Sociedad

Estar en la naturaleza cambia la actividad cerebral asociada a la atención y el estrés

Bienestar emocional

La revisión de imágenes cerebrales revela por qué el aire libre facilita un reset mental

Pasar tiempo en parques, bosques o playas genera una cascada de cambios cerebrales que dan bienestar

Pasar tiempo en parques, bosques o playas genera una cascada de cambios cerebrales que dan bienestar

Àlex Garcia

Pasar tiempo en la naturaleza, incluso brevemente, desencadena una cascada de cambios en el cerebro que calman el estrés, restauran la atención y aquietan la rumiación mental. Así lo constata la revisión de más de cien estudios de neuroimagen de diversas disciplinas que ha examinado los efectos de los estímulos naturales en la función cerebral y el procesamiento cognitivo y afectivo.

Según los autores –investigadores de la Universidad McGill (Canadá) y de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile–, incluso exposiciones de solo unos minutos en un entorno natural pueden activar una respuesta neural que reduce la reactividad al estrés, calma la actividad de regiones vinculadas al miedo y mejora la atención en comparación con las respuestas habituales al ruido y los estímulos visual y cognitivos de las ciudades y del entorno digital.

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Intuitivamente, el contacto con la naturaleza es una experiencia reconocida en todas las culturas como base para el bienestar. Pero la neurociencia proporciona explicaciones y evidencia científica de por qué es así. En concreto, los investigadores han identificado cuatro señales de cómo la exposición a un entorno natural desencadena lo que denominan “un patrón en cascada” que se acaba traduciendo en un cerebro más estable. La primera señal es un cambio en el procesamiento sensorial. Para el cerebro, procesar los patrones fractales de la naturaleza es más fácil, requiere menos esfuerzo y consume menos recursos cognitivos que con los estímulos acelerados y visualmente densos que hay en las ciudades o en el mundo digital.

Una segunda señal es que los sistemas de estrés se estabilizan. Al disminuir la carga sensorial, el cuerpo sale del modo “lucha o huida”, la frecuencia cardíaca baja, la respiración se hace más profunda y las regiones cerebrales implicadas en la detección de amenazas y la gestión del estrés (como la amígdala) disminuyen su actividad. El tercer cambio detectado es que la atención se restaura porque, al reducirse el estrés, la atención orientada a las tareas que se usa en la vida cotidiana da paso a un modo de atención más calmado.

Eso, a su vez, facilita la cuarta y última señal: disminuye la rumia mental. Las redes cerebrales vinculadas a un pensamiento repetitivo negativo y focalizado en uno mismo reducen su actividad, lo que favorece una sensación de mayor tranquilidad y claridad.

Los autores del informe destacan que ese “estar en la naturaleza” que tan bien le sienta al cerebro abarca desde paseos al aire libre en bosques o cerca de ríos, lagos u otros lugares con agua, hasta experiencias más modestas como mirar imágenes de paisajes naturales o cuidar plantas. “Tan solo tres minutos en un entorno natural pueden producir cambios mensurables, pero las experiencias más inmersivas, las del mundo real, y una exposición más prolongada se asocian con efectos más fuertes y duraderos”, explicó la coautora principal del análisis e investigadora en el departamento de Psiquiatría de la Universidad McGill, Mar Estarellas, al presentar los resultados.

Reset

La naturaleza proporciona un tipo de reset mental que ninguna desintoxicación digital puede proporcionar por si sola

Considera que, a la vista de los cambios cerebrales que desencadena, la naturaleza proporciona un tipo de reset mental que ninguna desintoxicación digital puede proporcionar por si sola, de modo que es una gran alternativa para contrarrestar el exceso de tiempo frente a las pantallas. Además, apunta que ese reset puede complementar otras intervenciones en salud mental, de modo que debería apostarse no solo por un diseño urbano más verde sino porque los médicos “receten” pasar tiempo en la naturaleza.

A ello se suma, dice Estarellas, un beneficio social: “Las personas que se sienten más conectadas con la naturaleza tienden a mostrar un comportamiento más proambiental”.

Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Estoy convencida de la relevancia social de esta profesión y busco aplicarla ya sea informando sobre demografía, salud, ciencia, corrientes sociales, tecnología o finanzas del hogar.