Yolanda Díaz renuncia a liderar el nuevo Sumar y no será candidata a las generales
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La vicepresidenta busca con su decisión facilitar la reunificación de la izquierda

Yolanda Díaz ayer en el pleno del Congreso de los Diputados

“¿Sabe a quién represento? A la dignidad de la gente trabajadora de este país”. Así respondió ayer Yolanda Díaz al PP en la sesión de control celebrada en el Congreso. Con una frase que, en retrospectiva, resultó premonitoria, ya que, apenas dos horas después, anunciaría que no encabezará la candidatura de Sumar a las elecciones del 2027 para centrarse hasta el final de la legislatura en su doble faceta de vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo para “avanzar en todo lo que le queda por hacer al Gobierno de coalición”.
La decisión llevaba madurándose en silencio durante semanas, entre llamadas discretas y conversaciones con su núcleo más cercano. Pero ayer, finalmente, Díaz optó por cerrar la puerta a una hipótesis que, hasta ahora, nadie en su entorno había querido confirmar ni desmentir. En una carta abierta publicada en sus redes sociales, la ministra explicó que su decisión no es un repliegue ni un gesto impulsivo, sino el resultado de un proceso meditado. “Siempre tuve muchas reticencias ante la idea de ser candidata. La política es dura, especialmente para las mujeres, pero no me arrepiento de haber dado el paso”, afirmó, poniendo en valor el ciclo que ha liderado en Sumar y en el Gobierno, en un momento de “excepcionalidad democrática y cambios profundos en todo el mundo”.
La nueva estrategia apunta a ganar autonomía frente al PSOE y reconstruir la alianza con Podemos
El anuncio supone un giro estratégico para Sumar. Tras el impulso del 2023, la plataforma atraviesa ahora una fase de redefinición. La ruptura con Podemos y el desgaste interno han erosionado tanto el capital político de la alianza como el de su líder. La decisión de Díaz despeja el tablero y abre la puerta a una nueva etapa de negociación y construcción colectiva.
Nadie en el espacio discute la solvencia de la vicepresidenta al frente del Ministerio de Trabajo. “Es una excelente ministra y un activo indudable”, coinciden en señalar en el grupo parlamentario, destacando la reforma laboral, los incrementos del salario mínimo y su perfil dialogante con patronal y sindicatos. También dentro del ala socialista del Gobierno son habituales los elogios a su capacidad técnica y negociadora. Pero su liderazgo orgánico ha sido otra cosa.
La vicepresidenta llevaba tiempo sopesando el paso. En Navidad trasladó sus dudas a colaboradores cercanos, y hace apenas unos días su ausencia en el acto conjunto protagonizado por las cuatro fuerzas de Sumar con presencia en el Gobierno fue interpretada como una señal.
La pretensión de ordenar el conjunto de aliados bajo una dirección política centralizada generó resistencias que derivaron en fricciones, finalmente reconducidas con Izquierda Unida, Compromís, la Chunta Aragonesista y Més per Mallorca. Recelosas de diluir su autonomía en un esquema percibido como excesivamente jerárquico.
El punto de no retorno, no obstante, comenzó con la ruptura con Podemos. La salida de los morados del grupo parlamentario y la competencia abierta en el mismo espacio electoral pesaron como una losa en las sucesivas elecciones autonómicas y europeas. En el diagnóstico compartido por varios cuadros de la izquierda alternativa, la figura de Díaz se convirtió en un obstáculo para recomponer puentes. Con ella al frente de una candidatura, dicen, cualquier intento de reunificación “sería inviable”. Según estas mismas fuentes, “el momento histórico demanda relanzar una alianza lo más amplia posible para volver a frenar a las derechas”, y, por eso, califican como “importante y generoso” el paso a un lado de la vicepresidenta.
La retirada de Díaz de la carrera electoral no clausura el debate estratégico; al contrario, lo abre en canal. Obliga a redefinir liderazgos y equilibrios, y subraya la urgencia de demostrar que Sumar puede sobrevivir más allá de la figura que lo alumbró.
Al mismo tiempo, entre las fuerzas que integran la plataforma empieza a dibujarse una hoja de ruta: endurecer su postura dentro del Gobierno para no parecer un partido sumiso al PSOE, replantear la relación de España con la OTAN, y, con fuerzas renovadas, impulsar un proceso de unificación que incluya a Podemos y permita consolidarse como la izquierda de referencia.
