María López, 68 años, jubilada y abuela más guapa de España: “Soy madura y sé lo que quiero. Ojalá otras mujeres fueran como yo y tuvieran la mente más abierta”
Después de los 50
A los 68 años, María López sigue activa y con proyectos propios; ganadora de Mrs. Grandma Galicia 2025 y Mrs. Grandma España 2025, demuestra que la edad es solo un número

María López, 68 años

“Envejecer con dignidad implica tener la autoestima muy alta. Levantarte por la mañana, ponerte los tacones, pintarte los labios de rojo y decir: ‘Esta soy yo y voy a disfrutar al máximo’”. Esa es la actitud con la que María López, conocida como la abuela más guapa de España, empieza cada día. A sus 68 años se define como una mujer empoderada, “que ha pasado por mucho” y que ha aprendido a plantarle cara a cada adversidad. Porque, insiste, de eso se trata la vida: de poner empeño y salir más fuerte de cada golpe. Empezó a trabajar siendo apenas una niña y no paró hasta los 65.
Hoy, ya jubilada, sigue activa y decidida a exprimir esta nueva etapa. Natural de Boimorto, un pequeño pueblo de La Coruña, ha dedicado su vida al mundo de la estética y la peluquería. Ahora también comparte su día a día en redes sociales (@maria_lopez_act.model), una ventana que le abrió la puerta a convertirse en Mrs. Grandma Galicia 2025 y Mrs. Grandma España 2025. “La edad es solo un número”, repite. En esta entrevista cuenta cuáles han sido los aprendizajes más valiosos de su vida y cómo mira al futuro sin miedo.
La edad no tiene por qué limitar nada. Yo asumo mis arrugas, me encantan, la piel más suelta o el pecho caído, porque son señales de vida
Empezó a trabajar muy joven, ¿cómo cree que esa experiencia marcó su vida y su forma de enfrentarse a los desafíos?
Me marcó para bien y me enseñó lo que es la responsabilidad siendo muy joven. Con siete años ya tuve que madurar; con 13 empecé a trabajar y no he parado hasta los 65. Aprendí desde pequeña a enfrentarme a los problemas y a resolverlos, y eso me dio una fuerza increíble. Siempre ejercí de hermana mayor y, más adelante, me divorcié y me quedé sola con dos hijos, uno de 11 y otro de cuatro años. Tuve que enfrentarme a situaciones que ni siquiera sabía manejar, como ir al banco, porque lo había delegado todo en mi marido. A partir de ahí me empoderé de tal manera que no tenía tiempo para deprimirme ni bajar la guardia: tenía que sacar adelante a mis hijos, mi negocio y todo lo que se me vino encima durante muchos años. Fue un aprendizaje duro, pero me hizo mucho más fuerte.
¿Qué aprendizajes de su vida personal y profesional cree que son más valiosos para otras mujeres de su edad?
El aprendizaje más valioso es entender que incluso las situaciones más duras te fortalecen. Cuando tienes responsabilidades no puedes permitirte hundirte, simplemente sigues adelante. Y cuando te enfrentas a algo que no sabes hacer, como me pasó a mí, que ni siquiera sabía ir al banco, aprendes. Siempre se aprende y se sale adelante. Con el tiempo, todo lo vivido te da una seguridad muy grande, la certeza de que, pase lo que pase, tendrás fuerzas para afrontar lo que venga.

Ha vivido varias etapas importantes, ¿cómo cree que la madurez le ha dado libertad y seguridad?
No te queda más remedio que ir madurando. Con cada año que pasa, tu perspectiva de la vida y del día a día cambia. La libertad llega cuando ya no tienes que cumplir con personal, bancos o proveedores rigurosamente todos los meses. También llega con la certeza de que tus hijos tienen su propia vida: tú seguirás apoyándoles, pero ya son ellos, ya han crecido. Y la seguridad surge de todo lo que has vivido: sabes que, pase lo que pase, todo va a salir bien, que seguirás adelante y que siempre tendrás fuerzas para afrontar lo que venga.
Ojalá pueda ser un referente para otras mujeres de mi edad, porque estamos en una etapa en la que, dentro de unos parámetros, podemos hacer lo que queramos
¿Cómo ve la diferencia entre su generación y la juventud actual?
Hasta hace pocos años no veía mucha diferencia, pero ahora sí estoy viendo bastante más. Creo que se han perdido los valores más importantes: el respeto por la familia, por nuestros seres queridos, por lo que nos han enseñado nuestros padres, respetar a todo el mundo. Ahora vale todo. La gente joven tiene otra proyección, son más egoístas y no valoran los principios que, por lo menos a mí, me ha inculcado mi familia. Valoran más todo lo superficial. Las redes sociales son criminales, creo que no es una buena cosa o como lo estamos afrontando y llevando en general. Entonces sí noto la diferencia, ahora cada vez más ya me doy cuenta de que ya soy muy abuela.

¿Qué importancia tiene para usted ser un referente y motivar a otras mujeres de su edad?
Ojalá pueda ser un referente para otras mujeres de mi edad, porque estamos en una etapa en la que, dentro de unos parámetros, podemos hacer lo que queramos: viajar, entrenar, disfrutar de nuestras amigas, tener más ocio o atrevernos con la moda. Cumplir años no significa renunciar a nada. Me considero una mujer madura y sé lo que quiero. Ojalá otras mujeres fueran como yo y tuvieran la mente más abierta. La edad no tiene por qué limitar nada. Yo asumo mis arrugas, me encantan, la piel más suelta o el pecho caído, porque son señales de vida, de que sigo aquí. Lo importante es la parte interna de cada persona, no solo el físico; si no, viviríamos escondidas. Hay que abrir la mente, salir al mundo y comérselo, y ojalá pueda servir de referente para quienes piensen así, aunque no tengan que ser todas.
¿Qué consejo daría sobre envejecer con dignidad, autoestima y ganas de seguir disfrutando la vida?
Envejecer con dignidad significa hacerlo con la autoestima muy alta. Levantarte por la mañana, ponerte los tacones, pintarte los labios de rojo y decir: “Esta soy yo, y voy a disfrutar al máximo”. ¿Por qué íbamos a perder la dignidad por cumplir años? Ya hemos vivido los 30, los 40, los 50; ahora esta nueva etapa consiste en seguir adelante con nuestras arrugas, con algún kilo de más o con más achaques, pero sin perder las ganas. Siempre hay que mirar hacia delante, en positivo.


