Carlos del Pino, fotógrafo y viajero: “La principal diferencia con viajar hace unos años es que todo es más fácil, tienes todo más a mano”
Recorriendo el mundo
El joven de 29 años decidió empezar a viajar de manera más recurrente a partir de la pandemia

El creador de contenido Carlos del Pino, en un viaje por Alemania

Hay imágenes que se consumen en segundos y otras que se quedan a vivir en nuestra memoria. Instantáneas que contienen esa chispa que convierte lo cotidiano en extraordinario. En un tiempo en el que cualquiera puede disparar una cámara y subir el resultado al instante, no todos logran atrapar algo más profundo. Carlos del Pino sí lo hace. Fotógrafo y viajero, ha recorrido los rincones más remotos y sorprendentes del planeta. Sus encuadres de países como Sri Lanka, Baviera, Islandia o las Maldivas no solo muestran un paisaje, sino la misma vibración que él siente al verlo.
Nacido en Barcelona, el joven de 29 años trabaja en una fábrica en Martorell. Aunque su día a día transcurre entre turnos y la rutina industrial, su brújula apunta más lejos. “Dedico todo el tiempo libre que puedo a viajar”, explica. Su compañera incansable en estas travesías es su cámara. “He hecho todo tipo de fotografía. Deportiva, bodas, algún bautizo... Pero, lo que más me ha conectado ha sido plasmar la naturaleza de los sitios”, afirma. Es por eso que, para él, desplazarse y crear imágenes forman parte de un mismo impulso. “Van de la mano. Viajo para hacer fotos y cuando voy a hacer fotos, viajo. No hay una cosa sin la otra”, expresa.
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Aunque siempre le habían gustado, el punto de inflexión llegó en 2020. Como a muchas otras personas, la pandemia le obligó a detenerse y, en esa pausa, encontró dirección. “Después de tanto tiempo encerrado, cuando volvió la normalidad, me di cuenta de que quería tomar ese rumbo en mi vida. Viajar, conocer sitios y, sobre todo, fotografiar para tener ese recuerdo perfecto del lugar”, manifiesta. Empezó con las Canarias y de ahí fue escalando a las Azores, los Dolomitas y, después, horizontes más lejanos.

Fue así, casi de manera imperceptible, que profesionalizó sus hobbies con un perfil de Instagram que le ha servido de escaparate personal. “Empecé a subir fotos de mis viajes para compartirlos. A raíz de eso, a la gente le gustó y empezaron a seguirme para descubrir esos lugares. Hice incluso unas guías gratuitas también”, comenta.
Diseñar un mapa propio
Como muchos viajeros, Carlos tiene en mente los destinos que quiere visitar. Una vez escoge entre los países de su lista, empieza la preparación. “Es más sencillo de lo que parece. Solo tienes que cuadrar tu tiempo libre con los sitios que quieres ver. Por ejemplo, si solo tienes una semana, no vas a organizar un viaje a la otra punta del mundo”, señala. Seleccionado el país, recomienda conocer los visados que piden, los métodos de pago permitidos y las estancias máximas. “Es cuestión de informarse y de adaptarse, y hacerlo con mucho tiempo”, dice.
Para viajar solo tienes que cuadrar tu tiempo libre con los sitios que quieres ver
Reservados los vuelos, el hotel y el transporte, si lo necesita, empieza la parte más emocionante: dibujar su propio itinerario. La inspiración puede surgir de un blog, de un creador local o de una conversación digital inesperada. “Los viajes los organizo yo. Puede surgir alguna colaboración con una empresa de alquiler o alojamiento. Hace poco visité la Vall d’Aran tras hablar con el gobierno de allí. Pero, en principio, el viaje lo organizo y lo creo yo”, narra.

La foto perfecta
Una vez en el destino, la prisa desaparece. No cree en tener una ruta fija e inamovible, sino que se deja llevar. No solo a la hora de conocer el país, sino también en cómo fotografiarlo. “No hay una técnica concreta para sacar la foto perfecta. Es simplemente llegar al lugar y tomártelo con mucha calma. No funciona llegar, hacer una foto e irte”, relata. Además, él prefiere madrugar o esperar al atardecer, cuando la luz se vuelve honesta y el bullicio disminuye.
El silencio y el tiempo son sus mejores consejeros. “El estar solo y tranquilo me permite visualizar mejor el entorno y conseguir esa foto que yo considero bonita. A ver, a veces es inevitable que haya personas en sitios muy turísticos, pero intento hacerlo así”, dice. A veces, la escena soñada no aparece. Otras veces, surge cuando menos lo espera.
Un ejemplo claro fue Suiza. “Allí, todos los paisajes son espectaculares, cuesta encontrar uno que no sea bonito. Pero un día, haciendo una ruta más desconocida por un camino, encontré un mar de nubes, un fondo de bosques, unos colores y un atardecer que no me esperaba”, recuerda. Es precisamente estos momentos que no se pueden prever los que se convierten en recuerdos imborrables: “Alguna vez, estas fotos improvisadas se han convertido en las que más me han gustado de ese viaje”.
Su filosofía para viajar
Hay tantas formas de viajar como personas existen en el mundo, pero Carlos tuvo claro muy pronto qué clase de viajero quería ser. “Uno de mis primeros viajes fue el típico al que vas a un resort en una destinación internacional de costa. La forma de viajar no me convenció. A raíz de ese viaje y después de hacer otro muy diferente, más personalizado y a mi aire, me di cuenta de qué era lo que buscaba”, apunta.

Descubrió que tener libre albedrío para poder decidir el ritmo, el rumbo, el silencio era esencial para él. “Tener la libertad de poder decidir dónde vas a estar en cada momento”, resume. Una filosofía que le ha permitido vivir de manera diferente los viajes, dejándose cautivar por la parte más indómita de cada destino. “El país que más me ha sorprendido ha sido Tailandia. No sé si puede ser porque fue la primera vez que viajé a Asia, pero es la vez que más me impactó el choque cultural, el clima, los paisajes y las ciudades. Lo vi todo como muy diferente a lo que estaba acostumbrado”, revela.
El país que más me ha sorprendido ha sido Tailandia, lo vi todo como muy diferente
Eso sí, Carlos asegura que tampoco se ha encontrado con un salto que le impidiera disfrutar del destino. “Es gente muy amable, una cultura muy abierta siempre que la respetes. Entonces, me ha chocado más por no estar acostumbrado, no por esperar una cosa y encontrarme otra”, matiza.
La democratización de los viajes
Viajar es hoy más sencillo que hace una década. Las plataformas, los vuelos y las reservas están a un simple clic de distancia. Una democratización que Carlos ha percibido: “La principal diferencia con viajar hace unos años es que todo es más fácil. Tienes todo más a mano para organizarte, para coger los vuelos e, incluso, puede salirte más económico”.

Esto ha llevado a que cada vez haya más gente visitando lugares lejanos y, a su vez, una mayor saturación, lo que ha obligado a los países a “poner medidas de aforo, precios más altos y tasas turísticas diferentes”, enumera. Él intenta esquivar la multitud refugiándose en enclaves naturales, alejados del circuito más transitado. Basta recorrer su perfil para comprobarlo. Las ciudades aparecen, sí, pero como parte del recorrido, no como destino. “Siempre busco esa parte salvaje, la naturaleza propia de cada país”, afirma.
Hoy por hoy, Carlos no tiene la más mínima intención de dejar de viajar. En su lista de deseos sigue habiendo muchos sueños por cumplir, uno más persistente que otros: “Me encantaría hacer un safari en África. Hace años que lo pienso, desde antes de la pandemia, incluso. No se ha dado la oportunidad, pero espero que sea más pronto que tarde”. Estas ganas inagotables de viajar son las que le empujan a soñar con que su cuenta de Instagram deje de ser solo una pasión paralela. “Sería una gran opción. Ahora es más un hobby, pero sería una opción muy interesante poder vivir únicamente de ello en el futuro”, concluye.
Toma nota
Lo que no te habían contado sobre viajar
“Creo que ahora mismo viajar está como en alza, todo el mundo quiere visitar sitios”
“Hay destinos que son más exigentes con el papeleo que otros. Algunos te piden solo el visado, otros que rellenes muchos formularios”
“El comportamiento de los otros viajeros es bastante correcto, quizá en lugares más masificados como las ciudades no es así”
Entre los horarios de un trabajo como cualquier otro y la ilusión de coger un avión, Carlos ha construido un equilibrio poco común: sostener la rutina sin renunciar al asombro. Su proyecto le sirve para compartir sus sensaciones de un lugar, sin prisas y a través de su mirada. Y en cada encuadre, recordarnos que no se trata solo de estar en un lugar, sino de saber verlo.