Sandra Casas, emprendedora de 41 años: “Tenemos un problema porque cada dos calles hay 10 panaderías, centros de uñas y fruterías. Nos estamos cargando los servicios básicos”
RELATOS
Sandra critica la proliferación de negocios que están acabando con el comercio local de nuestras ciudades

Sandra en su local de Sant Feliu de Llobregat

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La proliferación de negocios clónicos y cadenas comerciales en nuestras calles ha generado un desafío enorme para los propietarios de comercios locales tradicionales. Muchos pequeños comercios, que antes constituían el corazón de los barrios, se ven obligados a competir con empresas con mayores recursos, marketing agresivo y economías de escala, lo que hace casi imposible igualar precios o visibilidad. Esta presión no solo reduce sus ingresos, sino que amenaza la diversidad y la autenticidad de nuestras calles, transformando barrios antes vivos en espacios dominados por modelos estandarizados.
Sandra Casas es una emprendedora de 41 años, con una tienda en la localidad de Sant Feliu de Llobregat y un total de tres negocios. En una entrevista con 'Guyana Guardian' ha reflexionado sobre su día a día, filosofía de vida y los consejos que tiene para los que tengan dudas a la hora de emprender.

“Durante las pasadas navidades me propuse no comprar en internet para apoyar al pequeño comercio”
Principalmente trabaja en la venta de cosmética natural donde vende aceites esenciales, jabones, inciensos y todo tipo de productos siguiendo una filosofía 100% libre de tóxicos. También está especializada en skin coach, realizando masajes y tratamientos faciales. Por último, lidera 'Margot Blanxart', donde se especializa en la creación de ramos de flores preservadas y accesorios florales hechos a mano, especialmente dirigidos a novias e invitadas en bodas y eventos.

Hace seis años decidió abrir su propio local pero se encontró con una realidad que golpea a todos los que emprenden su propio proyecto a pie de calle: “Estoy situada en una calle donde hay seis peluquerías y cada una de ellas tiene su centro de estética donde hace sus limpiezas. Diferenciarse de lo que hacen lo demás, hacerlo mejor y tener varios planes por si fracasa es el secreto del éxito”, afirma. La experiencia demuestra que hacer lo mismo que los demás conduce a una guerra de precios y desgaste, rara vez al éxito.
Como solución para incentivar la creación de negocios, reclama que se ofrezcan locales vacíos y ayudas a los pequeños empresarios: “Tenemos un problema porque, cada dos calles, hay 10 panaderías, centros de uñas y fruterías. Nos estamos cargando los servicios básicos y todo el mundo parece que solo va a comprar al supermercado. La gente no sabe por dónde empezar porque no tiene recursos y nadie se los ofrece”, denuncia. Cuando cierran ferreterías, papelerías, librerías o talleres, se debilita la vida de barrio. Se pierde el trato cercano, el conocimiento del cliente y la red de apoyo cotidiano que sostenía a muchas comunidades. El comercio deja de ser un servicio para convertirse en mera transacción.

En Barcelona, el acceso territorial a servicios básicos sigue siendo relativamente alto en términos de proximidad física, pero presenta desequilibrios cualitativos. Estudios urbanos muestran que, en un radio caminable de 400 metros (5 minutos) desde una vivienda, existen de media más de 70 establecimientos relacionados con la alimentación y servicios esenciales, incluyendo supermercados, tiendas de alimentación, panaderías y farmacias. Sin embargo, esta elevada densidad no garantiza un acceso real a comercio básico tradicional, ya que una parte creciente de la oferta está dominada por supermercados, tiendas de conveniencia y locales orientados a productos ultra-procesados, en detrimento de fruterías, panaderías artesanas y otros comercios de proximidad.

Sandra considera que la comodidad de comprar en internet es otro de los grandes culpables de la desaparición de algunos comercios: “Durante las pasadas navidades me propuse no comprar en internet para apoyar al pequeño comercio. Estaba harta de salir a la calle y no encontrar vida. Todo el mundo busca buenas ofertas pero, en el día de mañana, si en el futuro quieres ir a un mercadillo y seguir encontrando cosas bonitas, tienes que apoyar este tipo de negocios”, termina diciendo.
En España, el comercio online ha crecido de forma exponencial: en 2023, más de 30 millones de personas compraron por internet, es decir, el 87 % de la población conectada entre 16 y 74 años, con un gasto promedio anual de 3.762 euros por comprador. Esta tendencia se ha acelerado en los últimos años, con aumentos del 18 % en ventas solo en el primer trimestre de 2025, y refleja un cambio claro hacia la comodidad y la búsqueda de precios competitivos.

Al final no se trata solo de dónde compramos, sino del tipo de ciudades en las que queremos vivir. Cada elección que hacemos como consumidores decide si nuestras calles tendrán vida, color y encuentros humanos, o si quedarán dominadas por la indiferencia y la uniformidad.
