Desarmar el lenguaje
RELIGIÓN Y POLÍTICA
León XIV promueve un singular ayuno: abstinencia de la agresividad verbal

El papa León XIV durante la audiencia general de la semana pasada en la plaza de San Pedro de Roma

El Papa ha pedido un ayuno de palabras hirientes. En su mensaje para la Cuaresma del 2026, León XIV ha escrito lo siguiente: “Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.
“Desarmar”. Esta idea está muy presente en los discursos del hombre que salió vestido de blanco al balcón de la plaza de San Pedro de Roma el 8 de mayo del 2025, sobre las seis de la tarde. “Habemus Papam!”, había exclamado minutos antes el cardenal protodiácono. Aquella apacible tarde romana, Robert Francis Prevost, el primer jefe de la Iglesia católica nacido en Estados Unidos, abogó por una paz “desarmada y desarmante”.
Fijémonos también en este fragmento de su discurso ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunciado el pasado mes de enero: “Hoy en día, el significado de las palabras es cada vez más fluido y los conceptos que representan son cada vez más ambiguos. El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. El lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes. Las palabras deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales”.
Hace un par de días, durante el primer domingo de Cuaresma, León XIV volvió a pedir ayuno mediático y desarme verbal: “Demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphones”.
Más de un lector habrá sonreído ante el enfoque de Penínsulas de esta semana. De los trenes al ayuno verbal. Vaya salto. No solo de acero y hormigón viven las penínsulas. Hace ahora un año hablábamos de la creciente presencia de los signos religiosos en el combate político e ideológico. Aún no había muerto Francisco. El nuevo secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, había sorprendido a todos dejándose fotografiar con una vistosa cruz de ceniza en la frente. A modo de cómplice respuesta, el principal ideólogo del nacionalismo ruso, Aleksandr Duguin, colgó en la red una foto suya rezando en un templo ortodoxo, una imagen que parecía extraída de un relato de Dostoyevski. El arzobispo de Bolonia, cardenal Matteo Zuppi, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, proponía un nuevo Código de Camaldoli, un nuevo programa social católico como el que dio pie a la fundación de la Democracia Cristiana en 1945.

Explicamos hace un año la disputa teológica alrededor del ‘Ordo Amoris’, el orden del amor al prójimo en los textos de San Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino. El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, converso al catolicismo, defiende una visión concéntrica de la empatía humana: primero los más próximos y después ya veremos. A los más lejanos les enviamos el ICE y, si se escapa una bala, es que se lo han buscado. Meses antes de morir, Francisco le respondió que en el pensamiento cristiano el amor al prójimo no está encerrado en círculos concéntricos. Vance invocaba a San Agustín. El cardenal Prevost, antiguo Prior General de la orden de San Agustín, le respondió que estaba equivocado. Hubo fuerte polémica entre las publicaciones católicas conservadoras de Estados Unidos y las revistas católicas más alineadas con Roma, con la Compañía de Jesús en cabeza. Aires de cisma que se hicieron explícitos tras el fallecimiento de Francisco. Donald Trump quiso meter presión al cónclave y cometió un error escénico: colgó en la red una imagen suya tratada con IA en la que aparecía vestido de Papa, con gesto admonitorio. Trump acudió a los funerales de Francisco para hablar con Zelenski en la basílica de San Pedro y copar así la atención del mundo entero. El nuevo Papa era él.
El cónclave eligió a un cardenal norteamericano formado en Latinoamérica (Perú), que sigue la línea de Francisco. Steve Bannon, gran inspirador del movimiento MAGA, amenazó entonces con un cisma en Estados Unidos. Los documentos de Epstein prueban que Bannon buscó fondos para poner en marcha una campaña internacional de desestabilización del Vaticano, y ahora va diciendo que “León XIV es más peligroso que Francisco”. Es una línea de fractura impresionante. También hablamos en Penínsulas del creciente interés de muchos jóvenes por la religión, por los signos religiosos; el deseo de creer en algo que no se desvanezca cuando se agota la batería del teléfono móvil. Hablamos del último álbum de Rosalía.

Del ayuno se habla hoy en las oficinas. Se ha puesto de moda ayunar doce horas durante toda la semana, o algunos días. El ayuno laico se ha convertido en un signo social de autocontrol. El que ayuna demuestra disciplina y eso es una señal de fuerza en una sociedad fuertemente competitiva. El ayuno cristiano es voluntario y suele hacerse con discreción. “La abstinencia de alimento, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión.
Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo”, ha escrito este año León XIV. Y ha pedido abstinencia de la palabrería agresiva.
Huir de la agresividad verbal. Hay personas que están siguiendo esta senda, sin motivaciones explícitamente religiosas. Hay gente que se está desenchufando de la actualidad por agotamiento. La evasión informativa es una tendencia creciente en todo el mundo. En España se calcula que cuatro de cada diez personas evitan el alimento informativo por miedo a una mala digestión de tantas noticias negativas (datos del 2024), por miedo a ser intoxicados por noticias falsas. Entre los jóvenes está disminuyendo el consumo de las redes sociales. La nueva tendencia es desconectar durante el fin de semana. León XIV sabe de lo que habla cuando pide desarmar el lenguaje.
Pronto hará un año de la elección del nuevo Papa y todo balance ha de ser forzosamente provisional. Un año no es nada en el tiempo de la Iglesia católica, organización religiosa con dos mil años de historia, la más influyente del mundo, la más orgánica. “El tiempo somos nosotros”. Esa frase ha sido muchas veces atribuida a los papas renacentistas, que se sentían dueños del tiempo histórico: la Iglesia controlaba el calendario y anunciaba las horas con las campanas de sus templos. Esa frase, sin embargo, viene a ser una simplificación de un pensamiento de San Agustín: “El tiempo somos nosotros, como somos nosotros, así son los tiempos”. La calidad de una época no solo viene definida por factores externos o superestructurales, dicho sea con lenguaje de los años setenta, sino que depende básicamente de la calidad humana. ¿Desarmar el lenguaje mejoraría la calidad humana de nuestra época? Seguramente, sí.
Un año no es nada en el tiempo largo de la Iglesia católica; por lo tanto, aún es pronto para un balance del nuevo pontificado. “Aún es pronto para saber lo que significó la Revolución Francesa?”, dicen que dijo en una ocasión el líder comunista chino Zhou Enlai, eterno número dos de Mao Zedong. He ahí otra deformación. A Zhou Enlai en realidad le preguntaron sobre la ‘revolución’ de los estudiantes franceses en mayo de 1968, y respondió en 1972 que aún era pronto para saberlo.
Aún es pronto para saber qué huella dejará el primer papa norteamericano, pero algunas señales comienzan a ser visibles. No es tan impetuoso como Francisco, pero no se está alejando mucho de Francisco. Steve Bannon lo ha visto: “Es más peligroso que Francisco”. Es más metódico, delega más —dicen en Roma—, está vivamente preocupado por la unidad de la Iglesia, medita mucho sus movimientos y va tejiendo lentamente un discurso. El tejido empieza a ser visible.
Prevost está intentando construir una nueva doctrina social de la Iglesia para el mundo que será definido por la implantación masiva de la denominada inteligencia artificial. Un mundo extraordinariamente acelerado del cual muchas personas pueden acabar siendo descartadas como ‘inservibles’. Creo que esa es la tarea que se impuso Robert Francis Prevost cuando eligió el nombre de León, en recuerdo de León XIII, el Papa de la encíclica De Rerum Novarum (‘Sobre las cosas nuevas’) que dio pie a la doctrina social católica del siglo XX.
Los pobres y los marginados en el centro de la Iglesia, ante un tiempo en el que nos acabarán diciendo que hay gente que sobra. Se está diciendo ya. Desarmar el lenguaje. Conquistar espacio para la quietud y la reflexión. Por ahí va el nuevo Papa. Sabe que va a jugar una larga partida de ajedrez con el nuevo poder norteamericano, que ya le ha amenazado con un cisma. Unos y otros se están observando. Ha autorizado misas en latín en la propia basílica de San Pedro para no convertir el rito romano tradicional en un motivo de división, pero los lefrevianos le están amenazando con el nombramiento de obispos, lo cual significaría reabrir el cisma francés. En Estados Unidos, los desmanes del ICE ha reforzado a los obispos católicos más alineados con Roma. La reacción católica ha contribuido a la retirada de Minneapolis.
¿Un papa menos gestual que Francisco? León XIV no viajará a Estados Unidos el próximo 4 de julio, fecha del 250.º aniversario del nacimiento de la Unión, momento exultante en el que Trump quiere dedicar la nación norteamericana a Dios. Aquel día, León XIV viajará a la isla italiana de Lampedusa, símbolo del drama humano de la inmigración en el Mediterráneo.
La visita de León XIV a España, entre el 6 y el 12 de junio, promete ser muy interesante.
