
Las urnas censuran a PSOE y PP
Los aragoneses ayer, como los extremeños en diciembre, han vuelto a decir a sus líderes que ellos ya han hablado y que son los partidos los que ahora deben entenderse. ¿A quién en la calle Génova se le ocurrió que adelantar elecciones tanto en Extremadura como en Aragón sería la puntillla a Sánchez? ¿Quién pensó que al PP sólo le quedaba subir, mejorar resultados? En los dos casos los ciudadanos respondieron votando parecido.
Queda claro que el PP ha ganado las elecciones en Aragón, que no hay ninguna alternativa de Gobierno que no pase por el PP y Jorge Azcón que, si hacemos caso a las crónicas, siguió las instrucciones de los de Núñez Feijóo, cuando ante la imposibilidad de aprobar unos presupuestos, o aprovechando la excusa, decidió un adelanto electoral.
PP y el PSOE deben plantearse si sus estrategias han sido buenas
A los autores de esa estrategia hay que decirles que para este viaje no se necesitaban alforjas. Que con los resultados en Extremadura y Aragón el PP no ha conseguido nada. Esta vez ni siquiera soñaban con la mayoría absoluta, visto en Extremadura que era confundir los deseos con la realidad. Es más, esas mentes pensantes han debido de rezar los últimos días un “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, porque el imparable ascenso de Vox amenazaba con reducir la presencia del PP en las Cortes de Aragón, como así ha sido, al perder, según los resultados provisionales, dos escaños. Y aún dirán que el resultado es un éxito.
Qué harán ahora para conseguir primero la investidura de Azcón y la de Guardiola, que aún espera, mientras los de Feijóo y los de Abascal se cruzan críticas e insultos cada vez más gruesos. ¿Qué dirán ahora? ¿Reconocerán que lo que menos les importaban eran los presupuestos? Pues a ver qué gran idea se les ocurre ahora, porque la estrategia no les trae nada bueno.

Este resultado que deja al PP como estaba, o peor, no puede ocultar lo que ha pasado en el otro lado, ya no en la izquierda, que también, sino en el PSOE, con otra estrategia muy distinta, que llevó a Pedro Sánchez a llenar el Consejo de Ministros de candidatos autonómicos, que llevaran a sus territorios el apoyo a la buena gestión de la Moncloa. Lo único que ha hecho es cosechar una nueva derrota para el PSOE, no es ya que no pueda formar gobierno sumando a todos los que no sean PP y Vox, sino que ni de lejos pueden encontrar argumentos que palíen la segunda derrota en dos meses. Si en Extremadura perdió diez escaños y se quedó con 18, en Aragón vuelve a bajar de la veintena, al perder 5 y se queda entre los peores resultados de su historia en esta comunidad. ¿Qué hará Sánchez además de aguantar? Habrá que ver si los suyos le dicen que por ahí no van bien. Y lo mismo Sumar e IU, que no aprovechan la caída socialista.
El único que se beneficia de la situación es Vox, que casi duplica escaños y hace que Abascal se crezca y piense que puede llegar a la Moncloa, que es la verdadera aspiración del líder de ultraderecha, como en su día fue la de Pablo Iglesias. El líder de la ultraderecha deberá decidir si rebaja sus exigencias y pacta con PP –aunque no parece que sea lo que le piden sus votantes– o si mantiene la línea dura que lleva en los últimos meses y va a la confrontación.
En realidad, el PP y el PSOE deberían plantearse si sus estrategias en general y hacia Vox en particular han sido buenas. Feijóo no gana nada intentando parecerse a Vox, ni siquiera robándole para el cierre de la campaña a un activista ultra disfrazado de periodista como Vito Quiles. Sánchez tampoco con su estrategia de asimilar a Vox y al PP. Al final, unos y otros engordan a Abascal. ¿Alguien cambiará sus estrategias?
