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Desiré Penis Izquierdo, española en el extranjero: “He llegado a trabajar diez meses seguidos sin descansar ni un solo día y, al volver a España, no me contratan por estar “sobrecualificada””

Españoles en el extranjero

Como muchos españoles que emigran al extranjero, Desiré Izquierdo descubrió al volver a España que empezar de nuevo también forma parte del viaje

Desirée, vivió dos décadas navegando

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Vivir y trabajar en el extranjero no siempre es tan idílico como parece. Quienes deciden hacer las maletas suelen hacerlo empujados por mejores condiciones laborales, el deseo de aprender idiomas, el espíritu aventurero o la curiosidad de abrirse a otras culturas y formas de vida. Pero el precio, casi siempre, es el mismo: dejar atrás a la familia, los amigos y un lugar al que uno sigue llamando “casa”.

Con el tiempo, esa añoranza —y, por qué no decirlo, la calidad de vida que ofrece España— termina arrastrando de vuelta a muchos emigrantes. Sin embargo, la parte más difícil del viaje no siempre se vive fuera, sino al regresar. Encontrar vivienda, recuperar una estabilidad laboral o algo aparentemente tan sencillo como reconectar con los tuyos puede convertirse en un reto. Porque todo ha cambiado. Y la persona que se fue, también.

Desirée, española en el extranjero
Desirée, española en el extranjeroCedida

Desde Guyana Guardian conversamos con la canaria Desiré Penis Izquierdo, que pasó cerca de dos décadas navegando por aguas internacionales mientras perseguía su sueño profesional. Durante años se formó y creció en el sector turístico hasta convertirse en una figura clave en la organización de expediciones por todo el mundo. Su trayectoria la llevó a trabajar en The World Residences at Sea, el mayor yate residencial privado del planeta, donde alcanzó la cima de su carrera. Pero, al volver a España, descubrió que empezar de nuevo también forma parte del viaje.

¿Cuándo decidiste que querías vivir en alta mar?

Estudié Turismo y desde muy joven tuve claro que quería trabajar en cruceros y recorrer el mundo. Incluso antes de terminar la carrera, cuando todavía me quedaban un par de asignaturas, ya estaba trabajando. Mi primera experiencia fue en Pullmantur, y a partir de ahí empecé una etapa de varios años navegando.

Que te digan que estás ‘sobrecualificada’ es una forma elegante de cerrarte la puerta

Desiré Izquierdo

Vivió dos décadas navegando

Después de trabajar en cruceros, diste un salto hacia un turismo muy diferente: las expediciones. ¿Cómo llegaste hasta ahí?

Surgió una oportunidad y fue un cambio enorme. Empecé a viajar con científicos y con equipos que realmente te aportan conocimiento. Es un turismo de alta gama, sí, pero sobre todo es una forma distinta de entender el viaje: más consciente, más enriquecedora y con otro tipo de valor.

Desirée, española en el extranjero
Desirée, española en el extranjeroCedida

¿En qué consistía tu trabajo durante esas expediciones?

Yo era cruise director y formaba parte del equipo ejecutivo del barco. Coordinábamos todo lo que ocurría a bordo y durante la operación de expedición. Mi foco, junto con el hotel manager, era asegurar la excelencia del cliente y la calidad del servicio, dentro de un modelo que mezcla exploración y experiencia turística.

Más adelante trabajaste en el yate residencial privado más grande del mundo, The World Residences at Sea. ¿Cómo aparece esa oportunidad?

Cuando entras en ese nicho, empiezan a llamarte y a proponerte cosas continuamente, porque buscan perfiles muy cualificados. No imaginaba acabar allí, pero me contactaron y pasé un proceso de selección durísimo. Fue muy “a la americana”. Yo venía de trabajar en sistemas internacionales, incluso con un enfoque muy francés, pero aquello fue distinto: entrevistas larguísimas, de dos horas, con varias personas a la vez. Más allá de tu currículum, te analizan también a nivel psicológico. No era solo demostrar experiencia: era demostrar quién eres y cómo piensas bajo presión.

He llegado a trabajar 10 meses seguidos sin descansar un solo día. Trabajar en el mar es duro mentalmente

Desiré Izquierdo

Vivió dos décadas navegando

Una vez dentro, ¿qué funciones asumiste?

Mi puesto era program manager, similar a lo que había hecho antes, pero con más responsabilidad. Coordinaba un equipo de más de treinta personas y me encargaba de que toda la experiencia del residente estuviera perfectamente diseñada y ejecutada.

Desirée, española en el extranjero
Desirée, española en el extranjeroCedida

¿Cómo es el día a día en un crucero de lujo de este nivel?

Es fascinante, pero también muy duro. Trabajas muchísimo. Y cuando estás en expedición, además, dependes completamente del entorno: del mar, del viento, del clima. Tú planificas, pero no siempre puedes operar. Hay que tener varios planes preparados y adaptarte sobre la marcha.

En el caso de The World, el perfil de cliente es muy singular. ¿Quién viaja ahí?

Esa es la particularidad: en The World no hay pasajeros como tal, hay residentes. Son propietarios del barco, tienen su apartamento allí y viven a bordo. Es un concepto único.

Hay unas 80 residencias. La capacidad ronda entre 130 y 200 personas, pero normalmente convivían unas 100. Podrían ser unas 50 o 60 familias, aunque también va cambiando porque hay ventas y llegan nuevos residentes.

Decidí no tirar la toalla y ser guerrera, como siempre. He izado velas rumbo a una nueva aventura y he montado mi propia empresa

Desiré Izquierdo

Vivió dos décadas navegando

¿Por qué decidiste volver a España después de tantos años navegando?

Fue una decisión personal. Mi pareja también navega, y los dos embarcados era complicado. Él es marino mercante y para él era más difícil reorientar su carrera desde aquí. Yo soy canaria y en Canarias hay turismo por todas partes, así que estratégicamente tenía más sentido que el cambio lo hiciera yo primero.

¿Qué era lo más duro de vivir en el mar?

Lo más duro era echar de menos un abrazo. Puedes hacer amistades en todo el mundo, claro, pero a bordo tú no eres solo “tú”: eres tu cargo. Y además tienes un rol de seguridad, porque puede haber un incendio o una emergencia.

A medida que asciendes, te aíslas más, porque pesa más el rol que la persona. Cuanto más arriba estás, más sola te sientes. Pasas momentos muy difíciles y, mientras todos creen que estás recorriendo el mundo bebiendo caipiriñas, tú estás encerrada, llorando en tu cabina. Pero no lo compartes para no preocupar a los pocos que aún te quedan en España.

Mentalmente también es duro porque, cuando estás enrolada, trabajas todos los días. Yo he llegado a hacer diez meses sin un día libre. Oficialmente, trabajaba 10 horas al día, pero la realidad muchas veces es más exigente.

Desirée, española en el extranjero
Desirée, española en el extranjero

¿Cómo fue el regreso a España?

Decidí volver por una situación personal, pero lo más difícil fue encontrar trabajo. Cuando terminas la carrera, nadie te contrata porque no tienes experiencia. Y después de años trabajando, ahora tampoco te contratan porque estás “sobrecualificada”: tienes preparación, hablas idiomas y acumulas demasiados años de experiencia.

Entonces vuelves a pensar en todo lo que dejaste atrás para convertirte en esa persona: la familia, los amigos… Pero en España… no eres nadie, y nadie te da una oportunidad. O, peor aún: algunas personas no ven tu capacidad como una ventaja, sino como una amenaza.

Más allá de lo profesional, duele en lo humano. Te sientes invisible. Te sientes pequeña. Te das cuenta de que, en ese contexto, no eres nadie. Que tus sueños, tus ambiciones, tu talento, tu propia persona… se diluyen en un silencio indiferente. Y es aún más duro cuando eres consciente de todo lo que podrías ofrecer.

¿Conseguiste encontrar trabajo?

Decidí no tirar la toalla y ser guerrera, como siempre. He izado velas rumbo a una nueva aventura y he montado mi propia empresa de expediciones en La Palma: la primera de Canarias que apuesta por el turismo regenerativo.

Quiero seguir acercando a viajeros y comunidades a través de experiencias únicas e irrepetibles, que van más allá de las fotos, y mostrar unas Canarias que no salen en los folletos. También quiero que el turismo contribuya a la conservación del patrimonio de esta isla única, Reserva de la Biosfera.

¿Cómo está siendo el salto a montar tu propio proyecto?

Está siendo difícil, pero también bonito. Lo hago por mí, pero también porque vengo de un modelo de turismo que tiene sentido: que enseña, que transforma, que aporta. Yo creo en un turismo que te cambia por dentro, no en uno que solo te entretiene. Y siento que en Canarias hay una cuenta pendiente con eso.

Anna Calpe Garcia

Anna Calpe Garcia

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Periodista en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Graduada en Periodismo y Comunicación Corporativa por la Universidad Ramon Llull.

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