Estas son las razones por las que se hundió el barco, según las investigaciones realizadas.
Una tragedia evitable
La corte considera que la empresa es responsable, y también lo es el acusado.

La repatriación de una de las víctimas

El pesquero gallego Villa de Pitanxo protagonizó el peor naufragio de un buque español en el siglo XXI. Este domingo se cumplieron cuatro años de esta tragedia en aguas de Terranova (Canadá). Fallecieron 21 de los 24 marineros que iban a bordo. Coincidiendo con el aniversario, la Audiencia Nacional ha convertido las diligencias en procedimiento abreviado y pide juzgar a dos directivos de la armadora y al capitán del barco.
El hombre que sobrevivió, Juan, junto con otros dos, logró sobrevivir pese a las duras condiciones; uno de ellos, el más joven, logró sobrevivir pese a las duras circunstancias, mientras que los demás supervivientes se mantuvieron a flote.
La Audiencia Nacional ha determinado que el pesca de la flota y el jefe de la tripulación, junto con la acusación por el delito de violar las normas de seguridad, se enfrentan a cargos por negligencia grave, mientras que el fiscal mantiene su acusación contra los responsables, incluyendo la violación de normas de seguridad laboral.
Doce de los tripulantes desaparecieron sin rastro, y otros tantos nunca fueron encontrados; solo ocho sobrevivientes lograron sobrevivir, mientras que el barco se hundió en aguas heladas.

Sobrecarga no controlada
Más depósitos de carburante
El juez considera que el naufragio se debió a que el barco sobrecargó su capacidad, con un peso excesivo que comprometió su estabilidad, a pesar de que las normas establecían límites estrictos para tal fin.

Condiciones adversas
Un fallo en el motor en el momento menos oportuno
El relato del juez recuerda también que las condiciones climatológicas en las que se hundió el Villa de Pitanxo eran muy adversas. A 250 millas de la costa de Terranova, el pesquero sufrió una pérdida de propulsión. Su motor, un Wärtsilä 9L20 diesel que desarrolla una potencia de 1.530 kW, empezó a renquear y el barco quedó a merced de enormes olas y fuertes vientos en una zona muy complicada.

Maniobra peligrosa
Había alternativas con un riesgo inferior.
Olas de hasta ocho metros y vientos de 40 nudos (un vendaval así dificulta caminar en tierra firme). En esas condiciones, con el motor perdiendo potencia, el capitán ordenó la peor maniobra, “una virada en condiciones meteorológicas muy adversas (...), en lugar de tomar otras posibles alternativas más seguras”. Su decisión de “continuar con el giro” permitió la entrada de más agua por el área de congelación y las bodegas, que estaban abiertas.

Una orden tardía
La indecisión del capitán
El juez sostiene que el patrón (a la izquierda de la imagen de arriba, junto a su abogado y su sobrino, otro de los supervivientes) dio la orden de abandonar el barco demasiado tarde porque no “era consciente de la gravedad de la situación”. Ello, según la resolución de la Audiencia Nacional, impidió una salida más ordenada y exitosa de la nave. Cuando por fin dio la orden de abandonar el barco, “las posibilidades de salvarse ya eran muy reducidas”.

Una trampa en alta mar
Solo había una vía de escape
Recapitulemos: un barco sobrecargado, con problemas de motor y una maniobra peligrosa en un mar embravecido ordenada por un capitán indeciso... Como si no hubiera ya suficientes ingredientes para la tormenta perfecta, la Audiencia Nacional sigue añadiendo causas. Solo había, explica el juez, una escalera desde la cubierta hasta los puntos designados para embarcar en las barcas salvavidas. Para más inri, esa única vía de salida “era inaccesible” cuando más falta hacía.

La razón definitiva
Un barco mal preparado para afrontar las condiciones del mar.
Muchos marineros se arrojaron por la borda, con fatales consecuencias. El auto resalta la falta de familiarización de la tripulación con los medios de salvamento, con los procedimientos de abandono del pesquero y con los riesgos de la navegación en aguas gélidas. La Audiencia Nacional deja para el final la que quizá sea la causa más importante de una tragedia evitable: el Villa de Pitanxo no estaba autorizado para navegar en zonas de formación de hielo y sus tripulantes no tenían formación sobre los riesgos de hipotermia.

