Las Azores alejan esta vez a Portugal y España
Guerra en Oriente Medio
El Gobierno conservador de Lisboa permite a EE. UU. Utilizar su base del Atlántico para preservar su alianza y reivindica su condición de fundador de la OTAN, mientras recuerda que la adhesión española data de 1982

José Manuel Durão Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar, el 16 de marzo del 2003 en la base aérea de Lajes, en Terceira (islas Azores)

En el aeropuerto civil de Lajes, de la azoriana isla Terceira, el viajero respira, en medio del Atlántico, un cierto aire de la América profunda. Enfatiza el peculiar emplazamiento de esta terminal, en el complejo de la base aérea de los Estados Unidos, célebre por la cumbre previa a la guerra de Irak del 2003 y que vuelve a estar de actualidad, al formar parte del dispositivo norteamericano de ataque a Irak, a través de los vuelos de aviones de abastecimiento, bajo el permiso expreso pero condicionado del Gobierno portugués del conservador Luís Montenegro y en contraste con la posición del gabinete español del socialista Pedro Sánchez, quien recibió ayer en el parlamento lisboeta la solidaridad de sus homólogos lusos frente a las amenazas del presidente norteamericano Donald Trump.
Las Azores constituyen ahora, en los tiempos del unilateralismo trumpista, un símbolo de la no reedición de la alianza de hace 23 años, en la que, además de España falta el Reino Unido. Ayer, en el parlamento, Luís Montenegro aseguró que su decisión, avalada por la extrema derecha de Chega y los liberales lo que supone el 70% de los diputados, salvaguarda la seguridad nacional, mientras reivindicaba la condición de Portugal de fundador de una OTAN a la que España, recordó, se adhirió 33 años después, en 1982. Al mismo tiempo, eludió la pregunta del líder socialista, José Luís Carneiro, de si condena la acción de Estados Unidos e Israel al margen del Derecho Internacional y enfatizó su repudio a la dictadura iraní, criticada también desde la izquierda.
La condición de portaaviones terrestre de las Azores la han situado en el imaginario bélico, en contraste de los apacibles y espectaculares paisajes que lo caracterizan
Al despegar y aterrizar en el aeropuerto de Terceira, que da servicio a la ciudad de Angra de Heroísmo, cuyo centro es patrimonio de la humanidad, el viajero puede divisar al fondo las instalaciones militares y observar la enormidad de la pista en la escala insular y en comparación con el principal aeródromo civil de la región, el de Ponta Delgada, en la isla de São Miguel. Desde el fin de semana, a partir de la carretera próxima, es posible seguir la evolución de los quince aviones de reabastecimiento, de silueta gris azulada, destacados desde hace días en este portaaviones terrestre atlántico, estratégicamente situado en la ruta de Estados Unidos a Irán, según destacan en vistosos gráficos las televisiones lusas, si bien no falta algún analista que incida en su ahora mismo carácter poco relevante.
De hecho la cumbre del 2003 puede ser vista como un canto de cisne de la importancia estratégica de la base de Lajes, pues en 2015 Estados Unidos redujo sus efectivos, si bien en el actual contexto geopolítico imprevisible no puede descartarse un nueva nueva revalorización de su papel, que fue crucial en la Segunda Guerra Mundial. Entonces se instalaron los primeras bases en las Azores, en el marco de la batalla del Atlántico, la ofensiva submarinos nazi contra los aliados, y dentro del papel de Norteamérica de arsenal y granero de Europa. Para preservar la neutralidad de Portugal, los aliados se acogieron al tratado anglo-luso del siglo XIV, la considerada la alianza diplomática más antigua. Esta semana el ministro de Exteriores, Paulo Rangel, se remitió a esas coordenadas históricas para defender la autorización del uso de las Azores, pues Portugal, enfatizó, siempre necesitó un aliado atlántico para preservar su independencia, Gran Bretaña primero y Estados Unidos, después.
Desde que el sábado Irán respondió atacando a países de su región con bases norteamericanas en Portugal brotó una leve preocupación ante posibles represalias, muy complicadas en cualquier caso por la distancia, sobre todo en el caso de las Azores. Después, el embajador del régimen de los ayatolas, Majid Trafeshi, declaró que la base de Lajes no está en el punto de mira, si bien también precisó que si Portugal forma parte de una agresión, de la forma que sea, tiene su “responsabilidad”. Ayer en el Parlamento Luís Montenegro aseguró que se están cumpliendo las condiciones que puso para autorizar el uso de las instalaciones de la isla Terceira, consistentes en que sólo sean usadas para acciones defensivas o de respuesta, de forma proporcionada y contra objetivos militares.

Tras la reunión de Bush, Blair, Aznar y Durão, a los azorianos les incomodaba la “obsesión española” por la cumbre y la identificación de su región con ella
“Nosotros los europeos no podemos ser vegetarianos en un mundo de carnívoros”, declaró en una entrevista de este miércoles a la RTP José Manuel Durão Barroso, que como primer ministro portugués fue el anfitrión de la cumbre de las Azores, si bien no era raro que en las fotos de la prensa su imagen apareciese cortada como el convidado de piedra ante los principales protagonistas, el premier británico Tony Blair y el presidente estadounidense, George W. Bush, flanqueados en el otro extremo por quien intentaba ser un líder emergente, el español José María Aznar. El que después fue presidente de la Comisión Europea, dedicado a las finanzas a los 69 años, asegura que no le sorprendió la guerra, pero sí la posición de la España de Pedro Sánchez, al poner en riesgo su relación con Estados Unidos y el mundo árabe, en favor de un régimen teocrático que, considera, fue el que violó el Derecho Internacional.
A decir de Durão Barroso Portugal sigue siendo relevante en el escenario internacional gracias a la base de las Azores, como en 2003. En los años posteriores, a los habitantes de la región les incomodaba lo que a menudo consideraban una “obsesión española” con la cumbre. Transmitían así cierta frustración por la minusvaloración de su región, con enormes atractivos turísticos, como el espectacular paraje de Sete Cidades, en la isla de São Miguel, un antiguo cráter reconvertido en un conjunto de lagunas y praderas, con vacas pastando, y un sendero de ensueño. Después, con la apertura de numerosas rutas aéreas, se produjo un considerable despegue en el número de visitantes, que llega a provocar una saturación en temporada alta en São Miguel, en lugares como Furnas, considerado por los hidrólogos como el punto de de la UE con mayor concentración de aguas termales.
De nuevo, los más que apacibles paisajes, como los que rodean a la propia base norteamericana, contrastan con el papel de las Azores en el imaginario bélico.
