El 40% de los ciudadanos, dispuestos a creer que el agua no hidrata o que las gafas de sol dañan la piel
Bulos sanitarios
La mitad de la información sobre salud que circula en internet es errónea o falsa y muchas esconden un negocio detrás

La creencia de que las gafas engañan al cerebro y evitan la protección natural es falsa.

El agua no hidrata y comer mata. Las gafas de sol dañan la piel al decirle al cerebro que no hace falta que mande melanina al cuerpo porque cree que es de noche por culpa de las lentes. La piña (y otros miles de productos que hay en las cocinas) curan el cáncer. La berberina es mejor que el Ozempic para tratar la diabetes y la obesidad …
Estos son algunos de los bulos de salud que circulan en internet de la mano de personas sin ningún tipo de formación sanitaria. Se calcula que la mitad de los contenidos sobre salud online son falsos o erróneo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), siendo el riesgo mayor que existe en el mundo de la salud y la economía en el plazo de dos años, según Olha lzhyk, responsable de comunicación de riesgos y gestión de infodemia de la OMS.
Estos son algunos de los datos que esta mañana han puesto encima de la mesa por expertos en desinformación en temas sanitarios, en la jornada ‘Cómo frenar la epidemia de la desinformación en salud’, organizada por la Asociación Española de Informadores de la Salud (Anis) en el Ministerio de Sanidad.
El problema es que millones de personas creen y ponen en práctica estos bulos, con el riesgo que eso puede suponer para su salud. Daniel Catalán, catedrático de Periodismo, del grupo de investigación Media Lab de la Universidad Carlos III (Madrid), pone cifras: el 40% de los ciudadanos son vulnerables ante estos contenidos.
El problema es que las personas que se creen estas desinformaciones consideran que son los demás equivocados, que ellos son los que han “descubierto” la verdad y que al resto le están engañando, señala Catalán. Son los que dicen eso de “te lo están colando”.
En la misma línea se han manifestado Ramón Salaverría, coordinador del Observatorio Ibérico de Medios Digitales, y el epidemiólogo Joan Carles March, quien recuerda que un tercio de los pacientes acuden a las consultas reconociendo que llegan con información falsa sobre su enfermedad.
Catalán señala que la desinformación de salud se centra en cuatro narrativas. La primera hace referencia a la conspiración: todas las instituciones, desde la OMS, hasta el Ministerio de Sanidad, consejerías de salud, la industria farmacéutica... Mienten y manipulan a los ciudadanos. Menos a esos ciudadanos a los que “no se la cuelan”.
Otra narrativa se centra en la generación de desconfianza, explica Catalán. En cuanto algún científico o institución reconocen un error, este es difundido como un “nos están engañando”, obviando que la ciencia avanza en muchos casos así.
La tercera es la narrativa naturalista, esa que asegura que todo lo que tiene que ver con la medicina occidental es tóxico, que hay que acudir a nuestras cocinas porque hay remedios mucho más eficaces y baratos allí que en la farmacia.
Y la narrativa estigmatizante, la más dañina, según Catalán, que señala a grupos vulnerables, como los enfermos, para hacerles culpable de su situación. Para ellos, la ciencia y la salud son enemigos, indica este investigador de la universidad Carlos III.
Pero, qué obtienen los desinformadores. La respuesta es desestabilizar, generar desconfianza en todo y en todos y manipular las voluntades de los ciudadanos. Y, como explica Guillermo Martín, farmacéutico y creador de contenidos de salud en redes sociales (@Farmacia_enfurecida), hay negocios. Martín responde a cada bulo que encuentra con humor y con datos, y también, informa sobre el negocio que hay detrás de cada uno de ellos. Detrás de los bulos sobre las cremas solares “repletas” de productos químicos, encuentras un negocio de venta de productos naturales; detrás de las gafas de sol que queman la piel hay quien vende gafas especiales, o quien habla de que el agua no hidrata hay cursos de salud por 1.000 euros.
La ministra Mónica García, que ha inaugurado la jornada, ha alertado del impacto negativo de la desinformación en la protección de la salud y en la democracia, y ha denunciado que algunos tecnooligarcas que promueven esa desinformación pretenden interferir en debates que afectan a la vida, la protección de la salud y el bienestar de millones de personas.
“Se está horadando la confianza en la ciencia, en las instituciones, en el Gobierno, en las agencias de meteorología, en todo aquello que como sociedad nos da un punto de anclaje para poder tomar las mejores decisiones. Cuando se normaliza la circulación de informaciones falsas se debilita ese vínculo fundamental entre ciudadanía y profesionales, informadores e instituciones y se dificulta la posibilidad de tomar medidas preventivas incluso cuando están respaldadas de la mejor evidencia posible y vienen a proteger la salud”, ha lamentado.
En este sentido, ha destacado que el negacionismo científico es un factor de riesgo para la salud, y que cuestionar la evidencia científica y desacreditar sus consensos es una práctica perniciosa y antidemocrática que debilita la capacidad de los Estados para cuidar a su población, erosiona la confianza social y socava los derechos de la ciudadanía.