“Ayudar a mi padre jubilado con las colmenas me enseña cómo funciona el mundo”, Jorge Contreras, 28 años, aficionado a la apicultura en Burgos
Un hobby familiar
Jorge Contreras sigue los pasos de su padre, quien de joven empezó a trabajar con colmenas. Hoy comparten este hobby en Gamonal, Burgos

Jorge Contreras, fotoperiodista aficionado a la apicultura
Jorge Contreras tiene 28 años, reside en Burgos y trabaja en el Ayuntamiento de la ciudad. Aunque su gran pasión es el fotoperiodismo, también dedica parte de su tiempo a una actividad muy distinta: ayudar a su padre, ya jubilado, con sus colmenas de abejas.
Según el Registro de Explotaciones Ganaderas (REGA), en abril de 2025 España contaba con 36.833 explotaciones apícolas. Entre ellas está la de Jorge y su padre, que defienden el valor de compartir un hobby en familia y que este les acerque al mundo rural. “Nuestras generaciones están empezando a perder ese contacto con la naturaleza”, asegura el joven. Y, añade: “La apicultura, además, es un mundo muy apasionante”.

Desde pequeño ha visto a su padre trabajar con las colmenas.
Sí, aunque en mi casa no nos dedicamos a ello de forma profesional. Mi padre veía a su abuelo hacerlo en el pueblo. Siempre tuvo interés y, a partir de 18-20 años, empezó con unas colmenas, y sigue a día de hoy, 50 años después. Yo poco a poco me he ido metiendo, le he ido ayudando, voy aprendiendo y, hoy en día, llevamos la explotación él y yo.
¿Le gustaría dedicarse a la apicultura en un futuro?
No... Lo veo más como un hobby, porque al final no es lo mismo trabajar con 50-60 colmenas, que son las que tenemos, que por lo menos con 500, que son las que más o menos se deberían manejar para poder vivir un poco bien. Al final, vendiendo miel se puede vivir, pero es complicado depender únicamente de la producción de miel de un año.
¿La producción de miel no es el sustento de su familia?
Mi padre ha trabajado en una fábrica de madera, más tarde montando muebles y luego acabó en el ayuntamiento de Burgos, porque se sacó una oposición, y sus últimos años estuvo allí. Ahora está jubilado. Lo que producimos es para consumo propio y también vendemos a conocidos y amigos.
¿Hay que tener algún permiso para poder tener colmenas en casa o dónde las tienen?
Cuando tienes una explotación apícola, en este caso, tienes que darla de alta en la junta de tu comunidad autónoma para que te den un número de explotación. Además, las abejas, en mi caso, son ganado vivo, por lo que necesitan sus requerimientos, sus tratamientos veterinarios y demás. Si quieres venderla en comercio, debes ceñirte a la legislación que hay vigente, sobre todo en lo referente al etiquetado. Como productor primario, puedes vender miel con el número de explotación que tú tienes.
¿Tiene una rutina establecida para la apicultura que compagine con tu trabajo?
Depende de la época del año. No puedes ir al colmenar en cualquier momento. Es decir, por poder puedes, pero ahora, por ejemplo, en invierno, las colmenas están invernando: las abejas están dentro dándose calor constantemente y alimentándose. Entonces, en invierno hay que ir cada 20 días más o menos para echar un ojo a ver si necesitan que les eches un aporte de alimento.
Cuando empieza la primavera sí hay que ir cada 7 o 15 días para estimularlas con agua con azúcar para que la reina vea que hay movimiento y así empiece a criar más, para que ponga más larvas y, de cara a que empiece el verano, la colmena esté fuerte para poder sacar algo más de rendimiento.
¿Les compensa este hobby?
Es algo emocional, no es una forma de ganarnos la vida ni de tener un beneficio económico. Mi padre las tiene por eso, porque le gusta. Hay quien, al jubilarse, juega a juegos de mesa o tunea coches, y hay otros que tienen una huerta y unas colmenas y se van todas las mañanas a trabajar por ello.

Tener árboles frutales, una huerta o gallinas te ayuda a entender cómo funciona el mundo
¿Es algo que le gustaría que pasara a la siguiente generación?
Sí, pero no únicamente por algo sentimental, sino porque creo que nuestras generaciones están empezando a perder ese contacto con la naturaleza. Hay una palabra que he leído alguna vez, que se llama slow life, vida lenta, y creo que este tipo de cosas, -ya sea tener árboles frutales, ya sea tener una huerta o ya sea tener unas gallinas-, al final te apega mucho más a la tierra y también te ayuda un poco más a entender cómo funciona el mundo.
Además, las abejas son polinizadores y representan ahora mismo, no sé si era un 70 o un 80 por ciento de la polinización mundial. Es un animal necesario y, además, que el mundo de la apicultura es un mundo muy apasionante en ese sentido.
