No siempre es sencillo lidiar con el ritmo frenético de las jornadas laborales. Muchas personas, abrumadas por la presión diaria, buscan maneras de liberar tensión para no cargar con el peso del estrés. En este contexto, el inventor Pep Torres ha sorprendido con un invento que promete ser una solución eficaz para quienes necesitan desahogarse: la Cabina del grito, también conocida en inglés como Scream Cabin.
Este curioso dispositivo, inspirado en las antiguas cabinas telefónicas, permite a los usuarios entrar y gritar sin miedo a ser escuchados. “Es como una terapia al instante, sin juicios ni interrupciones”, contó Torres al presentar su creación en Vamos a ver.
La idea, según el inventor, comenzó como un simple experimento del que no esperaba demasiado, pero ha ido ganando adeptos al demostrar que muchas personas estarían dispuestas a pagar por este servicio de desahogo.
A grito pelado
Lo tiene todo para hacer un reset mental
Una de las razones por las que este invento resulta efectivo es su capacidad para ofrecer una liberación emocional inmediata. En el ámbito psicológico, expresar emociones reprimidas, como la frustración o la ira, puede ayudar a reducir los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Este tipo de actividad, aunque parezca simple, contribuye a evitar acumulaciones de tensión que podrían derivar en problemas de salud física o mental a largo plazo.
Gritar en un espacio insonorizado permite liberar tensiones sin molestar ni ser molestado
Aunque puede parecer similar a encerrarse en el baño para gritar, la Cabina del grito ofrece un entorno especialmente diseñado para potenciar su efectividad. Su aislamiento acústico evita cualquier interrupción o incomodidad al preocuparse por ser escuchado, mientras que su diseño ergonómico crea un ambiente cómodo y preparado para el desahogo. Además, evita los problemas que surgen al usar espacios no pensados para este propósito, convirtiéndose en una herramienta mucho más eficiente.
Otra clave es la experiencia sensorial que proporciona. El diseño cerrado y el aislamiento acústico no solo bloquean los sonidos externos, sino que también ofrecen un entorno seguro y controlado donde el usuario puede reconectar consigo mismo. Este enfoque convierte una actividad tan básica como gritar en un momento de introspección y descarga emocional, amplificando su impacto positivo.

