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Españoles en el extranjero
Después de vivir cuatro años en Seúl, esta chica española se mudó recientemente a Jeju “en Seúl todo el mundo va muy rápido y eso al final es una especie de enfermedad”.

Yas del Pino, española en Corea (cedida)

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Españoles en el extranjero
Desde Guyana Guardian buscamos difundir tus vivencias en distintas naciones. ¿Te has trasladado fuera de España porque tu profesión recibe mayor reconocimiento en el exterior? ¿Has cruzado la frontera por una relación afectiva? Si has emprendido una nueva etapa lejos de tu tierra, contáctanos en [email protected]
Preparar el equipaje y trasladarse lejos del hogar no siempre obedece a la intención de hallar mejores oportunidades de trabajo. En ciertos momentos, se debe únicamente a las ganas de descubrir un territorio y una idiosincrasia que siempre han provocado interés. Tal es la situación de Yas del Pino (27), quien hace cuatro años eligió emprender un nuevo camino en Corea. La fascinación de esta joven española por el coreano surgió hace mucho, dado que hace 9 años inició el aprendizaje del idioma por afición y “me daba mucha curiosidad conocer como se vivía en Corea”, explica en un diálogo con Guyana Guardian.
Yas concluyó su formación en China sobre realización de cine y televisión y se mudó en 2022. “Llegué sin trabajo, pero me metí en la escuela de idiomas e hice dos cursos, que duraron 6 meses”, explica. Tras esto, consiguió un empleo en una compañía de moda “tuve mucha suerte porque a la gente le cuesta encontrar trabajo”. Manejar el idioma le permitió integrarse adecuadamente a la cultura y la vida coreana “la verdad es que no me costó nada, siempre he sido una persona muy trabajadora y siento que estoy todo el rato malgastando el tiempo si no estoy trabajando”, puntualiza. Estar rodeada de personas tan constantes me impulsó a superarme”, afirma.

Yas se desempeña como realizadora audiovisual y su empleo inicial en Corea fue en una firma de moda, donde por 1 año y medio se encargó de la producción de videos y la generación de materiales para la organización. “Durante el primer año me lo pasé genial. Tuve mucha suerte de encontrar una comunidad coreana muy agradable y muy amable. De allí saqué a mis amigas, pero después empezó a cambiar bastante”, explica.
Los estándares de las corporaciones son sumamente altos y tras el año inicial comenzó a sentir dicho estrés. “Hay una cultura de la jerarquía muy fuerte, no puedes ir y hablarle a tu jefe y ya está. Es todo muy respetuoso. A eso me costó acostumbrarme, ya que la cultura española es muy salada, intentas bromear o ser un poco sarcástica y me di cuenta de que no funcionaban así”, cuenta. El periodo final en este negocio fue más difícil y determinó que “no valía la pena, que no encontraba el beneficio de seguir trabajando en una empresa así”.
Me resultó difícil adaptarme a la jerarquía coreana puesto que la cultura española es sumamente espontánea.
En aquel momento optó por dejar su empleo, fundar su agencia de video y lanzarse como influencer; bajo el seudónimo @meenyaseu ha logrado congregar a más de 100.000 seguidores. Diseñé una estrategia y definí cuál sería mi audiencia y quiénes quería que vieran mis publicaciones. Paulatinamente ha ido construyendo su comunidad “hice una estrategia y decidí quién iba a ser mi audiencia y quién quería que consumiera mi contenido”, comenta.

Dada su afición por el cuidado de la piel, solía crear contenido audiovisual sobre sus rutinas “iba incorporando cremas y productos que me gustan e iba dando recomendaciones de productos”. Con el transcurso de los días, diversas marcas empezaron a contactarla para proponerle colaboraciones. Uno de los aspectos más gratificantes de su tiempo en Corea ha sido el desarrollo de una comunidad y la realización de su primer fan meeting. “Poder organizar un encuentro así, con marcas involucradas y personas que me siguen, ha sido un sueño cumplido, algo que no podía imaginar que conseguiría”, asegura. Mediante su negocio, Meenfilm, se encarga de suministrar “postales en movimiento, vídeos de una persona o pareja que viaja y quiere un vídeo bonito o quieren un recuerdo de este momento”, puntualiza.
Una estancia en Corea mientras realizaba su posgrado le permitió conocer a Jaesik Jo, su esposo desde hace 2 años. Mantener una relación con un coreano ha significado asimismo un choque de culturas en el hogar, ya que los hábitos son sumamente diferentes. “Aunque hable coreano, hay muchas cosas del lenguaje español que no se pueden traducir al coreano. Al principio, le sentaba mal porque pensaba que estaba siendo una mal educada, lo tuvimos que hablar, pero ahora ya se ha acostumbrado e incluso se ha españolizado”, comenta entre risas.
Su enlace también representó un contraste cultural ya que los festejos son muy distintos a los españoles. El acto apenas dura 1 hora y es sumamente masivo con 300 o 400 asistentes. “Se hace la ceremonia y una comida y después por la noche los novios quedan con sus amigos y salen a celebrarlo”. Uno de los instantes más conmovedores ocurre al concluir el rito. “Los novios hacen una especie de ritual con los padres, en el hombre se inclina hasta tocar el suelo y la mujer hace una reverencia. Es una forma de decir adiós. Gracias por lo que habéis hecho por mí hasta ahora, y ahora me toca a mí. Todo el mundo llora en este momento”, señala.

Justamente, el acogimiento que percibe de sus parientes políticos representa una de las vivencias más gratas de trasladarse a un lugar tan distante “tengo una suerte tremenda porque valen oro. Incluso en casa forman un setting con los móviles que nadie usa para ayudarme con las visualizaciones de mis videos de YouTube. Son un amor de gente, son de las mejores cosas que me ha dado Corea”.
Se tiene la idea de que la sociedad coreana es bastante distante, pero según mis vivencias personales opino que no
Abandonar la agitación de Seúl para trasladarse a Jeju.
Tras residir 4 años en Seúl, la tensión y la acelerada rutina de Seúl les ha impulsado a optar por trasladarse a Jeju. “En Seúl todo el mundo va muy rápido y eso al final es una especie de enfermedad. Aunque tengas un buen día, te montas al metro y ves a todo el mundo que va corriendo y estresado y se te arruina el día. Se te contagia esa ansiedad”, afirma.
El instante en el que consideró que este nivel de actividad no resultaba saludable ocurrió cuando “incluso viendo una película tenía que tener el ordenador encima porque sentía que estaba malgastando el tiempo”. No obstante, el hecho de que la urbe permanezca siempre activa posee igualmente ventajas. “A cualquier hora pides algo a casa y te llega, el metro es supereficaz, si se te rompe cualquier cosa en casa a la hora están arreglándotela y te piden disculpas por haber tardado”, relata.

Jeju es un sitio al que los ciudadanos de Seúl van para relajarse y, adicionalmente, su esposo cumplió con el servicio militar en ese lugar. “Es muy común alquilarse aquí una casa, uno, dos, tres meses, incluso un año. Y vivir aquí y volver a retomar energía y ya otra vez volver a Seúl. Cuando nos vimos que estábamos muy estresados y necesitábamos respirar nos pareció muy buena idea”, sostiene. Justamente en Jeju han observado una de las tradiciones que más ha fascinado a Yas, y se trata del concepto 'jeong', que alude a la consideración por los demás y es la manera de expresar afecto.
“Existe la creencia de que la sociedad coreana es muy fría, pero en mi experiencia considero que no. La gente intenta ser amable con el otro. Ahora que nos acabamos de mudar a Jeju y enseguida la vecina nos trajo una caja llena de naranjas, que son muy populares y nos dejó una notita que ponía ‘acabo de ver que os habéis mudado, feliz mudanza, soy la vecina de al lado cualquier cosa me podéis llamar”. Ciertamente afirma que este suceso en Seúl y otras urbes de gran tamaño no se percibe con facilidad ya que las personas “está tan estresada con su vida y tan ajetreada que se pierde ese cariño que existe en la cultura coreana”.
En Seúl la gente circula con excesiva prisa y tensión, convirtiéndose en una suerte de padecimiento.
En el plano individual, esta vivencia le ha otorgado una mayor sabiduría “y tener una visión del mundo más amplia”. Asimismo, afirma haber desarrollado más compasión y un entendimiento superior de las diversas culturas. “Me ha hecho crecer mucho mentalmente porque era una persona muy pesimista, y vivir aquí me ha ayudado a darme cuenta de que no puedes controlar todo y lo que tenga que ser será”, medita.

