Política

“Fue un error dejar libre al Rey”, según los golpistas

Los documentos secretos

Los documentos desclasificados avalan el papel decisivo de Juan Carlos I para parar el golpe

Mensaje al país del rey Juan Carlos, con uniforme de capitán general, a las 01.12 horas del día 24

Mensaje al país del rey Juan Carlos, con uniforme de capitán general, a las 01.12 horas del día 24

EFE 

El papel del rey Juan Carlos I fue determinante para frenar el golpe de Estado y dejar claro, desde los primeros minutos, que ningún militar podía escudarse en el jefe del Estado para secundar la insurrección, según se desprende de los documentos desclasificados, si bien los testimonios de algunos golpistas daban por hecho que la asonada tenía el placet del Monarca.

Los documentos recogen las conclusiones de una camarilla militar de segundo rango que preparó un nuevo intento de golpe coincidiendo con las elecciones de octubre de 1982 (el llamado plan Marte). Ahí exponen sus conclusiones para no repetir los fallos del 23-F. “Fue un error dejar al Borbón libre”, al que definen como el “objetivo a batir y anular”. ¿Razones? “No es un símbolo a respetar, es un obstáculo para la unidad de España”.

El frustrado plan Marte de 1982 dejó clara la hostilidad de los militares ultras al jefe del Estado

La tarde del 23-F de 1981, Juan Carlos I conoció por la radio y en la Zarzuela la irrupción del teniente coronel Antonio Tejero en las Cortes en plena sesión de investidura del ­candidato centrista Leopoldo Calvo-Sotelo. Un informe desclasificado de 34 páginas de los servicios de inteligencia militar detalla lo sucedido en la Zarzuela desde las 18.22 horas.

Las primeras horas registran el afán del general Alfonso Armada, expreceptor de Juan Carlos I, al que conocía desde 1955, para ser recibido por el jefe del Estado con la máxima urgencia. “S.M. (El rey) le contesta que no, que continúe en su puesto” (entre las 18.30 y 19 horas).

Los propios militares despiertan la liebre: ¿está el general Armada junto al rey en Zarzuela? A las 19 horas: “El general Juste (jefe de la División Acorazada Brunete) pregunta insistentemente si el general Armada se encontraba en el palacio de la Zarzuela. (Tenía más interés por dicha noticia que por dar conocimiento de la situación de la división). Le dice el secretario general que en absoluto está en la Zarzuela el general Armada, a lo que contesta el general Juste: “Esto cambia totalmente la situación”.

Acto seguido, el rey Juan Carlos prohibe de forma taxativa la presencia en la Zarzuela de Armada. El siguiente paso del jefe del Estado fue “establecer contacto con las capitanía generales para conocer la situación”.

Entre las 19 y las 19.15 horas, Juan Carlos I se comunica con el capitán general de la Tercera Región (Valencia), el teniente general Milans del Bosch.

Según el documento, el teniente general dice que “está a las órdenes del Rey”, “que ha tomado medidas de seguridad para preservar el orden”, “pregunta si S.M ha hablado con el general Armada y pide que lo haga”.

Tras conocer la situación de las distintas capitanías generales, “y para clarificar y hacer llegar a todo el país la postura de S.M. Se decide, aproximadamente, a las 19.30 horas que se transmita por TV y Radio un mensaje por SU MAJESTAD EL REY (sic)”. No hay tal mensaje porque “TVE está vigilada y ocupada por una unidad al mando de un capitán de Caballería”.

Una vez comprobado que la Guardia Civil actua con normalidad, excepto en València, Zarzuela traslada a todos los mandos de la Benemérita “la clara actitud de S.M el Rey”.

A las 20.20, el secretario de la Casa del Rey, general Sabino Fernández Campo, logra hablar con Tejero, al que le ordena que deponga su actitud al momento. “Contesta que no recibe más órdenes que de Milans del Bosch”. Pregunta sin respuesta: “Pero tú has invocado el nombre de S.M. EL REY, ¿por qué?”. Tejero insiste en que solo acepta órdenes de Milans del Bosch.

Entre las 20 y las 21 horas, los documentos certifican que el Rey “habla con el general Armada... Conversación muy tensa”. No se dan más detalles en el documento de la inteligencia militar.

A las 22.35 horas, télex a todos los estamentos militares del país: “Para evitar cualquier posible confusión, confirmo he ordenado autoridades civiles y junta de jefes de Estado Mayor tomen medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de legalidad vigente”.

Prado del Rey, sede de TVE, ha quedado “desguarnecida” y comienzan los preparativos para el mensaje al país, muy pendiente de los medios de comunicación. Un equipo de TVE se dirige a la Zarzuela.

Momento crucial (22.35 horas): “Conversaciones con Milans del Bosch para que, de forma definitiva, retire las unidades que han salido a la calle y ordene al teniente coronel Tejero que deponga su actitud”. Milans del Bosch no da el brazo a torcer e “insiste en lo que llama solución ARMADA (sic)”. Acto seguido, Fernández Campo y Armada conversan, entre discrepancias. “SABINO le dice que de ninguna manera S.M autoriza a dirigirse a los diputados en su nombre”. La deducción del documento es que el general Armada es autorizado a entrar en el Congreso porque antes “le arranca su palabra de honor de que no lo hará” (hablar en nombre del Rey).

No hay tu tía: el general Armada sale del Congreso al filo de las dos de la madrugada tras entrevistarse con Tejero Molina, que se niega a irse e insiste en que no recibe más órdenes que las de Milans del Bosch”. Y “rechaza ofrecimiento de un avión” (para abandonar Es­paña).

El mensaje grabado de Juan Carlos I, con uniforme de capitán general, es emitido a las 01.12 horas del 24 de febrero. Ocho minutos más tarde, el Rey sube el tono con Milans del Bosch: “Te hago saber con toda claridad lo siguiente: rotunda decisión de mantener el orden constitucional. Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás. Dos: cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey (...) Cinco: juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quién se subleve, está dispuesto a provocar, y será responsable de ello, una nueva guerra civil”.

Milans del Bosch responde por teléfono que acatará las órdenes, pero que “Tejero ya no la obedece”. Sobre las 04 horas, el Rey insta a Milans del Bosch para que difunda un bando de retorno a los cuarteles en Valencia. “Esto tiene que acabar de una vez”.

En otros documentos, como las conversaciones de la esposa y los hijos de Tejero Molina, la tesis es que el golpe disponía del apoyo del Monarca, al que acusan, como al resto del ejército, de “haber dejado tirado como una colilla” al teniente coronel.

Las cancillerías occidentales felicitan y elogian a Juan Carlos, según los documentos desclasificados por Asuntos Exteriores, con la administración Reagan tratando de minimizar la polémica reacción inicial del secretario de Estado, Alexander Haig (“asunto interno”). “América aplaude su determinación y coraje”, escribe el presidente Reagan al Rey del 27 de febrero.

Originario de Barcelona, graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra y con una beca académica en la Missouri-Columbia University, se incorporó a 'Guyana Guardian' en 1982, desempeñando múltiples funciones. Ejerció como enviado especial en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (desde 1996 hasta el 2000). Ha informado sobre tres comicios presidenciales en EE.UU., otros tres en Francia, los conflictos bélicos de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, las exequias de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, los atentados del 11-S en Nueva York, el desastre nuclear de Fukushima, además de tres copas del mundo de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Fue responsable de la sección de Internacional y hoy en día escribe columnas para el periódico. Es autor de tres obras literarias: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.

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