Una realidad oculta: casi el 11% de las mujeres que trabajan son pobres
Desigualdad de género
Las labores de cuidados no remunerados son la causa estructural de la pobreza femenina
Más de 6,6 millones de mujeres están en riesgo de exclusión, frente a 5,9 millones de hombres

Tres de cada cuatro personas con jornada parcial son mujeres, con una tasa de parcialidad del 21,4% frente al 6,8% de los hombres

La pobreza tiene cara de mujer. Ha sido siempre así y lo sigue siendo, pese a los avances sociales y las mejoras laborales. Y la explicación hay que buscarla en el eterno papel de cuidadoras. “El trabajo de cuidados no remunerado es la causa estructural de la pobreza femenina. La sobrecarga de cuidados limita el acceso y permanencia de las mujeres en el empleo y reduce sus oportunidades de desarrollo socioeconómico”, señala el último Observatorio Feminización de la Pobreza y Exclusión en España 2025, de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES).
Una situación de pobreza que padecen, incluso, las mujeres que trabajan. El empleo no garantiza la salida de la pobreza: el 15,8 % de las mujeres ocupadas están en AROPE (indicador de la UE para medir el riesgo de pobreza y exclusión social) y el 10,8 % vive en situación de pobreza (porcentaje de personas que viven en hogares cuya renta disponible equivalente se sitúa por debajo del 60 % de la mediana) en 2024.
La Red señala que los bajos salarios y la precariedad son factores de empobrecimiento asociados a una mayor carga de los cuidados no remunerados, que reducen el tiempo disponible, los ingresos y las oportunidades de mejora laboral. Según los datos del Observatorio, 3 de cada 4 personas con jornada parcial son mujeres, con una tasa de parcialidad del 21,4% frente al 6,8% de los hombres. Mientras que el salario medio mensual es un 16,4% más bajo que el de los hombres: las mujeres cobran de media 405 euros menos
Más de la mitad de los hogares monomarentales está en riesgo de pobreza y exclusión social
Según este informe, la brecha de género continúa. Los datos presentados por la Red son contundentes: el 26,8% de las mujeres está en riesgo de pobreza o exclusión social. Esto es 6,6 millones frente a los 5,9 millones de hombres, una brecha que no se reduce desde hace casi una década y que se agrava en algunos grupos de población y a lo largo del ciclo vital.
Especialmente preocupante es la situación de quienes viven en hogares monomarentales: una de cada dos está en riesgo de pobreza y exclusión social. A su vez, más de la mitad de las mujeres desempleadas (54,3%) o aquellas con nacionalidad extracomunitaria (55,5%) se encuentran en la misma situación, mientras que las mujeres mayores llegan a la vejez con pensiones inferiores a las de los hombres, muchas de ellas con ingresos apenas por encima del umbral de pobreza.
En el caso concreto de las pensiones contributivas, la brecha de género ha marcado la mayor diferencia de la serie histórica (desde 2017), siendo la pensión media en los hombres de 1.510 euros y en las mujeres de 1.026 €, 484 € menos. Tendría que aumentar un 47 % dicha prestación para lograr la equiparación.
Las mujeres cobran una media de 500 euros menos de pensión que los hombres
La brecha en las pensiones deriva de un mercado laboral que se configura como eje central en la reproducción de las desigualdades, y que viene marcado por una mayor parcialidad involuntaria, temporalidad y jornadas interrumpidas por los cuidados.
‘Recomendaciones para la erradicación de la pobreza desde una perspectiva de género aplicando un enfoque multidimensional’, un estudio de primera línea que ha puesto el foco en políticas prioritarias para erradicar la pobreza desde una visión de género.
Entre las propuestas destacadas por la Red se incluye un Sistema Público de Cuidados; el refuerzo del ingreso mínimo vital y de las rentas mínimas; una prestación universal para niños y adolescentes; mejoras laborales en sectores de primera necesidad como el del empleo de hogar o la ayuda a domicilio y mejora de las pensiones, especialmente las no contributivas.
“En un momento en el que algunos discursos cuestionan los derechos de las mujeres, este Observatorio de la Pobreza y la Exclusión Social recuerda que, cuando los derechos se discuten, la evidencia es un pilar democrático”, afirman desde la EAPN-ES, y añaden que “tenemos una responsabilidad ineludible con quienes viven esta injusticia cada día. Porque la pobreza no es inevitable: es una injusticia que puede y debe corregirse con políticas valientes y bien orientadas”.