado de todos los barones populares, ya que su buena imagen no se ha visto erosionada por ningún episodio que enturbiara su gestión. Ha hecho, en principio, una buena campaña para sus intereses, en la que ha apelado a la concentración del voto. El PP pretendía beneficiarse con esta cadena electoral autonómica de todo el segmento del electorado que quiere echar a Sánchez de la Moncloa, pero lo cierto es que no logra capitalizar el voto útil para hacerlo y en Aragón ha perdido dos escaños. En definitiva, si se trata de expulsar al presidente del poder por encima de cualquier otra consideración, como la gestión que pueda hacer su sustituto, al electorado le parece más efectivo un voto contundente a Vox.
La motivación antisanchista se veía en esta ocasión especialmente abonada por una candidata del PSOE cuya imagen está muy vinculada a la del presidente del Gobierno, que la ha situado como aspirante a la presidencia de Aragón después de más de cuatro años como ministra de Educación y dos como portavoz del Ejecutivo. Sánchez aupó a Alegría a un ministerio pensando ya entonces en promocionarla para suceder a Javier Lambán, uno de los barones socialistas más críticos con el líder del PSOE.
No parece que la estrategia de enviar a sus ministros a diferentes territorios, siguiendo la estela de Salvador Illa, sea efectiva a corto plazo. De hecho, Illa sólo gobernó tras su paso por la oposición. Alegría compitió por la alcaldía de Zaragoza, pero luego no se quedó mucho tiempo como concejal en el Ayuntamiento. La candidata socialista ha bajado cinco escaños, quedándose en 18, el peor resultado del PSOE en esa comunidad, igualando el de Lambán de 2015.
Una de las principales bazas electorales de Lambán fue siempre la del agravio comparativo con Catalunya. Los pactos de Sánchez con los independentistas catalanes le proporcionaron una adhesión transversal de votantes que, quizá con otro mensaje, se habrían fugado al PP. Al menos así se justificaba en aquellos tiempos la posición de Lambán. Ahora ha sido Azcón el que ha adoptado ese mensaje contra los acuerdos con el independentismo catalán. Sánchez, además, se lo ha puesto fácil, puesto que el pacto con ERC sobre la financiación se presentó en plena precampaña. Alegría ha tenido difícil defenderse en este terreno, por más que Aragón logre 630 millones más si aceptara el nuevo sistema. Aun así, con todos esos factores a favor, Azcón ha perdido dos escaños.
Los resultados de Extremadura y Aragón reflejan un desgaste del PSOE que se añade a la desunión de las formaciones a su izquierda, lo que enturbia mucho sus opciones de gobierno. En Aragón, 27.000 votos de Podemos se han ido por el desagüe, mientras que IU-Movimiento Sumar ha entrado en el Parlamento por la mínima con 21.000 votos. ¿Cuánto habrían logrado de haber sumado esos sufragios? Una vez más, es evidente el daño que la inquina personal le está haciendo a ese espacio. La Chunta Aragonesista ha capitalizado esa división, pero es una tercera vía que no existe en otros territorios.
En cuanto a las fuerzas regionalistas, una parte de los votantes ha preferido esta vez a Vox para mostrar un malestar que antes recalaba en partidos como Teruel Existe. La eclosión de este tipo de formaciones parece resentirse y eso es importante para Sánchez, que ha recurrido a ellas para conformar un puzle de pactos periféricos a varias bandas.
Esta ha sido la primera vez que los aragoneses votan en solitario, sin coincidir con las elecciones municipales y con otras autonomías, lo que siempre redunda en una campaña menos contaminada por las dinámicas de la política española, o más bien habría que decir de la que irradia desde Madrid. Desde el inicio del año ha sido constante la presencia de Santiago Abascal en Aragón (11 días), intensa la de Alberto Núñez Feijóo (6 días) y más esporádica la de Pedro Sánchez (3 días). Veremos si Aragón sigue siendo la Ohio de España para cuando lleguen las generales. Si la tendencia es ésta, se perfila un panorama polarizado entre el PSOE y Vox que puede perjudicar al PP.
Por cierto, Portugal también ha votado y ha puesto freno a la ultraderecha.