Sociedad
Jaume Padrós

Jaume Padrós

Expresidente del CoMB

‘Ves-te’n, Anton, que el qui es queda ja es compon’

El consultorio del médico

Muy pronto comprendí el significado íntimo de la orfandad con la muerte de mi padre. Como también era médico, descubrí y compartí otro tipo de orfandad con muchos de los pacientes que había atendido. Se sentían desprotegidos y desamparados por una ruptura inesperada. En mi ejercicio profesional, me he encontrado muchas veces expresiones del estilo: “¿si usted se jubila, qué haré yo?” O “doctor, no se muera nunca, hágalo después de mí”.

A menudo oigo quejas de personas sobre los cambios repentinos en la asignación de médico. En algunos casos, estos cambios son continuos. Y causan, como mínimo, desconcierto y sensación de desatención. Son sustituciones, interinajes, bajas por maternidad o paternidad, de larga enfermedad, jubilaciones, o bien por traslados o reorganización del equipo. También, fatalmente, por la defunción del profesional. Los pacientes, mayoritariamente, lo acaban aceptando –qué remedio– y resignados se adaptan como el refrán catalán “Ves-te’n, Anton, que el qui es queda ja es compon ” ( A rey muerto, rey puesto).

Asegurar la relación continuada con un mismo profesional y equipo el máximo de tiempo vital es fundamental –sobre todo en la atención primaria– como indicador de calidad y como factor favorecedor del aumento de la esperanza de vida. Los expertos lo denominan longitudinalidad, y constituye un activo diferencial de sistemas sanitarios como el nuestro. Su consecución depende de muchos factores, como los sociodemográficos, pero, sobre todo, de los modelos de organización asistencial que, desdichadamente, en los últimos años, en su inercia y complejidad organizativa, a menudo han cedido a una burocratización que entorpece una buena personalización de la asistencia.

Los mandos sanitarios, y también los médicos, deberían minimizar tantos cambios que estropean esa longitudinalidad y, al margen de asegurar la continuidad asistencial en los cambios de profesionales, asegurarnos de que los pacientes son debidamente informados, siempre que sea posible, por el mismo médico que les atendía. Los buenos relevos y la forma de hacerlos sustentan la confianza de los enfermos.

Hace falta incentivarlo y mejorarlo, no solo para favorecer, personalizar y acompañar este relevo, también para dignificarlo. Asimismo, los médicos al jubilarse tendrían que poder despedirse de sus pacientes y velar por una buena transferencia, el colofón a una buena carrera profesional.