Mia Wave, DJ y exentrenadora de delfines en Malta: “No volvería a España, hay que mirar por uno mismo y no veo allí el futuro que tengo aquí”
Un cambio de vida
Originaria de Reus, Mia decidió volcarse en su carrera musical al llegar a la isla del Mediterráneo

Mia Wave llegó a Malta hace 11 años

Una terraza abierta al Mediterráneo, el sol hundiéndose lentamente en el horizonte y una línea de graves que empieza a latir cuando la luz se vuelve anaranjada. Mientras algunos conversan y charlan en el Café del Mar en Malta, hay una figura concentrada en la cabina. Originaria de Reus, Mia Wave, de 37 años, no busca protagonismo, sino conexión a través del viaje sonoro que ha preparado. Esta pequeña isla en medio del Mediterráneo es su hogar desde hace 11 años, pero el trayecto hasta aquí ha sido largo y lleno de bifurcaciones.
Antes de la mesa de mezclas, hubo dificultades y decisiones incómodas. Una enfermedad por la que estuvo ingresada un mes en la UCI supuso un punto de inflexión en su vida que le llevó a replantearse sus prioridades. Desde entonces, cada paso ha sido una declaración silenciosa de quién es, siempre fiel a sí misma y a su concepto musical. Y es que, en un entorno nocturno que a menudo premia el exceso y la exposición constante, Mia ha construido una carrera desde la disciplina y la sensibilidad extrema. En esta entrevista para Guyana Guardian, la DJ habla abiertamente del proceso de adaptación a un nuevo país, de cómo es vivir con la neurodivergencia que le diagnosticaron y qué sueños le quedan por cumplir.
Tu historia
Españoles en el extranjero
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¿Cuándo decidiste mudarte a Malta?
Mi historia es un poco heavy. Estuve a punto de morir. Cogí una infección en la sangre que me apagó todo el cuerpo. Estuve en la UCI un mes. Cuando me recuperé, me dije: “Tengo que cambiar de vida. No quiero seguir con lo que hago, sino que quiero hacer lo que me llena”. En ese momento, pensé en hacer algo con animales porque siempre he estado muy cerca de ellos. Antes estaba con caballos, entrenando a nivel nacional y cuidándolos.
Empecé a contactar a gente y surgió la oportunidad de hacer unas prácticas como entrenadora de delfines durante tres meses en Malta. Era sin cobrar, así que tuve que trabajar un tiempo en un hotel para mantenerme. Pasado ese tiempo, me hicieron un contrato. Estuve un año, pero vi la realidad que vivían esos animales. Lo siento, pero no quiero ser hipócrita. Cuando ves que algo está mal, tienes que irte. Por amor a los animales, me fui. Y entonces, empecé con la música.

¿Cómo fue tu adaptación a la isla?
Desde que me mudé, la isla ha cambiado mucho, pero cuando llegué, pensaba: “Ay, madre mía, ¿dónde me he metido?”. Nunca había viajado, nunca había cogido un avión sola. Al principio, aunque son mediterráneos, me costó entender la cultura.
¿Cómo empezaste a pinchar?
La música siempre ha formado parte de mi vida, junto con los animales. Antes, hacía cuñas de radio o jingles cantados. En aquel momento, estaba con gente que era DJ y me enseñaron. Fue entonces cuando me di cuenta de que era mi vocación. Tuve suerte y pude empezar a trabajar muy rápido. Creo que estuve un mes haciendo pruebas. Mi primera sesión fue para fin de año. Me temblaban las manos, era demasiado. Luego, empecé en el grupo Hugo’s, que tiene varias discotecas y restaurantes. Primero eran tres veces a la semana, luego cuatro. Ahí estuve cuatro o cinco años.
Cuando llegué a Malta, pensaba: “Ay, madre mía, ¿dónde me he metido?
¿Cómo es ser DJ y vivir con neurodivergencia?
Me diagnosticaron hace cuatro o cinco años. Tengo autismo y TDAH. Significa que mi cerebro funciona de manera diferente. Durante muchos años no lo supe, pero siempre me he sentido como pez fuera del agua. El autismo me dice una cosa y el TDAH, que es todo lo contrario, otra. Están discutiendo todo el día.
Como DJ, puede ser un superpoder porque, siendo autista, puedo percibir con sensibilidad extrema los detalles y tener una conexión profunda con la música y el público. A la vez, fuera de la cabina es agotador y estresante porque odio tener que comunicarme. Sé que, si quiero más, tengo que aprender a ser más sociable, pero me cuesta mucho. Además, sufro muchos burnouts. Es como una sobreestimulación de ruido constante, de expectativas sociales, de la red social que tienes que crear... Esto hace que después de un festival esté tres días sin salir de mi habitación.

¿Qué significa para ti ser DJ residente en Café del Mar?
Es mi lugar favorito. Es una pasada, no tiene comparación. Había tocado allí de forma esporádica por algún festival hasta que, hace cinco años, me contactaron para pinchar un miércoles. Luego empezaron a hacer los Café del Mar Sundays. Desde entonces, creo que he sido la que más ha pinchado ahí. Es muy guay, es un subidón. Ese mismo año, me llamó el grupo que lleva los festivales más importantes. En cuanto tienes la oportunidad de demostrar quién eres con una buena propuesta, se te abren muchas más puertas.
Eres DJ, pero no te gusta la fiesta
Me cuesta muchísimo. Nunca me ha gustado la fiesta, ni en mi adolescencia. Solo salgo cuando tengo que trabajar. Siempre estoy en un rincón dos horas y, cuando se me termina la batería social, adiós. No bebo alcohol, no me drogo.
¿Has notado diferencias por el hecho de ser mujer?
Al principio, solo éramos tres DJs chicas en Malta. No nos tomaban en serio. Te miraban, como diciendo: “¿Por qué estás tocando? ¿Porque eres mujer o porque tienes talento?”. Pasaron años hasta que me empezaron a tomar en serio. Años de callar bocas, de trabajar y de demostrarlo con mis propios hechos.
¿Y por no ser maltesa?
Está claro que siempre hay favoritismos y que la tierra tira, pero no son tontos. Ven que Malta se está volviendo cada vez más popular y tienen que mezclarse, sino la gente se cansa. La isla se está desarrollando cada vez más. Hay mucha más población y muchos más extranjeros que antes, y se tienen que adaptar.
Pasaron años hasta que me empezaron a tomar en serio
¿Cómo creas tu música?
Soy súper perfeccionista. Cuando me preparo para pinchar, visualizo los temas. Con qué canción empezaré, la historia que quiero contar. No puedo meter canciones una detrás de otra. Necesito ver cómo reaccionan, necesito crearles intensidad. Y yo quiero tener la piel de gallina, que es lo que a mí me da ese subidón de adrenalina.
¿Todos tus ingresos vienen de la música?
Sí, toquemos madera de que pueda seguir así. Es cierto que hace un par de años, abrí como una pequeña agencia de DJs y hago de manager de varios sitios, discotecas o restaurantes. Antes, a lo mejor yo iba a tocar a restaurantes más pequeños y ahora se los doy a mis DJs. Esto me permite enfocarme en otros proyectos y en la producción.

¿Cuál es el siguiente paso en tu trayectoria? ¿Te queda algún sueño por cumplir?
Pues ahora tengo un buen proyecto que junta todo lo que hago, que es el de la Filarmónica de Malta, donde puedo traer esa emoción con un estilo melódico progresivo. Imagínate una orquesta de 40 personas donde poder cantar las canciones. Es un set de música, incluso de películas, muy profundo, que fusiona los instrumentos y las personas. Tenemos la intención de sacarlo a finales de esta temporada y llevarlo fuera de Malta. Quitando eso, bueno, claro, me encantaría pinchar en Tomorrowland. Por soñar... Al final, tampoco hubiera soñado nunca vivir de la música y tener una buena estabilidad.
¿Qué aprendizaje te llevas de estos años viviendo fuera?
Suena un poco sádico, pero se aprende sufriendo. Y yo sufrí un montón. Cuando llegué, no hablaba inglés y en el delfinario tenía que estar cada día con el micrófono, hablando en inglés. Pero aprendí. Para que las cosas vayan bien, hay que sufrir un poco y meterle todas las ganas. También hay que abrir la mente. Yo vine con muchos miedos y había vivido bastantes traumas, pero pude abrirme. Ahora lo miro y pienso: “Mira lo que he logrado hacer yo sola”.
Toma nota
Lo que no sabes de
“Al principio me moría del miedo al subir a la cabina. Era súper abrumador”
“Por suerte, al ser europea y pagar todos mis impuestos como autónoma, fue fácil el tema del papeleo”
“La gente piensa que ser DJ es pinchar unas horas y salir de fiesta. Yo me paso horas preparando todo al milímetro”
¿Te planteas volver a Reus?
No volvería porque veo la diferencia. Obviamente, tengo a mi familia allí y ojalá me los pudiera traer conmigo. Los primeros años viajaba una vez al año y luego ellos viajaban también para verme. Ahora que tengo la agencia y puedo empezar a delegar un poco, puedo ir más a menudo. Este año he ido tres veces. Pero no volvería. Hay que mirar por uno mismo y no veo el futuro que tengo aquí.