Para Felix Soupault, un francés de 21
Experiencias
Ese alumno, quien se encuentra finalizando el primer tramo de su formación superior en Madrid, medita acerca de los hábitos y contrastes diarios que mayor asombro le han provocado durante su estancia en la metrópoli.

Felix ha tenido la oportunidad de asistir a un partido del Real Madrid

La mezcla de cultura, ocio y vida que ofrece Madrid hace que sea una ciudad muy atractiva para estudiantes internacionales. A Felix Soupault, un joven de 21 años originario de Lille (Francia), le llamaba la atención estudiar en un país hispanohablante. Por esta razón eligió la capital española para cursar el primer año de su máster de marketing y comunicación.
Durante una charla con Guyana Guardian, Felix detalla su trayectoria actual y analiza los hábitos, estilos de vida y ciertos estereotipos que ha encarado debido a su origen francés. Utilizando la comedia, se identifica en sus plataformas digitales como “un gabacho en Madrid”, sitio en el que narra sus anécdotas de manera entretenida.

¿Cómo está siendo su experiencia viviendo en Madrid?
Me gusta mucho Madrid porque tiene mucha vida; es la ciudad que nunca duerme porque siempre hay algo que hacer. La calidad de vida es muy buena, hay mucho ocio y es muy fácil hacer amistades. Como estudiante, tiene todo lo que necesito ahora mismo. Sin embargo, tras visitar otras ciudades, creo que Madrid no es la ciudad que mejor representa la vida española porque es una ciudad muy internacional.
Un asunto habitual en sus plataformas digitales son los contrastes culturales. ¿Qué percibió inicialmente tras su arribo?
Una de las cuestiones que más me impactó de los españoles es su gran expresividad y naturalidad. Al hablar, refuerzan sus mensajes empleando gestos con todo el cuerpo. Representa una forma de comunicarse más franca y afectiva, que produce una percepción de cordialidad y proximidad. Sin embargo, en Francia, particularmente en la región norte, los individuos acostumbran a ser más distantes, al menos durante el trato inicial.
Un factor distinto es la puntualidad. En Francia mantenemos una gran disciplina horaria y si fijamos una cita, confiamos en que todos asistan puntualmente. En este sitio, por el contrario, la norma es más laxa. A veces me ha tocado esperar treinta minutos a alguna persona. Al principio me causaba extrañeza, pero actualmente, incluso yo suelo demorarme.
Tras mi llegada, me resultó llamativo cómo los ciudadanos mantienen la disciplina en los sistemas de movilidad urbana. Resulta frecuente contemplar las formaciones al salir del metro o al transitar por las escaleras mecánicas. En Francia, sobre todo en metrópolis extensas como París, la situación tiende a ser más desorganizada.
¿Cómo describiría la relación de los españoles con la familia?
Me llamó la atención el fuerte vínculo familiar de los españoles. Gran parte de mis conocidos visita a sus abuelos con frecuencia o suele organizar actividades con sus parientes. No obstante, lo que más me impactó fue el trato con los primos: en este lugar es habitual salir de fiesta con ellos y considerarlos como amistades íntimas. En Francia, solemos reunirnos con los allegados, pero no mantenemos una conexión tan estrecha ni constante como sucede en España.
Nuestra supuesta arrogancia es solo un preju
En sus redes sociales se identifica como un “gabacho en Madrid”. ¿Se ha encontrado con prejuicios por su nacionalidad?
Sí, varias veces. De hecho, mucha gente, cuando me conoce, me dice: “Eres el primer francés que me cae bien”. Normalmente, lo dicen bromeando, pero es un comentario bastante común. Al principio no lo entendía porque es un término muy generalizado.
En bastantes naciones, los franceses poseemos una reputación de cierta altivez, aunque opino que esto deriva de la visión que los viajeros obtienen de París. Varios ciudadanos de esa urbe son algo distantes, pero aquello no muestra la verdadera esencia de las otras zonas del territorio.
Por culpa de este estereotipo, ¿ha vivido alguna situación incómoda?
Efectivamente. En una ocasión, mientras estaba con amistades, un individuo modificó su trato hacia nosotros al notar que éramos franceses, percibí que nos estaba evaluando negativamente. Sin embargo, el suceso más desagradable lo experimenté en Valencia. Me encontraba con unas conocidas españolas y, de pronto, al presentarnos a otra joven, ella manifestó tajantemente que no deseaba entablar conversación con nosotros por ser franceses y procedió a agredirnos verbalmente. Por fortuna, estos episodios han sido aislados y mi estancia en España ha resultado, habitualmente, maravillosa.

¿Qué le ha aportado el estilo de vida español?
Lo que más ha cambiado desde que vivo aquí es el ritmo de vida. Todo empieza mucho más tarde y eso me ha ayudado a vivir con menos estrés. He aprendido a disfrutar más del presente y a tomarme la vida con mucha más calma.
Y también mis horarios de comida, que se han adaptado al estilo español. Por ejemplo, aunque quisiera comer a las 12 h en la universidad, no sería posible porque el comedor no sirve hasta las 14 h. Al principio me costó acostumbrarme porque tenía hambre, pero todo es adaptarse.
Sobre la gastronomía, ¿qué es lo que más añora? ¿Y qué plato francés considera que deleitaría a los españoles, aunque no sea muy conocido?
Extraño visitar un establecimiento de pan artesanal, adquirir una barra recién hecha y degustarla con queso. Resulta bastante francés expresar esto, aunque es mi mayor añoranza. Respecto a una receta que encantaría a los españoles, destacaría el Welsh. Goza de gran fama, especialmente en la zona septentrional de Francia. Se elabora utilizando jamón, queso cheddar y cerveza, servido todo gratinado, y lo frecuente es servirlo junto a patatas fritas.


