El creador de ‘Un hombre mejor’: así nació el protagonista que culpa al feminismo de todos los males
Entrevista a Thomas Seeberg Torjussen
El creador noruego charla con Guyana Guardian sobre uno de los thrillers psicológicos europeos más provocadores de los últimos años que este martes llega a Filmin

Thomas Seeberg Torjussen, durante su presencia en el Festival de Cannes

Tras conquistar el Premio a la Mejor Serie Internacional y el Premio del Público en el Serielizados Fest, y alzarse también con el galardón a Mejor Serie en CannesSeries, Un hombre mejor (A Better Man) se estrena este martes en Filmin. La miniserie noruega, avalada por la crítica como uno de los thrillers psicológicos europeos más provocadores de los últimos años, sigue a Tom (Anders Baasmo, también premiado en Cannes por su interpretación), un hombre que culpa al feminismo de todos los males de la sociedad contemporánea. De día trabaja en la tienda de ropa de su madre; de noche, canaliza su frustración como troll misógino en internet.
Cuando unos hackers revelan su identidad y lo someten al linchamiento digital, Tom recurre a una solución desesperada: ocultarse tras una identidad femenina. Lo que empieza como una simple huida se convierte en un inesperado viaje de autodescubrimiento que lo obliga a enfrentarse a sus propios prejuicios y a experimentar en primera persona —ahora como Berit— las violencias y contradicciones que antes despreciaba. Su creador, Thomas Seeberg Torjussen, que también dirige la serie junto a Gjyljeta Berisha, charla con Guyana Guardian sobre esta historia que aborda temas como la misoginia, la identidad y la cultura de la cancelación.
¿’Un hombre mejor' está inspirada en hechos reales o en casos concretos de hombres radicalizados en internet?
No. La idea de la serie surgió más bien fue observar un fenómeno desde hace tiempo. Creo que mis primeras notas son de 2011. He escrito mucho y siempre me han interesado las subculturas masculinas y así empecé a ver un patrón: la crítica contra el feminismo era el hilo común en muchas de ellas. Quería ver si podía crear un personaje cuyo único antagonismo fuera el antifeminismo. Porque, por ejemplo, tuvimos un terrorista en Noruega que mató a muchos jóvenes en una isla; leí su manifiesto y había mucha crítica contra el feminismo, pero también muchísimo racismo e islamofobia. Así que, en cierto modo, eliminé todo lo demás y me pregunté si podía construir un personaje que culpara absolutamente de todo al feminismo.
La serie mezcla el debate sobre las redes sociales y quiénes somos hoy en parte a causa de ellas y el debate sobre la misoginia. Para usted, ¿qué pesa más en la historia?
Cuando escribes un guion durante tantos años, va cambiando. Y creo que, al final del proceso, uno de los temas principales fue cómo confundimos el mundo online con el mundo real. Especialmente quizá los hombres que escriben libros y artículos. Quería mostrar que el mundo real es más amable, más pragmático, más tolerante que el mundo online. En internet puedes quedarte atrapado en la idea de que el mundo es extremadamente hostil. Lo es, pero es más hostil en línea que en la vida real. Así que quise empujar a este hombre, que vive toda su vida online, a destruir su ordenador y su teléfono y sacarlo a la calle para demostrarle que no necesariamente todo será tan horrible, aunque existan cosas horribles. Ese se convirtió en uno de los temas más importantes.
En la serie también tiene mucho peso el personaje del vecino de Tom. ¿Qué le interesaba explorar a través de él?
Él representa otro de los temas destacados de la serie, el de la frustración sexual y los problemas de vivir en sociedades muy progresistas como los países nórdicos en cuanto a igualdad de género. Algunas personas se quedan atrás, como el protagonista. Algunos se adaptan por fuera, pero por dentro son miserables. Todas esas consecuencias de ser pioneros en un proyecto progresista e igualitario me resultaron, con el tiempo, incluso más interesantes que el propio protagonista. Porque al vecino de Tom lo encuentro en todas partes, especialmente cuando yo mismo tenía hijos pequeños. Tom, en cambio, cuando empecé a escribirlo, era una observación muy precisa de algo que estaba en la sombra. Ahora esas ideas están incluso en la Casa Blanca. Ya no es algo marginal, sino mucho más visible y probablemente más relevante hoy. En diez años de escritura, lo que más te interesa va cambiando.
Ponerse en los zapatos de otra persona, ¿es la verdadera fuerza motriz de la serie?
En cierto modo sí. También creo que tiene que ver con perder el ego. Estos hombres intentan mejorar para sentirse menos solos. Pero el capitalismo quiere que estemos solos: quiere que vivamos solos, que cada uno tenga su propia aspiradora, su propio lavavajillas. También quiere que compremos vaqueros nuevos y botas nuevas para no sentirnos solos. Pero esa idea de la auto-mejora puede acabar aislándote más. En su intento de cambiar su imagen —la barba, la ropa— para parecer alguien a quien alguien pudiera amar, aunque se vea horrible, hay una especie de liberación del ego. Y creo que eso también es una parte importante.
“En internet puedes quedarte atrapado en la idea de que el mundo es extremadamente hostil, cuando en realidad esa hostilidad es mucho más intensa en línea que en la vida real”
Sin hacer grandes spoilers, ¿en qué momento Tom empieza a comprender realmente la misoginia que defendía?
En el segundo episodio hay un gran giro. Pero debo insistir en que no creo que su misoginia sea tan profunda como la gente piensa. Creo que es más bien contrariedad, una actitud punk. Hoy en Escandinavia, lo peor que puedes decir es que el feminismo fue un error o que las mujeres deberían estar en la cocina. Para mí hubo un gran cambio en 2016, cuando entendí que lo “punk”, lo contracultural, había pasado de la izquierda a la derecha. Yo crecí con la música punk, diciendo todo lo que pudiera provocar al sistema. Pero ahora la izquierda ha sido el establishment durante mucho tiempo. Cuando entendí que esto era más rebeldía que convicción profunda, pude comprender mejor cómo muchos chicos jóvenes juegan con estas ideas. No creo que él sea realmente alguien que odie a las mujeres en el fondo. Es más bien alguien fanfarroneando con los chicos online.
Habló antes del personaje del vecino. ¿Qué otra función tienen en la serie otros dos personajes como la comediante que es objetivo de amenazas y la actriz lituana implicada en el engaño online que sufre Tom?
La comediante está inspirada libremente en varias amigas mías, cómicas y actrices noruegas. Pero la forma en que a veces hablan de los hombres puede ser hiriente. Es como un espejo de la misoginia, pero en dirección contraria. Siempre he estado en contra de eso, y son debates que tenemos. Quería mostrar que ese tipo de discurso, ridiculizar a los hombres o burlarse de su sexualidad, puede alimentar a personas como Tom. Puede herir a algunos hombres, y deberíamos superarlo. Creo que ella aprende algo a lo largo de la serie. En cuanto a la chica online, Maria o Yeva, la serie intenta mostrar que nada es blanco o negro. Los “malos” no son totalmente malos. Ella justifica sus estafas pensando que las personas a las que engaña son racistas u homófobas. Pero luego descubre que nadie es solo malo, y cambia de perspectiva. También era un juego con los prejuicios.

¿La necesidad de sentirse útil y ayudar a otros es la gran lección que aprende Tom cuando se convierte en Berit?
Sí. Todos sabemos que si significas algo para alguien, tu vida tiene valor. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Si eres un hombre soltero de 45 años que vive solo en Noruega, donde el Estado se encarga de la sanidad y puedes comprar comida online y te la llevan a casa, no es tan sencillo. Él sabe que debería ser importante para alguien, pero no sabe cómo lograrlo. Y accidentalmente, a través de esta historia, acaba siendo importante para la chica del centro de ayuda a víctimas, para el vecino, para otras personas. Así, al final, descubre que ha sido valioso para otros y eso le da autoestima. Yo tengo tres hijos y una madre enferma: soy necesario para mucha gente. Pero alguien como Tom no puede simplemente salir a la calle y volverse indispensable. Nadie te necesita si eres un hombre blanco de 45 años, sin dinero, sin atractivo, sin habilidades sociales. El pensador israelí Yuval Harari dice que hoy hay personas que se vuelven irrelevantes para la economía. Los esclavos podían rebelarse contra sus amos, pero no puedes rebelarte contra la irrelevancia. No puedes rebelarte contra no ser útil para nadie. Y eso, en algunos casos, puede crear monstruos. Ser provocador online, escribir cosas extremas, puede ser una respuesta muy común a ese sentimiento de irrelevancia.
Por último ¿Por qué animaría a los lectores a ver ‘Un hombre mejor’?
Siempre he pensado que escribir sobre igualdad de género desde una perspectiva nórdica es una buena exportación cultural. En el sur de Europa todavía hay probablemente un poco más de machismo. Creo que puede ser interesante observar nuestros errores mientras avanzamos en el proyecto de igualdad. Puede ser una mirada exótica e interesante a la vida escandinava.
