El actor Hovik Keuchkerian carga contra la industria audiovisual en ‘Al cielo con ella’: “Todo se ha convertido en una máquina de hacer churros”
Sin filtros
El actor de ‘La casa de papel’ criticó la velocidad del sector, reconoció que está “muy cansado” del sistema y defendió su forma de trabajar: “Hago mi trabajo, me lo pagas y me voy a mi casa”

Hovik Keuchkerian se sincera en 'Al cielo con ella'.

Hovik Keuchkerian no es de medias tintas. Tampoco en televisión. En su visita a Al cielo con ella, el actor convirtió el plató de Henar Álvarez en un territorio sin filtros donde hubo espacio para el desmadre, la ironía y, sobre todo, una crítica directa a la industria audiovisual. Entre risas y respuestas directas, dejó una frase que resume su desencanto: “Todo se ha convertido en una máquina de hacer churros”.
Henar intentó “recuperar las riendas”, pero Hovik jugó desde el principio a salirse del guion. Lo hizo con humor, sí, pero también con una convicción firme detrás de cada broma. Esa mezcla de ternura y contundencia, de tipo grande que no necesita forzar nada porque ya impone, marcó el ritmo de una charla que pasó del desmadre a la reflexión con una naturalidad sorprendente.
Una “máquina de hacer churros” sin tiempo para cuidar las historias
Cuando el tema aterrizó en su trabajo como actor, Keuchkerian fue directo. Dijo que le gusta interpretar, que en el escenario sigue sintiendo pasión y que el teatro y el stand-up le mantienen vivo, pero que el audiovisual le está agotando. Su diagnóstico fue demoledor y muy claro: “Todo se está convirtiendo en una máquina”, un sistema que prioriza las fechas de entrega y el “producto” por encima del cuidado y del oficio.
Explicó que cada vez hay más ruido alrededor del trabajo, más problemas que resolver fuera de lo creativo, más obstáculos que impiden hacerlo bien. Y ahí apareció su “gatillo” personal, esa voz interna que le pregunta “qué hago aquí” cuando algo deja de tener sentido. Según contó, cuando se pierde la pasión, para él ya no hay vuelta atrás. Lo dijo sin dramatismo, pero con la convicción de quien se conoce bien: está cansado y no descarta que esa etapa termine más pronto que tarde.

Del ring al escenario: el origen de su segunda vida
A partir de ahí, la entrevista abrió el foco hacia su vida antes del cine y las series. Henar le lanzó la pregunta clásica, cómo se pasa de boxeador a cómico, y él lo explicó sin romanticismo: no dejó de boxear para ser humorista, lo dejó porque se le acabó la pasión por pelear. “Estaba cansado de la pelea constante que suponía conseguir peleas, y cuando algo se apaga por dentro tiene fecha de caducidad”.
El salto al escenario llegó casi por azar, de la mano de Jorge Blass, a quien definió como un hermano. Tras una etapa “complicadilla”, le invitó a subirse con él a actuar y esos diez minutos le cambiaron el cuerpo. Alguien le propuso escribir un monólogo, aceptó sin pensarlo demasiado y, sin saberlo, empezó un camino que ya suma casi dos décadas.
“Yo no soy actor”: una forma distinta de entender el oficio
Entre anécdotas, Keuchkerian también dejó frases con filosofía propia. Rechazó la etiqueta de “yo soy actor” con una idea más amplia: “Yo soy Hovik”, y recordó que, en cierto modo, actores somos todos en el día a día. Ese punto existencial, dicho sin ponerse intenso, le dio profundidad a un programa que parecía nacido para el chiste, pero que se coló varias veces en terreno serio.
Henar sacó otra veta del personaje al hablar de su biografía y su carácter. Él mismo repasó su mezcla de orígenes, su deseo de joven de entrar en el ejército o en la policía, y cómo su madre le aterrizó con una frase sencilla: si eres militar o policía, hay que obedecer órdenes “porque sí”. Y ahí, con honestidad, reconoció que no se veía. Lo conectó con el presente, ya que recibir órdenes en un rodaje no es lo mismo, pero sí exigió algo irrenunciable, que se le hable con respeto, y que si una orden atenta contra su trabajo, “nos enganchamos”.
En la parte más cotidiana y reveladora, contó por qué trabaja sin representante y por qué evita casi todo lo que rodea el “mundo” del actor. No va a photocalls, ni a eventos, ni a sitios donde no tenga que ver con su oficio. “Hago mi trabajo, me lo pagas y me voy a mi casa”, vino a resumir. Se representa a sí mismo, contesta correos cada día, decide qué le interesa y, si no, dice que no con educación. Para él, la vida alrededor del personaje le satura cada vez más.

