Finalizadas de manera abrupta: 7 historias relevantes que sufrieron las medidas de Netflix.
Netflix
"Reclutas", la obra más reciente en sumarse a este distinguido grupo de excelencia... Cancelada.

'The OA' es la mejor rareza de Netflix.

Pocas cosas resultan tan frustrantes como enterarse de que una producción de calidad ha llegado a su fin prematuramente. En ocasiones, el problema no radica únicamente en la falta de una conclusión adecuada para los hilos argumentales, sino en percibir toda esa capacidad creativa que jamás llegará a proyectarse. Durante este diciembre, Netflix incorporó otro título de culto a la lamentable recopilación de “series canceladas antes de tiempo”. Hablamos de Reclutas, por supuesto. ¿Y qué otros proyectos integran este grupo exclusivo de relatos excelentes cuyas historias fueron interrumpidas después de apenas una o dos entregas?
The OA

Resulta casi imposible catalogar una propuesta como The OA en Netflix. Su lanzamiento en Netflix ocurrió sin apenas desvelar pormenores de la trama: únicamente se sabía que Prairie, una mujer invidente que había sido raptada, regresaba años más tarde con la visión recuperada. ¿Cómo pudo suceder tal cosa? Zal Batmanglij y Brit Marling, en calidad de autores (con Marling al frente del reparto), dieron vida a una ficción asombrosa con toques de ciencia ficción que en su segunda entrega se reinventó (incluyendo una breve aparición de Zendaya) en un noir de matices rojizos.
Resultaba sorprendente y lírica, poseyendo una de las secuencias más conmovedoras y cautivadoras de la pantalla. Su defensa del poder transformador del arte siempre, siempre ha de ser rememorado. Es una lástima que sus autores no lograran prolongar la obra tras dos entregas, tornando The OA en una joya de culto tristemente inacabada (aunque de todos modos es imprescindible verla).
Reclutas

Esta representa la más reciente adición a ese polémico catálogo de Netflix. Reclutas lograba lo impensable: transformarse en una comedia afectuosa y graciosa, un relato dramático conmovedor y una pieza de gran tensión en capítulos de treinta minutos. Desarrollada por Andy Parker y fundamentada en la obra biográfica The Pink Marine de Greg Cope White, Reclutas narraba la historia de Cameron (Miles Heizer), un joven recién egresado de la secundaria que opta por unirse a la marina para acompañar a su gran amigo Ray (Liam Oh) en 1990.
La selección actoral. El desempeño de un Miles Heizer que finalmente ha conseguido distanciarse de Por trece razones. El equilibrio en el manejo del tono. El análisis sobre la realidad de ser homosexual en contextos de intolerancia. Y, además, una interesante reflexión acerca de la masculinidad tóxica y su supuesta legitimidad en un entorno como el ejército, donde se instruye al individuo para anular su sensibilidad y afrontar escenarios extremos.
Existen un par de aspectos particularmente tristes sobre este cese: el hecho de que la entrega siguiente, que habría trasladado a los soldados a la Guerra del Golfo, resultaba atractiva, y la incertidumbre sobre si se suspendió para complacer a Donald Trump, cuyo gobierno cuestionó el enfoque de la producción calificándolo de “woke”. Después de todo, sus niveles de audiencia fueron aceptables, lo que sugería la posibilidad de futuras entregas.
Mindhunter

El programa de David Fincher ha representado constantemente un misterio: ¿se suspendió debido a que David Fincher se encontraba ocupado con distintas propuestas o existieron conflictos internos adicionales? Resulta extraño que un creador se encargue de la dirección y producción de una obra televisiva diseñada para múltiples entregas y que, tras la segunda etapa, la producción se detenga porque su autor está enfocado en nuevos filmes. ¿Cuál era el motivo del asombro? Pues que justamente la segunda tanda de episodios fue estrenada de tapadillo, dando la impresión de que Netflix evitaba que lograra el triunfo.
Esta producción de suspense recreaba los orígenes del FBI en el campo de la criminología, tomando como base el texto de John Douglas y Mark Olshaker, con los investigadores Holden Ford, Bill Tench y la analista Wendy Carr liderando una sección enfocada en formular una doctrina sobre los asesinos seriales y la integración de tales avances en la rutina de la institución. Jonathan Groff, Holt McCallany y Anna Torv se mostraban brillantes en un clima de opresión y ante criminales desequilibrados, mediante una narrativa centrada más en la profundidad psicológica del relato que en la persecución de delincuentes.
Y, puesto que las dos entregas transmitidas intercalaban fragmentos de un individuo que gradualmente forjaba un método de actuación aterrador para sus instintos perversos (hasta convertirse en el renombrado BTK Killer), parece que siempre nos quedará la misma duda: ¿de qué forma se habría mostrado la indagación sobre este homicida múltiple al que vimos crecer y que acabó con la vida de al menos 10 víctimas entre 1974 y 1991?
The Get Down

Hacia el cierre de la década de los 70, en una Nueva York deteriorada aunque poseedora de un modesto pero próspero entorno sonoro, varios muchachos pretendían sobresalir en el panorama: Books y Mylene, enamorados de siempre, quienes persiguen el triunfo en el rap y el género disco de forma individual. Baz Luhrmann logró que The Get Down sobresaliera en su faceta rítmica. De igual modo alcanzó una meta difícil: lograr que los temas imaginarios parecieran éxitos reales (Set me free resultaba una gran canción) y contar con piezas inéditas como Telepathy de Christina Aguilera.
No obstante, Luhrmann manejó de forma ineficiente el capital: cada capítulo tenía un presupuesto de 12 millones y terminó costando 17,5 millones. Por añadidura, nunca respetaba los tiempos de rodaje. Es lógico que Netflix decidiera finalizar su relación con el director de Moulin Rouge, El Gran Gatsby y Elvis considerando que, además, los especialistas no valoraron su desbordante vigor y propuesta visual.
La era de la resistencia de El cristal oscuro

Netflix se orienta progresivamente hacia un enfoque más convencional. Su prioridad no reside tanto en la originalidad como en ofrecer contenidos sencillos de consumir. No resulta fortuito que, durante este periodo, hayan lanzado múltiples thrillers de forma consecutiva. Tal vez por esa razón, tras apenas una entrega, decidieron suprimir una producción como El cristal oscuro: La era de la resistencia, la cual destacaba por su belleza y por ensalzar el valor del trabajo artesanal en la pequeña pantalla.
Obtuvo el galardón Emmy a la producción infantil más destacada de 2020, sirviendo de antecedente para el largometraje realizado por Jim Henson y Frank Oz durante 1982. No obstante, explorar el universo de Thra, donde los skeksis buscaban perpetrar una matanza contra los audaces gelflings que se alzaban en su contra, fue juzgado como excesivamente costoso. Representó una ocasión desperdiciada para consolidarse como un referente de la creatividad genuina.
Todo es una mierda

Hoy en día, seguramente el mayor acierto del selling point de Todo es una mierda es haber actuado como trampolín para Sydney Sweeney, quien inmediatamente después de esta ficción juvenil obtuvo un papel de reparto en El cuento de la criada, luego un rol estelar en Euphoria y ahora, afianzada como una gran promesa de su tiempo, ha triunfado en las salas con el filme romántico Cualquiera menos tú (junto a la versión fílmica de La asistenta de Freida McFadden próxima a debutar en cines).
Esta serie de Ben York Jones y Michael Mohancon contaba la alianza de los integrantes del club de audiovisuales y el de teatro de la Escuela Secundaria de Boring para grabar una película a finales de los noventa. Era una de las primeras obras nostálgicas ambientadas en esta década, utilizando el cambio de mirada actual para ver esos años con una nueva perspectiva, distinta de cómo se rodó en su momento.
American Vandal

Se produjo un incidente vandálico en el estacionamiento del colegio: alguien pintó falos en todos los vehículos de los docentes. Un par de alumnos con intereses audiovisuales, Peter (Tyler Alvarez) y Sam (Griffin Gluck), registraban los sucesos con una cámara, enfocándose principalmente en el sospechoso número uno: Dylan (Jimmy Tatro), un joven con un historial conflictivo en la institución.
American Vandal resultó ser un prodigio: una sátira del género criminal que analizaba de forma impecable su estructura, generando interés por el enigma central mientras operaba simultáneamente como una pieza humorística. La entrega posterior, enfocada en un envenenamiento por comida (que provocó una oleada masiva de diarrea), confirmó que Dan Perrault y Tony Yacenda, sus autores, poseían un talento duradero. No obstante, nos quedaremos sin conocer qué habrían desarrollado para una tercera tanda de episodios.

