De doctor especialista en cirugía de columna a ser operado tres veces: “Durante años, mi relación con el sufrimiento ajeno fue profesional, pero ahora comprendo que el dolor no se entiende, se atraviesa”
CAMBIO DE ESCENARIO
Sus tres operaciones de columna vertebral le han permitido empatizar mucho más con sus pacientes y crear un clima de confianza antes y después de las intervenciones

Augusto Covaro, doctor especialista en cirugía de columna (cedida)

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Durante cerca de dos décadas, el doctor Augusto Covaro ha tratado a miles de pacientes y ha operado con éxito a muchos tantos. Covaro es cirujano ortopédico especialista en cirugía mínimamente invasiva de columna. Tras una vida dedicada a la cirugía de columna, su manera de ejercer la profesión cambió a raíz de vivir el dolor en su propio cuerpo y de tener que ser operado hasta en tres ocasiones de la columna vertebral. Una experiencia que ha marcado su trayectoria profesional y la forma de acompañar a sus pacientes durante el dolor y el paso por el quirófano. “Durante años, mi relación con el sufrimiento ajeno fue profesional, rigurosa, honesta, pero inevitablemente externa. Yo observaba el dolor; no lo habitaba. Hasta que la vida me colocó en el lugar del paciente”, explica para Guyana Guardian.
En un período de casi tres años fue operado hasta en tres ocasiones de la columna y vivir el proceso desde el otro lado “con el miedo y el sufrimiento que conlleva, me ha llevado a una reflexión profunda sobre la medicina y sobre la relación médico-paciente y cambiar hábitos o aspectos de mi práctica diaria”, confiesa. Pese a tener una vida saludable y dedicada especialmente a los deportes de montaña, el dolor le obligó a parar.
Durante años, mi relación con el sufrimiento ajeno fue profesional, rigurosa, honesta, pero inevitablemente externa
“He visto el abismo. Nunca había entrado en un quirófano como paciente”, asegura. La tercera operación llegó después que las dos anteriores no funcionaran de la forma que se esperaba, este momento fue emocionalmente complicado “recuerdo que la tercera vez que entré, me puse a llorar porque pensé que igual tenía que aceptar que esta vez tampoco saldría bien y no podría volver a correr ni a seguir con mi vida normal”.
Formado entre Argentina y España, con una trayectoria que combina hospitales públicos y privados, completó su residencia en cirugía ortopédica y traumatología en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol, de Badalona. Covaro recuerda estos tres años de operaciones como un camino “muy angustioso, no solo por el dolor físico sino por los miedos y la vulnerabilidad que conlleva el poder llegar a perder tu identidad como persona y eso ha hecho que vea mi actividad profesional desde otra perspectiva”. Esta experiencia le ha ayudado a comprender “una verdad sencilla y radical: el dolor no se entiende, se atraviesa”.

Hay momentos en los que la palabra técnica no consuela. Lo que consuela es la presencia
A partir de su experiencia personal, el especialista intenta que sus pacientes no solo obtengan una cirugía “de excelencia”, sino que también se sientan acompañados en el proceso. “No solo les digo que la operación va a salir bien, sino que también que les voy a ayudar en todo para que vuelvan a ser ellos”, afirma. En este sentido, reflexiona que a empatizar con los pacientes no se aprende en la universidad o en formaciones académicas “sino con la vida, y lamentablemente, lo he aprendido en mi propia carne por haber estado al otro lado”.
Covaro destaca que siempre había creído que “la claridad y la explicación” eran los pilares de una buena práctica profesional, sin embargo, como paciente aprendió que “hay momentos en los que la palabra técnica no consuela. Lo que consuela es la presencia. La mirada que no huye. El silencio compartido. La certeza de no ser reducido a un diagnóstico”. Desde entonces, antes que sus pacientes entren en quirófano, establece una serie de ritual sencillo, pero emotivo “les tomo la mano y les digo que todo va a ir a bien. No es una promesa vacía, sino un compromiso ético, les digo que estaré allí con ellos y hablaré con su familia y le diré que todo ha ido bien, esto hace entrar a la gente con mucho menos miedo”.

El doctor defiende que no se tiene que mentir a los pacientes sobre las consecuencias de la cirugía “le explicas todas las estadísticas, pero es un número absoluto y lo que aprendes en la universidad”, sin embargo, su experiencia personal le ha llevado a cambiar la forma de ver esta realidad y utiliza otras herramientas “hay que comentar la parte técnica, pero también ir a la humana y ofrecerle al paciente mi compañía y mi apoyo”. En este sentido, reflexiona que “hay profesionales que son muy fríos y aunque el resultado será el que tenga que ser, pero es muy diferente la manera como acompañas a la persona y como lo viva, incluso si el resultado no es el óptimo y si hay una complicación la gente lo vive de otra manera si la tratas de una forma o de otra”.
Hay que comentar la parte técnica, pero también ir a la humana y ofrecerle al paciente mi compañía y mi apoyo
Profesionalmente, esta enfermedad también le ha afectado. “No ha sido fácil, han sido tres años con mucho dolor, mucha discapacidad y mucha limitación. Tuve muchas preguntas antes de operarme de la columna”, relata. Por esta razón es que entiende las dudas de sus pacientes y cuando le dicen que no quieren operarse. “No estoy para convencerte ni seducirte para que te operes, estoy para decirte la verdad y acompañarte”, añade.

Exponer todos los escenarios al paciente es clave para que la comunicación médico-paciente sea buena, sin embargo, “cada persona es diferente y quieren que le hablen diferente. Muchos te piden que les hables con claridad y no les ocultes nada”. Covaro reflexiona que hay médicos que son más fríos y pragmáticos, que te cuentan el problema y ya está, pero “yo me siento reflejado y cuando hay una noticia muy dura, muchas cosas al cerrar la consulta y se me escapa una lágrima. Sobre todo cuando es gente joven o alguien que no se cree lo que le está pasando”.
Sentir el miedo y la soledad de un quirófano ha hecho que la empatía de Covaro respecto a sus pacientes haya crecido mucho. “La gente está muchísimo más agradecida y pierde el miedo”, aunque reflexiona que “haría el mismo número de cirugías y tendría el mismo número de pacientes si fuese de una manera o de otra, pero me reconforta más ver la sonrisa de la gente y su agradecimiento y el de su familia”.