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Igor Crespo, ganadero en Cantabria, sobre el futuro de la profesión: “Ya no sale rentable, esto es una cuestión de pasión más que de negocio y la gente joven se desanima”

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Igor trabaja en la ganadería familiar de su pareja y asegura que “es imposible” dedicarse exclusivamente a esta profesión

Igor Crespo, ganadero en Cantabria

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Durante décadas, la ganadería ha sido una actividad esencial para el desarrollo económico, social y cultural de España. Esta profesión ha sostenido miles de familias y ha configurado el paisaje rural. Sin embargo, en los últimos años, el oficio de ganadero está atravesando una profunda transformación marcada por el relevo generacional, que pone en cuestión la continuidad del sector tal y como se ha entendido tradicionalmente. Ser ganadero implica no solo cuidar animales, sino gestionar costes energéticos, normativas medioambientales, trazabilidad, mercados globales y una burocracia cada vez más compleja.

Igor Crespo (43), ganadero en Cantabria, advierte del problema al que se enfrenta al sector. “La gente joven no puede venir aquí si no tienes una ganadería montada por la familia. Hay ayudas del Gobierno, pero no son suficientes”, asegura en una conversación con Guyana Guardian. En este sentido, lamenta que la gente joven no se puede dedicar a la ganadería porque “ya no sale rentable. Esto ya es una cuestión de pasión, más que de negocio y ya la gente se desanima porque ve que hay tantos problemas que no se puede”.  

Igor Crespo, ganadero en Cantabria (cedida)
Igor Crespo, ganadero en Cantabria (cedida)

Igor empezó a dedicarse a la ganadería por amor “yo soy de Bilbao, pero me enamoré y me vine”. Toda la familia se dedica a la ganadería extensiva “siempre hay que ayudar porque todas las manos son pocas”. Esta ganadería tiene una larga tradición, ya que la iniciaron los abuelos de su pareja, después de sus padres, y ahora la lleva Igor junto a sus cuñados. Sin embargo, no solo se dedican a la ganadería, ya que asegura que “es imposible”.

En esta ganadería familiar trabajan con razas de vacas, limusina y charolesa “es una raza muy resistente en el monte y da muy buena carne”. Igor y la familia de su pareja viven en mitad del monte y tienen las cuadras de las vacas al lado de casa, ya que las tienen que mover de un pueblo a otro. El día a día en el monte es duro, y por eso se van turnando las tareas entre toda la familia, mientras que su cuñado y él se dedican a otro trabajo, la matriarca se encarga de diferentes tareas como limpiar cuadras o preparar el abono. 

Las vacas en las ganaderías también se pueden enfrentar a una gran variedad de enfermedades que no solo afectan su salud, sino también la productividad y rentabilidad de los ganaderos. Entre las principales, Igor destaca la de la lengua azul o el año pasado el mosquito. En su caso, tuvieron que apartar a las vacas, pero apunta que muchos ganaderos se arruinaron como consecuencia de esta enfermedad. 

Estas enfermedades pueden disminuir la producción de leche, causar bajas en el peso y en la calidad de la carne, y, en casos graves, llevar a la muerte del animal. Para los ganaderos, enfrentarse a estos problemas no solo implica gastos en tratamiento y prevención, sino que también afecta la eficiencia de la producción y puede comprometer la viabilidad económica de la explotación ganadera.

No es fácil vivir de la ganadería

Igor Crespo

Mientras aumentan las exigencias hacia los productores, los márgenes económicos siguen siendo ajustados y, en muchos casos, insuficientes para garantizar una vida estable. En este sentido, Igor asegura que “no es fácil vivir de esto”, ya que, su ganadería es expansiva “es decir, que las vacas están en los prados hasta la hora de meterlas en la cuadra, si se comen el prado de alguna zona, las movemos a otra del monte. Da igual que llueva, nieve o truene tienes que moverlas y controlar a las vacas”. Y denuncia que en algunas ocasiones hay visitantes que “nos abren las verjas para sacarse una foto con la vaca, sin asumir el riesgo y la ruina que supone para un ganadero”. 

Un ganadero no tiene sueldo mensual,  solo se cobra cuando vendes un jato

Igor Crespo

Igor reivindica que mantener a los animales tiene un coste muy elevado, tanto de cuidados como de dedicación, “es un trabajo de 365 días al año para que luego te den 400 € por un becerro cuando sacarlo adelante cuesta 900 €”. La profesión ha ido evolucionando al largo de los años, y por ello también se han tenido que hacer modificaciones e inversiones. “El cambio climático ha afectado a la hierba y en muchos sitios se ha decidido tener el ganado fuera de los prados. El problema es que no llueve y no hay hierba suficiente”, afirma. Sobre el sueldo que puede tener un ganadero, Igor explica que “al mes no se cobra nada, solo se cobra cuando vendes un jato, en función, del precio que le sacas a cada uno”. 

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