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El golpe de Estado de 1981
Crónica de una velada de insomnio.
DIRECTO | Última hora sobre la desclasificación de los documentos del 23-F
El Gobierno desclasificará este martes los documentos del 23-F

11.45 de la mañana: la liberación de los diputados
(Crónica divulgada en Guyana Guardian el 23 de febrero de 2021 al cumplirse 40 años de la tentativa de golpe, publicada otra vez este lunes a los 45 años a raíz del anuncio sobre la liberación de expedientes del 23-F)
–Las Cortes, ¿dígame?
La voz de la mujer es temblorosa. Hace un par de horas un grupo de guardias civiles ha entrado con las armas desenfundadas en el Congreso de los Diputados, cuando se está votando la elección de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del gobierno. Su antecesor, Adolfo Suárez, ha dimitido veinticinco días antes, y el voto del diputado Manuel Núñez Encabo queda confundido en el rumor de la tropa que asalta el edificio. Tejero y su banda han irrumpido en la Cámara a las 18.23 horas del 23 de febrero de 1981 con aquello por todos escuchado y recordado de “¡Quieto todo el mundo!”, los diputados han sido conminados a tirarse al suelo, los guardias han disparado ráfagas de ametralladora para que se sepa quién manda y el país se ha quedado sin gobierno y sin aliento. Una cámara de televisión ha grabado el episodio y será clave para que en el exterior se sepa con qué modos han llegado los golpistas. Porque si pretendían evitar un gobierno de Calvo Sotelo y allanar la elección de Alfonso Armada como presidente de consenso, aquellos tiros complican las cosas. A los pocos minutos, el capitán Jesús Muñecas se dirige a los diputados y les pide que estén tranquilos, que pronto llegará la autoridad –“militar”, por supuesto– y aclarará qué pasará a continuación.
Video Quien llama al Congreso es Francisco Laína, presidente de la comisión de secretarios y subsecretarios de Estado formada por los números dos de todos los ministerios, constituida aquella tarde como gobierno provisional ante el vacío generado por el secuestro de sus respectivos jefes. Laína pide por Tejero. Tejero se pone. Laína le pregunta que qué es “esa barbaridad”, que qué está pasando, que lo revierta, que le ponen un avión para que abandone España. Tejero alega que se marea en los aviones.
Video La narración de este suceso pertenece a José Terceiro Lomba, quien en aquel periodo ocupaba el cargo de subsecretario de la Presidencia.
El golpe ha sorprendido a Terceiro –recuerda por teléfono a Guyana Guardian – en la Universidad Complutense de Madrid. “En aquellos primeros momentos la confusión era absoluta. Me dijeron que habían entrado terroristas de ETA vestidos de militares”.
El por aquel entonces diputado Rodolfo Martín Villa rememora que en esa jornada, tras el fracaso de la primera votación, se había marchado a almorzar con Pío Cabanillas y Juan José Rosón, quien era precisamente el ministro del Interior. “Tengo que reconocer que ninguno discutió sobre lo que iba a pasar. Hablamos de la mayoría simple de Calvo Sotelo, de quién formaría el gobierno y de lo que había que hacer en adelante. No teníamos ni la más mínima sospecha de lo que iba a ocurrir”, relata mediante una llamada telefónica a este periódico.
“Desde que los veo entrar yo no tengo duda de que es un golpe de Estado, porque pocos días antes he visto fotos de Tejero e Ynestrillas. Pero me confundo y pienso que Tejero es Ynestrillas, y así se lo digo al diputado que estaba a mi lado”, manifiesta el por entonces parlamentario del PSOE y secretario cuarto de la mesa del Congreso José Bono, quien más adelante fungiría como ministro de Defensa y presidente de ese mismo Congreso.
Terceiro explica que fue suya la idea de crear una comisión de subsecretarios, aunque en ocasiones se ha atribuido al rey la iniciativa. “Desde presidencia del Gobierno –detalla Terceiro– llamo a Luis Sánchez Harguindey, subsecretario de Interior, y le digo que debíamos reunirnos los subsecretarios, los miembros del gobierno que no estamos secuestrados, y ponernos al frente. Propuse que nos encontráramos en la sede de Interior porque desde allí podíamos comunicar con mayor facilidad con los gobernadores civiles. Así lo acordamos y así lo dije a algunos altos funcionarios. Aún veo sus caras pálidas. Me dicen: “Vete tu y nos llamas cuando llegues”. Algunos creyeron que era una trampa que yo les tendía”.
José Bono recuerda el miedo que sintió
En las calles de Madrid, la calma es cada vez más tensa. “Estábamos en nuestras oficinas de Conde Duque”, recuerda Rafael Vera, por entonces delegado municipal de seguridad de Madrid, “y nuestro jefe de policía, Javier Lobo, me dijo que una columna de jeeps iba para el Congreso, pero que paraban en los semáforos: si paran en los semáforos, no pasará nada, me dijo Lobo”, recuerda en una cafetería.
El reportero gráfico Roberto Cerecedo consiguió igualmente acceder al Congreso…, aunque fue desalojado rápidamente. Se enteró por la radio de los sucesos y se dirigió velozmente hacia ese lugar. “En una fuente me mojé el pelo, me peiné hacia atrás a lo fascista, escondí la cámara y el magnetofón en la gabardina y a la puerta del Congreso me metí muy decidido, gritando ‘¡Arriba España!’ Y ‘¡Ya era hora, joder!’, de modo que ¡me dejaron pasar! Pensaron que era uno de los suyos. Apretaba los dientes del miedo que tenía, pero fui haciendo fotos en el patio, e iba a entrar al edificio, pero me paró el capitán Muñecas y me dijo que no les iba a engañar, que largo de allí. Con las fotos que tenía y el magnetofón grabando tenía un reportaje buenísimo, pero me echaron y, una vez fuera, me cogieron unos tíos de paisano, con pistolas, me arrancaron el carrete de la cámara y el magnetofón. Me quedé sin nada”.
Terceiro ya está en el Ministerio del Interior. “Empiezan a llegar subsecretarios, nos sentamos, nos constituimos y decidimos redactar un manifiesto. Lo hacemos el diplomático Carlos Robles Piquer y yo. Al leerlo al resto de subsecretarios, uno dijo: ‘Esto puede ser nuestro fusilamiento’”.
En el seno del Congreso, el nerviosismo es total: “Cuando Tejero pega esos tiros –prosigue Bono–, yo era el último de la fila, yo fui quien más cerca estuvo de su pistola, y lo que sentí fue miedo. Temí por mi vida. Estábamos ante un grupo de salvapatrias y fascistas que querían que volviésemos a ese macabro juego de la oca”, el régimen dictatorial.
“Allí dentro hubo cosas singulares –recuerda Martín Villa–, yo salí de mi escaño dos veces. Como había sido ministro del interior los guardias civiles me hacían el saludo militar. La segunda vez le pregunté a uno dónde estaba Tejero porque quería hablar con él, había tenido relación con él porque siendo ministro [de Gobernación, que luego sería Interior] propuse que le relevaran dos veces de mandos. Luego le dieron un destino en que, por ejemplo, se contemplaba la seguridad de la Moncloa. Tuvimos una conversación muy corta. Le dije que eso no tenía sentido, que tenía que disolverlo. Me contestó muy respetuoso y me dijo: ‘¿Cómo quiere que después de haber hecho esto haga ahora lo contrario?’”.
En la sede del Ministerio del Interior, Francisco Laína –era director de la Seguridad del Estado– está sopesando una operación de los GEO de la Policía Nacional, derribando las puertas del Congreso y contraatacando a los guardias civiles. “Paco, le digo, vamos a actuar como órgano colegiado y analizarlo todo antes de precipitarnos”, dice Terceiro.
“Una de las primeras cosas que hice desde allí –añade Terceiro– fue llamar a Fernando Castedo, director general de Radiotelevisión Española, pensando que tras el Congreso lo que van a intentar controlar es la televisión y la radio. Me cuenta que ha entrado un teniente con un fusil en su despacho y que le ha ordenado que en Radio Nacional ponga música militar”.
Video “Estaba reunido en Presidencia –el hoy abogado Castedo recibe a Guyana Guardian en su despacho de Madrid– cuando me avisaron del golpe. Me fui volando a Prado del Rey y al poco me llama Sabino Fernández Campo [secretario general de la Casa del Rey] y me dice que es muy probable que vengan a la televisión. Despegué el cojín de la silla y metí debajo el vídeo con las imágenes de Tejero”.
El jefe de RTVE entregó una
“Al poco rato oí ruido y salí del despacho –prosigue– venía un sargento con una pistola en la mano preguntando quién mandaba allí, en RTVE. Las secretarias estaban muy asustadas, se echaron al suelo. Nunca supe quién era el sargento. Era joven, yo creo que tenía la mano un poco temblorosa. Me dice que tiene instrucciones de que en Radio Nacional solo se emita música militar y que se suspenden todos los informativos. A mí solo se me ocurre ponerle la mano en el brazo y pedirle que dejara la pistola en la mesa, y lo hizo. Al cabo de un rato viene a mi despacho el capitán que estaba al mando. Se sentó frente a mí, con dos soldados con fusiles detrás. Me ordena que no hay informativos y que él toma el mando de la casa. Así lo indiqué al director de TVE. A mi secretaria, Pilar Larumbe, que era muy lista, le pedí que me diera ‘aquellos expedientes pendientes de firma’, ella sabía perfectamente que a esa hora no había nada que firmar, pero entendió que quería pasarle un mensaje. Redacté una nota en la que decía que Jesús Picatoste fuera a grabar un mensaje del rey. Fueron Picatoste y Pedro Erquicia, por caminos secundarios por si la zona estaba tomada, eso me contaron, y eso les llevó más tiempo de lo normal”.
El equipo de subsecretarios organiza una táctica. Dada la ausencia de progresos, resuelven calificar los sucesos actuales como una retención. “Yo lo había visto en las películas: había que hablar con el secuestrador”, recuerda Terceiro.
Contactan con el psicólogo José Luis Pinillos para que analice la situación y pronostique cuándo hará mella en los asaltantes la tensión de la situación, cuándo empezarán a desmoralizarse.
“A medida que la noche avanza y la autoridad militar que han anunciado no viene, empezamos a imaginar que les iban las cosas mal”, prosigue José Bono.
Algunos altos mandos de la Guardia Civil y de la Policía están reunidos en el hotel Palace, frente del Congreso. Un ex alto dirigiente de los servicios secretos españoles revela en una entrevista con Guyana Guardian una conversación que se produce entre el director general de la Guardia Civil, José Luis Aramburu Topete, y el general Alfonso Armada, cuando este se dirige al Congreso para hablar con Tejero.
–¿Qué le vas a ofrecer? –pregunta Aramburu.
–Un gobierno presidido por mí.
–Ese gobierno dura hasta que salgan libres, y entonces os fusilan.
Sabino Fernández Campo pasó a la historia al espet
Armada, efectivamente, se entrevistará con Tejero para ofrecerle una salida: un gobierno de consenso presidido por él mismo y dos aviones para que salga de España. Tejero se negará. En ese momento “había mucho miedo a que Tejero hiciera una escabechina”, añade esta fuente, aunque el líder de los golpistas también se compromete en esa entrevista con Armada a que “no pasará nada”.
“La noche fue larguísima”, prosigue Terceiro. “Cuando tuvimos el manifiesto, llamamos a líderes políticos que no estaban dentro para que conocieran el contenido y dieran su apoyo. Del Partido Comunista hablamos con Carlos Alonso Zaldívar. Se puso a nuestra disposición, con gran responsabilidad. Fue un comportamiento bien diferente al del representante del PSOE, de cuyo nombre no quiero acordarme. No entendía dar apoyo a un manifiesto del gobierno porque éramos de UCD. Cuando estuvo el texto, llamamos a la Zarzuela para leérselo al rey; él nos dijo: ‘Espera, que os paso a Sabino”.
Es Sabino quien pronuncia otra de las frases para la historia aquella noche: “Ni está, ni se le espera”, le espeta a José Juste, general de la División Acorazada Brunete, cuando este pregunta si Alfonso Armada, que supuestamente ha de ser la “autoridad militar” que reconduzca la situación (y luego presida el gobierno), había llegado a la Zarzuela.
“El rey no podía salir con una idea de unidad y que de pronto salieran capitanes generales a decirle que tururú, como dijo Laína. Aquellos años el rey pastoreaba a los militares, era su jefe jerárquico, pero estaba en un equilibrio absolutamente inestable, siempre en una cuerda floja. Había hostilidades del PSOE, desde dentro de la UCD, y desde el PCE, que le llamaban Juan Carlos el Breve”, analiza Terceiro.
El mensaje del rey, tajantemente en contra del golpe, se emitió a la 1.14 h de la madrugada.
“El vídeo tardó porque hubo que repetirlo”, explica Castedo. “Erquicia conocía bien el medio televisivo, y no les gustó como había quedado la primera vez y se hizo una segunda. Llegaron con la cinta después de las 12 de la noche. En cuanto llegaron, di orden de que se emitiera inmediatamente, lo preparamos y lo dimos. Cada minuto era importante, y aquello nos tranquilizó a todos”. Los soldados que habían tomado RTVE al inicio de la sublevación se habían marchado, y, previo a su partida, Castedo les formuló una interrogante vital: “Entiendo que recupero el mando de esta casa.”
“Pasé un miedo, digamos, reverencial, como sigo teniéndolo ahora en un juicio. Sería inconsciente no haberlo tenido”, apunta Castedo. “Yo apenas llevaba un mes en el cargo y había sufrido ataques desde la izquierda y desde la derecha. Si el golpe de Estado triunfaba, a mí no me iba a ir bien”.
“Cuando supimos que el rey había hablado, la primera duda fue: ¿a favor de quién?”, confiesa Bono. “Por un transistor que tenía Abril Martorell pudimos saber que lo había hecho a favor de la Constitución. Poco a poco, fue cambiando nuestro miedo. Fue una noche con muchas emociones, porque también teníamos ira, y rabia de que los salvapatrias quisieran otra vez fastidiar la democracia española”.
Los secretarios y subsecretarios de Estado integraron una administración transitoria que resultó fundamental durante el 23-F.
“La duda [sobre el rey] la teníamos todos”, admite Castedo, “porque la rumorología le situaba detrás de los militares, pero aquel era un rumor posiblemente interesado por los propios golpistas. El mensaje del rey fue un canto a la Constitución, y allí ya no había ninguna duda”.
Castedo recuerda que aún después del mensaje del Rey, irrumpió en RTVE una docena de guardias civiles, exigiendo que se emitiera una proclama militar incitando a los españoles a sumarse al movimiento de los militares, diciendo que lo auspiciaba el rey, y amenazando con agresiones. “Vi muy claro que eso no lo podíamos emitir. Se me antojaba una falacia, el rey acababa de hacer aquel discurso a favor de la Constitución y por Sabino yo sabía qué pensaba la Casa Real. Si llegamos a emitir ese mensaje creamos un problema para millones de personas”
“Desde mi punto de vista hubo una clara intervención de la providencia. A diferencia de cualquier acto de desorden público, no hubo una gota de sangre, ni una magulladura. Fue milagroso”, celebra Terceiro.
El ex alto mando del Cesid concluye con el detalle que le contaría más tarde uno de los protagonistas de la noche, el vicepresidente y militar Manuel Gutiérrez Mellado: “Uno de los guardias civiles armados que tenía frente a mí venía directamente de casa, porque llevaba calcetines de colores y no de uniforme: ¿cómo pretendían dar un golpe así?”.
Hora a hora del 23-F
23 de febrero
18.23 h
El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero accede por la fuerza encabezando a 200 guardias civiles en el interior del Congreso, mientras se realizaba la votación de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo presidente del gobierno
18.23
El teniente general Manuel Gutiérrez Mellado, primer vicepresidente del ejecutivo, es sacudido violentamente por Tejero mientras diversas ráfagas de armas automáticas impactan en la parte superior de la sala. El presidente Adolfo Suárez trata de prestarle ayuda.
19.00
En València, el mando supremo de la III región militar, Jaime Milans del Bosch, se hace con todas las facultades civiles y militares por medio de un bando.
19.15
Los asaltantes dejan salir del Congreso de los Diputados a los civiles y funcionarios. Minutos más tarde dejarán salir también a los periodistas que cubrían la investidura frustrada de Calvo Sotelo
19.30
El teniente general Milans del Bosch dispone la movilización en València de la división Maestrazgo, contando con medio centenar de carros de combate y unos 1.800 efectivos, en la conocida operación Turia.
19.30
Tres escuadrones con blindados procedentes del acuartelamiento de Retamares, en Madrid, ocupan las instalaciones del ente público RTVE en Prado del Rey. Televisión Española altera su programación y Radio Nacional empieza a emitir marchas militares
19.30
Suárez se incorpora de su asiento y solicita parlamentar con el mando de la fuerza de seguridad. Como réplica se escucha una exclamación que quedará para la posteridad: “¡Se sienten, coño!”.
20.00
Tejero ordena la salida y reclusión en diversas dependencias del Congreso de Suárez y Gutiérrez Mellado.
20.05
El presidente de la UCD, Agustín Rodríguez Sahagún, los secretarios generales del PSOE, Felipe González y del PCE, Santiago Carrillo, y el vicesecretario general de los socialistas, Alfonso Guerra, quedan aislados en una sala en el Congreso
20.20
Jordi Pujol y el rey sostienen un diálogo en el que el monarca le solicita seguridad. De ese encuentro surgirá la expresión “Tranquil, Jordi, tranquil”
20.43
Uno de los asaltantes del Congreso lee en el hemiciclo un comunicado en el que informa de que en València se han desplegado unidades militares por las calles
21.00
Las unidades que habían tomado el control de RTVE se retiran. Esto permite que el director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, lea un comunicado en el que anuncia la constitución de un gobierno provisional integrado por los subsecretarios y presidido por él mismo
21.30
La Junta de Jefes de Estado Mayor indica mediante una nota oficial que se han adoptado acciones para neutralizar cualquier agresión a la Constitución.
21.30
El Consejo General del Poder Judicial, que igualmente ha mantenido un encuentro después de trascender la irrupción en el Congreso, brinda su fidelidad al monarca y a la Constitución.
22.30
El teniente coronel Tejero accede al recinto y comunica a los agentes que lo escoltan que “la II, III, IV y V región militar han dicho sí al teniente general Milans del Bosch como presidente del gobierno”.
23.50
Entran en el Congreso el segundo jefe del Estado Mayor del ejército, general Alfonso Armada, y el director general de la Guardia Civil, general José Luis Aramburu Topete, para entrevistarse con Tejero. Aramburu abandonará en breve el Congreso
24 DE FEBRERO
1.14
El rey, con uniforme de capitán general, dirige un mensaje a través de radio y televisión en el que ordena el mantenimiento del orden constitucional. Poco después, Milans del Bosch ordena la retirada de las tropas en València
1.18
El general Armada abandona el Congreso
1.30
Una columna de vehículos de la policía militar a las órdenes del comandante Emilio Pardo Zancada acude al Congreso de los Diputados
2.30
El monarca alerta a Milans del Bosch de que cualquier rebelión originará un nuevo conflicto civil, conforme al mensaje telegrafiado remitido por don Juan Carlos al general.
5.30
El exdirigente sindical y ultraderechista Juan García Carrés, implicado en la trama civil del golpe, es detenido en su domicilio
5.45
Mediante un nuevo bando, Milans del Bosch deja sin efecto el estado de excepción
8.50
En el hemiciclo, el presidente del PP, Manuel Fraga, increpa a Tejero y, abriéndose la chaqueta dice: “Yo ya no aguanto más... Disparen contra mí”, grito al que se suman otros diputados. Dirigiéndose a la salida, Fraga añade: “Prefiero morir con honra que vivir con vilipendio”
9.00
En los aledaños del Congreso, el teniente coronel Tejero firma su rendición en el denominado pacto del capó, en el que se dejaba salir a los guardias civiles del hemiciclo y se eximía de responsabilidad a los que tuviesen graduaciones de teniente hacia abajo
10.00
Se autoriza la salida de las diputadas que se encuentran en el hemiciclo. Tras resistirse, acceden a salir a petición de sus compañeros
10.30
Una decena de guardias civiles se entregan a la policía militar
11.50
El gobierno, los diputados y los periodistas encerrados comienzan a salir del Congreso
12.27
Tejero se entrega a Aramburu Topete y abandona el Congreso junto a los guardias civiles implicados en el asalto



