Series

'Emily en París': Los aciertos y fallos románticos de la temporada

Crítica

El espacio entre Emily y Gabriel ha permitido que su dinámica, agotada en la anterior temporada, pudiera respirar y ganar fuerza

Eugenio Franceschini, un sólido pretendiente con un desarrollo insuficiente. 

Eugenio Franceschini, un sólido pretendiente con un desarrollo insuficiente. 

GIULIA PARMIGIANI/NETFLIX

Darren Star siente mucho aprecio por Emily en París. Otra cosa es que, a diferencia de una creación anterior suya como Sexo en Nueva York, sea innovadora en alguno de sus aspectos. No lo es. Es un cúmulo de estereotipos bien jugados, localizaciones maravillosas, un vestuario de revista, una actriz con la gracia exacta que necesita su personaje como Lily Collins y Philippine Leroy-Beaulieu como secundaria robaescenas. Y, dentro de la comedia romántica, es extremadamente básica al presentar y desarrollar las tramas sexuales y sentimentales.

En la anterior temporada, por ejemplo, Star agotó el filón que era el triángulo amoroso entre Emily, Gabriel y Camille. El supuesto galán estaba perdidísimo y Camille, que en su momento había sido una sólida contrincante para Emily ni que fuera por la complicada amistad entre ambas, cayó en unas tramas de culebrón insoportables. Ese no-embarazo fue el pistoletazo de salida para la actriz Camille Razat. En la quinta temporada, estrenada este diciembre, también ha habido su ración de aciertos y errores. ¿Hacemos balance?

Marcello, un pretendiente a medias

El chico tenía estilo, esto no se le puede negar. 
El chico tenía estilo, esto no se le puede negar. GIULIA PARMIGIANI/NETFLIX

El principal aliciente de la temporada era que la producción de Netflix se desplazó a Roma y Venecia para rodar un tramo significativo de la trama. La explicación estaba en Marcello Muratori, el heredero de una marca de lujo silencioso. Eugenio Franceschini era un candidato ideal, con un atractivo elegante (sin necesidad de matarse en el gimnasio) y una química instantánea con Lily Collins ya en la anterior temporada. Qué lástima que, al desplazarse a Roma, Darren Star no aprovechase para desarrollar el personaje.

En un movimiento ya clásico para el creador de Emily en París, el pretendiente nunca podía establecerse como una amenaza real para conquistar el corazón de la protagonista. Así, mientras Emily apostaba por él, la trama no lo hacía: se quedó en un rol limitado de joven ambicioso, sin una dinámica única con Emily, que sonreía cuando tocaba. No era por falta de potencial del actor sino de la cobardía de la trama.

Gabriel, recuperado

El verano-de-un-día-para-otro ha agradecido estar apartado de Emily. 
El verano-de-un-día-para-otro ha agradecido estar apartado de Emily. COURTESY OF NETFLIX

Es desesperante el error recurrente de la comedia romántica comercial: el miedo a que el público se plantee realmente cuál es el endgame, el hombre que debe conquistar a la protagonista y comer perdices con ella. En Emily en París sabemos que es Gabriel. Y, mientras se puede cuestionar algunos de los bandazos del personaje (y que, de un día para otro, solo quiera cocinar platos veganos), se ha agradecido que hayan distanciado a Emily y Gabriel.

Es lo que pedía esta dinámica: que pudieran respirar de forma independiente para que, cuando sea necesario, puedan intentar recuperar el flirteo explícito. La escena en el precioso restaurante Le Train Bleu en la estación de tren Gare de Lyon de París demostró que han recuperado parte de la química perdida en la anterior temporada, que recordemos que incluso cansó al actor Lucas Bravo.

Sylvie, inconsistente en el amor

¿Cuántos bandazos puede dar esta señora en una sola temporada?
¿Cuántos bandazos puede dar esta señora en una sola temporada?COURTESY OF NETFLIX

Sylvie, como decimos siempre, es la robaescenas de Emily en París. Cada vez que se pone a andar moviendo los brazos de un lado para otro con una medida sobreactuación, se merece todos los aplausos. En el plano romántico, hasta la fecha, había tenido dos deberes: mostrar la vida sexual plena de las mujeres de más de cincuenta y, de paso, seguir la tradición del cine francés del adulterio y los affaires tórridos y relativizados. ¿Pero se puede saber cuál era el objetivo de Darren Star en esta temporada?

Se lió con un director de cine prestigioso con el que tenía un historial (Raoul Bova) para desentenderse de él para volver con su marido (Arnaud Binard), en un enfrentamiento sin ninguna carga cómica o dramática. Después, tuvo una aventura insustancial con un hombre joven (que, además, sirvió para desestimar una un personaje de apoyo prometedor como Yvette, su mejor amiga de la universidad) y, finalmente, fue traicionada por Laurent.

Una oportunidad desperdiciada tras otra.

¿Y lo de Mindy y Alfie?

Emily in Paris. Bryan Greenberg as Jake Campbell in episode 506 of Emily in Paris. Cr. Caroline Dubois/Netflix © 2025
Emily in Paris. Bryan Greenberg as Jake Campbell in episode 506 of Emily in Paris. Cr. Caroline Dubois/Netflix © 2025CAROLINE DUBOIS/NETFLIX

Y, en la que debe ser la decisión más comentable de la temporada, Darren Star decidió unir a Mindy y Alfie. Seamos realistas: era una cuestión de descarte. Star se moría de ganas mantener en nómina a Lucien Laviscount, que ilumina la pantalla, pero no se atrevía a colocarlo de pretendiente de Emily: hubiera sido repetitivo a menos que hubiera pasado a ser el candidato romántico real (un status que se merecería). Así que… ¿por qué no inventarse una química que no estaba allí?

Quizá permitió que Laviscount volviera a nuestras pantallas de forma fija (lo que no es poco) pero se ha echado en falta más dedicación por parte del creador de Emily en París. Una química, a menos que sea ardiente desde un primer momento, debe trabajarse y, en el caso de Mindy y Alfie, no estaba allí. Meternos, de repente, este idilio como un meant-to-be es posiblemente el elemento más artificioso de una quinta temporada que, como dijimos, ha sido sólida como siempre, dentro de sus virtudes y limitaciones.

Etiquetas