Todos somos Andreu Buenafuente

Todos somos Andreu Buenafuente
Staff Writer

The fear of a blackout exists. Not an electrical one, but the other kind: the hidden longing for the world to pause for a moment and let us catch our breath. Who hasn't fantasized about waking up one day to find traffic jams vanished, daily arguments gone, packed schedules empty, pointless efforts ceased, meaningless meetings dissolved, worries evaporated, and that absurd race we mistake for living?

Andreu Buenafuente y Silvia Abril finalmente no darán las campanadas de RTVE

Andreu Buenafuente detailed his choice in a video shared by his production company, El Terrat, and by RTVE.

LV

El desgaste emocional. Esa sensación vertiginosa es familiar para todos: acelera el corazón, oscurece el juicio y se siente como un peso en el abdomen. Imaginen al ciclista que, al punto de colapsar, anhela dejar de pedalear para experimentar una calma prohibida. Andreu Buenafuente transita por ese mismo espacio cuando se atreve a exponer sus reflexiones más sombrías y desestima la propuesta de las Campanadas en TVE.

La 'desconexión' del conocido comediante no solo se refiere a él, sino a innumerables individuos agotados por la tensión o la inquietud. 

Tiene valor porque no habla solo de él, sino de los cientos de miles que cargan con estrés, ansiedad o –lo peor– depresión. Enfermedades todas… y, lamentablemente, aún hoy, estigmas.

Qué difícil es imaginar el sufrimiento causado por esas heridas que no se ven. Y qué miedo, el que atormenta a tantos por dentro.

El impulso de apagarse un momento, unos días, semanas no es nuevo. Lope de Vega ya lo describió con la vela que se consume sin testigos. Recuerda al gesto del niño que se cubre con la manta para hacer desaparecer a los monstruos. Si no los ves, no te ven. Y a veces basta, no siempre.

Abril y Buenafuente, en la gala solidaria 'People in red' el pasado mayo

Sílvia Abril y Andreu Buenafuente, en la gala solidaria 'People in red' el pasado mayo. 

GETTY

Sin embargo, en la actualidad, esa aspiración se ha transformado en un sentimiento compartido. Le sucede a Buenafuente, quien goza de fama y aprecio, ostentando una posición envidiable. A pesar de ello, se encuentra acorralado, al igual que cualquier otra persona afectada. Es lamentable que, en esta nación, el tratamiento de la salud mental deteriorada suponga un coste considerable. El sistema de salud pública aún no la prioriza, a pesar de que hace tiempo que es un aspecto fundamental en la vida de innumerables individuos.

Muchos jóvenes lo saben mejor que nadie. Detrás de ese anhelo de desconexión está la caída del trabajo convertido en dogma y el mérito, en religión. El viejo ascensor social ya no sube como antes y nadie quiere quedarse atrapado entre pisos. Por eso la vida sin agobio –o la retirada a tiempo– vuelve como alternativa sensata a los delirios heredados. Entretanto, los gurús del cansancio predican calma, pero no dejan de hacer ruido.

Durante mucho tiempo se nos dijo que el éxito implicaba destacar. Si una estrella se extinguía, se atribuía a la mala suerte o a la edad avanzada, jamás a una decisión personal. Hoy en día, muchos se dan cuenta de que la propia luz puede ser perjudicial y buscan resguardo en la oscuridad. Quizás no sea tan negativo un período de inactividad, el tiempo que cada uno requiera, para reencontrarnos con nuestra identidad previa a que la existencia comenzara a exigirnos justificaciones.

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