¿Cómo abordar el 8M con los niños para que ellos no rechacen lo femenino?: “Lo “repudian” demasiado rápido”
Infancia
A pesar de los avances, aún hoy niños y niñas crecen en paralelo en lugar de juntos y es importante trabajar el vínculo para revertir la tendencia, avisan las investigadoras
Que sean los hombres los que acompañen el descubrimiento de referentes femeninos en los niños
Trabajar la igualdad real antes de la irrupción de las redes en la vida de los jóvenes se convierte en esencial y urgente para revertir la tendencia machista de los jóvenes

Niños y niñas siguen creciendo en paralelo en lugar de juntos, lamentan las expertas

Las encuestas dicen que los jóvenes de hoy ya son más machistas que sus padres. Este titular, que contiene matices, hace tiempo que ha encendido las alarmas. Porque está atravesado por la influencia que las redes sociales ejercen. Pero preocupa en un contexto en el que se sigue intentando caminar hacia una sociedad igualitaria. Ello lleva a una pregunta: ¿Cómo se está abordando en la infancia? ¿Qué puede hacer familia y escuela para contribuir a una sociedad menos reactiva contra el feminismo? Trabajar el vínculo para que niños y niñas crezcan juntos y no en paralelo, que ellos se acerquen a lo femenino sin “repudiarlo” como las chicas se han aproximado a lo masculino y que sean las propias figuras masculinas las que descubran a los niños referencias de mujeres, son algunas propuestas.
¿Por qué, si cada vez hay más sensibilidad e información, se sigue fallando en la coeducación? Es un lamento generalizado que convierte en imprescindible revisar la cuestión “para que no lleguen a mayores con tanta resistencia” como sucede en la adolescencia, apunta Maria Freixenet, politóloga y una de las autoras de Chicos, chicas y un abismo. Opiniones sobre la igualdad y el feminismo, publicado por el Institut de Ciències Polítiques i Socials (ICPS). La investigadora reivindica que hay que trabajar para que el mundo de la feminidad no quede “repudiado”, porque “sucede demasiado pronto”.
Ellos con ellas
La importancia de trabajar el vínculo
“Trabajar el vínculo” es uno de los aspectos fundamentales para Freixenet, porque lamenta que niños y niñas crecen desde muy pequeños “separados”. Apunta que desde edades bien tempranas se ven las clases “perfectamente divididas” y considera que “hay una fractura social muy clara”. Por eso opina que debería trabajarse desde estos primeros años de vida de manera real bajo la premisa de que “el otro es como tú y tiene el mismo valor” y juzga crucial que se genere “empatía e identificación con el otro”. En este sentido, lamenta que la coeducación no se aborde de manera curricular sino desde la “precariedad” que supone que una entidad externa vaya un día a clase y “explique cuatro cosas”. Por eso reivindica la existencia de una política real que estipule “qué es aquello que las criaturas deben crecer sabiendo” y que se trabaje en todas las escuelas. Algunos de estos aspectos son para la investigadora abordar el conocimiento del propio cuerpo o el trabajo de las relaciones humanas. Y considera imprescindible identificar “todo aquello que reproduce desigualdad”, cosas “muy esenciales y básicas que si no las trabajas te plantas en los 12 años con una interiorización de roles segregados”.

Lo mismo opina Sandra Molinas, doctora en psicología, experta en coeducación y patios no sexistas y profesora en Florida universitaria y que imparte talleres a familias. Resalta que los estereotipos de género o la educación sexual, debe estar escrito sobre el papel “para que cuando venga una familia a quejarse se le pueda explicar que está pautado trabajarlo igual que se trabaja la tabla del 8”.
Espacio segregado
Lo que pasa en los patios escolares
Solo hace falta observar los patios escolares para constatar que, salvo honrosas excepciones, la realidad es que niños y niñas siguen creciendo separados, advierte Molinas. Por eso considera que en la etapa infantil el profesorado tiene una labor “importantísima” de trabajo con las familias porque son estas “el principal agente socializador y transmisor de una marca de género muchas veces sin darse cuenta”, apunta. Aunque también detecta sesgos en los patios escolares. Por ejemplo, que acaben siendo los docentes hombres los que lideren actividades que tienen que ver con el fútbol.

“Pensamos que la igualdad es que las niñas ocupen los espacios de la masculinidad sin problemas, pero nunca proponemos que los niños practiquen actividades estereotipadamente femeninas, como bailar”, lamenta Molinas. Asegura que se intenta que ellas copien la masculinidad, “pero no estamos trabajando que los niños vean atractivo aquello que es estereotipadamente femenino”.
La experta en coeducación denuncia que va a colegios en los que el fútbol está prohibido porque genera muchos conflictos y segregación, pero que, en cambio, no suprimen las porterías. Para Molinas esto es “un símbolo de poder que no me atrevo a quitar”.
Y esta situación “es mucho más cruel en los niños”, asegura. Porque a ellas se les permite muchísimo más ocupar espacios estereotipadamente masculinos que a un niño ocupar los estereotipadamente femeninos, puesto que inmediatamente tiene el ataque por parte de sus iguales. Porque, asegura, “la masculinidad se alimenta de diferentes variables: una de ellas es que el mundo sepa que no eres homosexual y otra es que sepa que a ti lo de chica no te gusta, porque, si no, pierdes masculinidad”.
Solemos asociar la igualdad con que
A pesar de los avances conseguidos, de la convicción de que íbamos hacia sociedades más “unisex” y de haber pasado unas décadas en las que hombres y mujeres se parecen más, Freixenet avisa de que la impresión que se tiene en el presente es que es tan “potente” la “contrapropuesta reaccionaria” que presenta dos roles cada vez más separados que existe un riesgo real de separación de hombres y mujeres como referentes. Además, asegura que si la adolescencia está fracturada, facilita este camino divergente.
Los niños y los cuidados
Las expertas ven “fundamental” que crezcan con referentes masculinos igualitarios. Por ejemplo, hombres que se ocupan de los cuidados y “que hablan de lo que els pasa”, describe Freixenet. Pero también considera importante lograr que los chicos tengan mujeres como referentes. Lograr que los niños “no necesiten sujetar su autoestima positiva en el menosprecio a las niñas” es clave para la politóloga. O que crezcan pudiendo defender que les gusten los unicornios o tener amigas, ejemplifica. Y todo esto “es fantástico si lo acompaña la madre, pero si lo hace el padre, sería ideal”, resume. Lamenta que esperemos que lo hagan los niños solos cuando los padres no son capaces de hacerlo. Con las niñas, Freixenet ve crucial trabajar con ellas que tienen valor “más allá del cuerpo” porque ya crecen queriendo ser astronautas o matemáticas, pero la parte de la cosificación es “dura”. Desde pequeñas les llegan muchos inputs de temas relacionados con el maquillaje o de ropa y eso hace que sea “fácil” asociar que tienen valor en función del cuerpo, lamenta.

“La sociedad está preparada para transmitir sexismo sin darnos cuenta de forma natural”, lamenta Molinas. “No percibimos sexista que llegues a las aulas y ¿cuántas personas llevan primero el apellido de su madre?”, se pregunta. Para la experta, es la diferencia entre la igualdad formal (la de las leyes) y la real (la de los datos). “¿Quiénes están estudiando educación infantil o temas sanitarios? Hay segregación”, afirma. Molinas. Algo que denomina la falacia de la libertad: pensar que elegimos libremente sin la mochila del género “que aprendemos desde el minuto uno que estamos aquí”.
“Tenemos que llevar a cabo iniciativas para que los padres con ‘p’, participen más activamente en temas que tienen que ver con la crianza”, apunta Molinas. La experta en coeducación reconoce que aún hoy se normalizan cuestiones como ir a una reunión de las familias todo madres y un padre o que los grupos de WhatsApp sean cosa de madres. Lamenta que los niños y las niñas “están aprendiendo esos roles de género sin que nadie se lo diga y sin un mensaje explícito”, advierte. Y para Molinas ahí es donde los centros educativos tienen una labor muy “bonita” de hacer ver que “el sexismo se transmite con pequeños actos, con el currículum oculto de la vida”.
Ética
Listos ante el estreno en redes sociales
Para ellos y ellas Freixenet ve fundamental “protegerlos el máximo tiempo posible de la pantalla” porque entonces “la llegada discursiva es brutal”. La investigadora apunta que la capacidad de ponerte en el lugar de otro el cerebro no lo acaba de desarrollar hasta los 13 o 14 años y que “cognitivamente y éticamente” deben estar preparados para que, cuando llegue este contenido de redes, aquello les choque con sus valores esenciales o lo que le han enseñado en casa. Porque, “si les llega antes, es una escabechina”
Lo ideal es que el padre acompañe,
Hay unas generaciones de chicos que han crecido con la idea de que son formalmente igualitarios y en los que la desigualdad no es fácil de ver pero a la vez han vivido la cuarta ola feminista y el enfado especialmente de chicas en relación a la violencia sexual, prosigue Freixenet. Conisdera que hay que encontrar la manera de trabajar esto y de que los chicos tengan conciencia de cómo los hombres han tratado a las mujeres y a la vez saber que no es una acusación personal. “Los queremos con nosotros para construir un mundo en el que los hombres nos traten bien”, apunta. Freixenet defiende que “necesitamos a los chicos con nosotras comprometidos y conscientes de cómo hemos vivido en estos 7.000 años de patriarcado”. Y lamenta que es la sociedad la que está permitiendo que los jóvenes sean machistas.

La segregación se naturaliza, avisa Molinas. Cuenta que en los patios de infantil niños y niñas juegan conjuntamente porque los espacios no tienen una marca de género. Pero cuando pasan a primaria, “de repente esa clase empieza a practicar la segregación”, lamenta. Los niños empiezan a ocupar unos espacios, las niñas otros, ellos a ser más activos físicamente, ellas “a practicar la pasividad, el sedentarismo”. Los argumentos esgrimidos para normalizar esto son que suelen ser las diferencias biológicas, algo que Molinas rechaza puesto que si se diseñan patios con otras propuestas, “las niñas se mueven”. La experta denuncia que las extraescolares estén totalmente segregadas y le entristece que no se vea como un problema de convivencia.
Buscamos sumar a los varones para crear un
“No naces pensando que en el mundo está lo masculino y lo femenino, lo vas aprendiendo”, avisa Molinas. “¿Cómo se distribuyen las tareas domésticas en casa? ¿Quién está pendiente de mí y de mis necesidades absolutas? Ir desmontando todas estas cuestiones es una tarea que necesitamos hacer, avisa la psicóloga, porque como consecuencia tendremos que “al final puedan llegar a la adolescencia, la etapa más vulnerable de la vida, y puedan problematizar esos mensajes que les aparecen en redes y que tienen unos discursos muy simples de una cuestión que es muy compleja”.

Un objetivo final sería dotar a estos niños y niñas de herramientas reflexivas y críticas a todos aquellos mensajes que al final lo que quieren es que la sociedad esté absolutamente repartida y cada cual tenga sus funciones y sus tareas, apunta Molinas. Porque para la experta “el orden patriarcal” lo que hace es relegar a las mujeres al ámbito doméstico y de los cuidados y “desempoderar a los hombres de esas tareas que son tan maravillosas como cuidar y estar pendiente de otra persona”. Es fundamental, finaliza, que las familias sepan que son transmisoras principales de un modelo de estar en el mundo y que puedan invitar a sus niños y a sus niñas a tener una visión “crítica y reflexiva” para que no lo reproduzcan.
Jóvenes polarizados
¿Qué pasa cuando dan el salto a la adolescencia? Para el sociólogo y profesor de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Stribor Kuric es vital “seguir luchando para implementar pedagogías igualitarias y feministas en todas las edades”. Kuric, uno de los autores del barómetro Juventud y Género 2025 de Fad Juventud, apunta que los datos evidencian una “tendencia a la polarización”. Simultáneamente, hay más chicos y chicas jóvenes que se conciencian más sobre la importancia de la igualdad y denunciar las desigualdades y luchar por un mundo más igualitario y, a la par, se desarrolla también esta tendencia de “atrincheramiento” en los valores antiguos. A pesar de ello, Kurik cree importante destacar que no se puede trasladar la idea de que los chavales hoy en día son mucho más conservadores y mucho más machistas, ya que cuando se les pregunta por elementos concretos como tiene que ver con las relaciones de pareja, la importancia de la igualdad o el espacio individual en las relaciones de pareja o el reparto de tareas del hogar o el acceso a los mismos recursos, “todo el mundo se muestra de acuerdo”.


