El pesar de la esposa de Tejero
Documentos desclasificados sobre el 23-F
Los mensajes de Carmen Díez Pereira el

Antonio Tejero, pistola en mano durante el asalto al Congreso, el 23 de febrero de 1981

Las 39 conversaciones telefónicas de la esposa del teniente coronel Tejero Molina la noche del 23-F son un retrato del matrimonio en la España anterior a la ley del divorcio –aprobada en junio de 1981– y de la odisea que podía suponer hablar por teléfono, cuando sólo existían las líneas fijas (12 millones para 37,7 millones de habitantes).
La versión escrita y la apertura de estos diálogos revelan una tendencia nada inusual: la mujer, progenitora y ama de hogar que estima a su cónyuge mientras le dirige piropos resumibles en una noción nada atípica para aquel tiempo: por ser tan bondadoso, mi marido es ingenuo. O “ jilipuertas ”, “ desgraciao ”, “ obstinao ” y proclive a “hacer el primo”, términos recopilados en los textos desclasificados.
Carmen Díez combina afecto y preocupación por su marido
La esposa del teniente coronel Tejero se llamaba Carmen Díez Pereira (fallecida en 2022). Tuvieron seis hijos (tres mujeres y tres varones, el primero bautizado Antonio, como el padre). Hija de guardia civil, Carmen Díez fue maestra hasta matrimoniar, como lo sería su hija Elvira, cuyas hermanas se casaron con militares.
La serie de las 39 comunicaciones se divide en tres etapas. En primer lugar, el requerimiento de conversar telefónicamente con su marido apenas se informa de que ha resuelto asaltar el Congreso de los Diputados, cuando proporciona a distintos interlocutores el “dígale que me llame”.
Desde primera hora del golpe hasta bien entrada la mañana del 24 de febrero, Carmen Díez trata –en vano– de hablar con su marido. A medida que avanzan las horas, quiere persuadirle para que renuncie al golpe porque lo han dejado solo y está convencida de que ella sabrá convencerlo.

Ni en la Guardia Civil ni sus contactos saben cual es el número de teléfono operativo en el Congreso. De modo que en varias conversaciones reitera la petición de que le trasladen el mensaje “dígale que me llame”. Una expresión a corte de recado muy habitual en 1981, cuando solo existían 33 teléfonos por cada 100 habitantes (hoy tenemos 61,2 millones de números de móviles y 18,3 millones de líneas fijas para una población que roza los 50 millones de personas). De ahí la proliferación de cabinas telefónicas en las calles –10.655–, que no siempre funcionaban.
La Compañía Telefónica Nacional de España tenía el monopolio y ese año 1981 lanzaba la segunda gran campaña para hacer que el teléfono llegase a la España rural. En cuanto a los modelos, cada vez más ubicados en los recibidores de los pisos para no interferir con el televisor –el rey del salón–, triunfaban el Góndola y el Teide.
A pesar de su empeño, Carmen Díez no consiguió conversar con su marido antes de su entrega. En cierto punto, quienes la atendían le señalaron que el ambiente no resultaba adecuado para comunicaciones de carácter familiar.
-“¿A las seis de la mañana le dijisteis mi número?”
-“Cuando tu lo dijiste”.
-“¡Jolines! Y todavía no me ha llamado... Entonces no me llama!”.
Los archivos relativos al destacamento que tomó Prado del Rey, base de TVE, y diversas instalaciones militares igualmente muestran multitud de solicitudes por teléfono. “Llamada de la esposa del teniente que pregunta si está en el bar de oficiales. Le ponen con el citado bar y allí le contestan que no está”. “Llamada preguntando por J.V.T de parte de su madre. Le dicen que no pueden pasar llamadas a los soldados”. “Llamada de una chica para el sargento S.R. (Al parecer su novia). Sin interés”. “Llamada de la esposa del capitán Bueno, su marido no está y deja recado para que cuando llegue la llame a casa”. “Llamada de la novia de un tal José”. Y de esta forma... Los expedientes se tramitan con un “No tiene interés”.
La segunda fase en el hogar de Tejero Molina se caracteriza por la indignación. A su esposo lo “han dejado tirado como a una colilla” –expresión muy repetida– y, finalmente, la tercera, está dominada por el temor a que su esposo pueda morir, que denota amor auténtico pese a los defectos que parecían sacarla de quicio.
Aunque persistió, su mujer no pudo comunicarse con Tejero: 12 millones de conexiones fijas en 1981, actualmente 61,2 millones de líneas móviles
“¡El tonto desgraciado, lo han dejado solo, para no variar!”. “Me lo han dejado tirao como una colilla”. “¡Es tonto!”.
Mientras dialogaba con su hijo Antoñito, destinado en la Academia Militar de Zaragoza, Carmen Díez le manifiesta:
-“Tu padre asume toda la responsabilidad. Como siempre”.
–“Ya. Ya”.
–“¡Qué jilipuertas es!”
Con su amiga Elvira, es menos categórica:
–“¿Has visto mi marido que honrao ? Encima se hace él responsable de todo”.
-“¿Pero cómo ha dicho eso?”
–“Porque mi marido es así de honrao” .
Hablando con su madre, Carmen Díez se desahoga con el marido que tanto la hace sufrir esas horas. También su madre –y suegra de Tejero Molina– se sube al carro de los reproches.
Madre: “¡Mira que es tonto este hombre!”
Carmen Díez: “No sé, madre, como ha asumido la responsabilidad de todo..”.
–“¿Quién?”
– “ Antonio”.
–“Claro que la asume, como siempre haciendo el primo”.


