El biogás pide paso en la carrera hacia la descarbonización
DIÁLOGOS GUYANA GUARDIAN
Expertos reunidos por Guyana Guardian y Naturgy subrayan los beneficios del despliegue de los gases renovables, pero reclaman un marco regulatorio estable e incentivos a la demanda

Tendencia creciente. En España hay 21 plantas de biometano operativas, la mayoría de las cuales están en Catalunya, que ya están inyectando este gas renovable a la red de distribución. Y el número de proyectos no deja de crecer.
La transición energética no solo implica sustituir unas fuentes por otras, sino transformar por completo la manera en que producimos, distribuimos y consumimos energía. En este nuevo paradigma, los gases renovables emergen como una pieza clave para avanzar hacia la descarbonización de la economía y la autonomía energética. De entre ellos, destaca el biogás, ya que su producción a partir de deyecciones ganaderas y residuos orgánicos impulsa el desarrollo rural, fomenta la economía circular y reduce las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también, una vez purificado y ya convertido en biometano, sustituye al gas natural y es apto para inyectarse en las redes de distribución ya existentes listo para ser consumido sin necesidad de transformaciones ni en la infraestructura gasista ni en los aparatos de consumo. El biogás, por tanto, va más allá de una cuestión puramente energética.
Video Los ponentes de Diálogos Guyana Guardian analizan el papel de los gases renovables en la estrategia catalana de transición energética.
Catalunya cuenta con un ecosistema cada vez más dinámico en torno a la bioeconomía y los proyectos de energía distribuida. Ejemplo de ello, es la reciente aprobación de la Estrategia de Bioeconomía de Catalunya 2030 y el II Plan de Acción 2025-2027. Sin embargo, persisten retos significativos: desde la regulación hasta la aceptación social y la coordinación entre actores públicos y privados. Esta fueron algunas de las conclusiones de una sesión de Diálogos Guyana Guardian en la que, en colaboración con Naturgy, se exploraron el papel real que pueden jugar los gases renovables en esta transición, su potencial de impacto territorial y su encaje dentro de una estrategia energética catalana sostenible y competitiva. En la mesa redonda participaron Rubén Martínez Burgal, responsable de la Zona Este de Gases Renovables de Naturgy; Neus Ferrete, subdirectora general de Agricultura de la Generalitat; Ricard Carreras, responsable de proyectos sectoriales y territoriales del Centre Tecnològic Beta; y Oriol Alcoba, director de Innovación y Transferencia de Conocimiento de Esade.
La Estrategia Catalana del Biogás prevé para 2030 generar 2 TWh al año
Aunque la electrificación es la principal estrategia para lograr la descarbonización de la economía, no todo es electrificable y difícilmente lo será. Por ejemplo, dos sectores que significan el 40% de la demanda de Catalunya: el sector industrial termo intensivo y el doméstico. De ahí que la transición energética tiene que pasar por un mix de diferentes energías, una combinación de fuentes que, además, como subrayó Carreras, nos permite ser “más resilientes”. “Estamos ante una grandísima oportunidad de ser autosuficientes y tener fuentes más distribuidas por el territorio”, agregó Alcoba.
Con el biometano podemos descarbonizar a los clientes con sus propios equipos y las redes existentes”

El biogás, y especialmente el biometano, son parte fundamental en este nuevo paradigma, como lo demuestra el hecho de que la misma estrategia de bioeconomía de la UE, recientemente publicada, pone el foco en estos dos gases renovables. Catalunya también empuja en la misma línea, entendiendo es “una oportunidad para el país”, según destacó Ferrete. Ya hace un par de años, Catalunya aprobó la Estrategia Catalana del Biogás y, poco después, en una medida pionera en Europa, la del digestato. Y trazó un plan de acción hasta el 2030 cuyos objetivos son multiplicar por 3,3 la producción de energía primaria del biogás, hasta 2 TWh al año, gestionar 8,5 millones de toneladas de residuos orgánicos, tres veces más que en la actualidad, y reducir, anualmente, en más de 350.000 toneladas de dióxido de carbono equivalente las emisiones de gases de efecto invernadero. El objetivo es abrir una media de 5 y 10 plantas de biogás al año.
Hace falta un marco regulatorio estable y consensuado a nivel español que dé seguridad a los productores”

Para la Generalitat es “crucial” que el biogás y el biometano entren a formar parte de la transición energética porque, convierten el digestato de residuo a recurso valioso, produciendo biofertilizantes de mayor calidad y permiten crear actividad económica en entornos donde ahora es complicado que se instale una industria. “Los gases renovables son parte de la solución, una solución que da transversalidad para gestionar de manera más sostenible y eficiente las deyecciones ganaderas y los residuos de la industria agroalimentaria tan potente que tenemos en Catalunya”, apostilló. Al hilo de esta exposición, Alcoba aseguró que el sector alimentario, primera industria del país, podría crecer más en el territorio gracias a la valorización de los residuos. “Las plantas de biometano no solo reducen infinitamente el problema de la regeneración de residuos, sino que además aportan elementos de competitividad territorial”, manifestó.
La falta de un marco regulador español ralentiza el despegue del sector
Los beneficios de apostar por los gases renovables están ahí, como también está el interés de los promotores por impulsar plantas de biometano. Para muestra, la apuesta de Naturgy, que quiere ser “el actor más importante en toda la cadena de valor”. En este sentido, Martínez Burgal explicó que el grupo creó hace dos años una dirección general exclusiva para el diseño, construcción y explotación de plantas de biometano, que depende directamente de presidencia. “El plan estratégico de la compañía para el periodo 2025-2027 prevé una inversión de mil millones de euros en toda España” para generar un biometano que, relató, circulará por los 80.000 kilómetros, 33.000 de ellos en Catalunya, de la red española de transporte y distribución, con el objetivo de “descarbonizar a los clientes de aquí”.
Es importante que el territorio participe de los proyectos y se beneficie de una forma u otra de ellos”

Hay estrategia y hay proyectos, pero falta “voluntad política” por parte de la Administración central y un marco regulatorio “estable y consensuado” que defina el futuro del sector y fije las reglas del juego. “Cada comunidad autónoma tiene su propia reglamentación, unas van por delante de otras, pero necesitamos una regulación exclusiva para los gases renovables”, advirtió el directivo de Naturgy. Este mosaico que configuran las diferentes normativas autonómicas hace que los proyectos avancen al ralentí. “Todo esto está fomentando que se pierda el potencial de descarbonización tanto a nivel español como catalán”, argumentó Carreras, mientras que Alcoba juzgó de “incongruente” que “instalaciones que están alineadas con la descarbonización se vean frenadas por regulaciones ambientales”.
Estamos ante una grandísima oportunidad de ser autosuficientes y tener fuentes más distribuidas por el territorio”

Esta regulación debería incluir, según Martínez Burgal, un modelo de incentivos a la demanda, ya que de lo contrario se corre el riesgo de que la producción de aquí se marche a otros países europeos que sí cuentan con estos incentivos. A falta de este mecanismo, la Generalitat ha optado por echar una mano a los proyectos de inversión con líneas de ayudas. “De alguna manera tenemos que impulsar esta industria”, indicó la subdirectora general de Agricultura.
La red de trasporte y distribución de gas suma 80.000 kilómetros en España
Los ponentes reflexionaron también sobre cómo conjurar el rechazo social que suelen generar estas iniciativas en el territorio. Para empezar, recomendaron mucha pedagogía. Es lo que, afirmó Martínez Burgal, hace Naturgy, explicar el proceso de transformación de forma trasparente a los actores del territorio para que vean todas las ventajas. En este sentido, Carreras aseguró que ahí es muy importante el rol que juega el sector primario y la industria alimentaria. Puede ser, dijo, un mero aprovisionador, “participar” en las plantas de biogás y, en una medida todavía “más ambiciosa”, promover esas instalaciones, porque es una forma de “beneficiar al territorio y a la sociedad”. Sería interesante, sostuvieron Carreras y Alcoba, que las empresas que promueven este tipo de proyectos en el territorio contemplen la necesidad de obtener una cierta “licencia social”, del mismo modo que necesitan obtener un permiso de obras o una licencia de actividades, que contemple los beneficios que debe obtener el territorio. “Es un concepto que se tiene que trabajar más profesionalmente y aquí las escuelas de negocio podemos y debemos contribuir mucho”, apuntó Alcoba quien, a modo de ejemplo, recordó que cuando antaño se construía una central nuclear, los vecinos del pueblo no pagaban electricidad. Rebajar los costes energéticos de la demanda a los ciudadanos o del municipio o reducir el impuesto de la gestión de residuos municipales si en la planta entra fracción orgánica municipal fueron dos ideas que el representante del Centre Tecnològic Beta puso sobre la mesa, aunque avisó que, “como sociedad, debemos estar dispuestos a pagar un precio para hacer posible la transición energética”.