Salud

Cambiar el color de ojos: qué riesgos y limitaciones tiene esta tendencia estética

OFTALMOLOGÍA

Las intervenciones para modificar el pigmento del iris pueden provocar inflamación, glaucoma o incluso requerir trasplante de córnea

Existen tres tipos de intervenciones destinadas a modificar el color del iris con fines estéticos. 

Existen tres tipos de intervenciones destinadas a modificar el color del iris con fines estéticos. 

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Hasta hace poco, cambiarse el color de los ojos era una fantasía que solo se podía hacer realidad mediante lentes de contacto o filtros digitales. Hoy, en cambio, existen procedimientos médicos que permiten modificar de forma permanente el tono del iris. Estas intervenciones se han popularizado en redes sociales, presentándose como una solución rápida y definitiva para quienes alguna vez han soñado con elegir el color de su mirada. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja y conlleva riesgos importantes para la salud ocular.

Marc Figueras-Roca, doctor del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínic Barcelona, advierte que detrás de estas intervenciones “existen riesgos importantes para la salud ocular, algunos de los cuales pueden ser graves e irreversibles”. También explica que “las redes sociales han tenido un papel determinante en este fenómeno, ya que el relato, a menudo de personas famosas e influencers, tiende a minimizar u ocultar los riesgos reales”.

¿De dónde surge el deseo de cambiarse el color de los ojos? Especialistas del Hospital Clínic Barcelona señalan que detrás de esa decisión pueden intervenir distintos factores sociales y psicológicos. Entre ellos, cuestiones identitarias –como el deseo de parecerse a otro miembro de la familia–, determinadas exigencias profesionales, especialmente en el ámbito de la imagen, o dinámicas sociales vinculadas a preferencias de la pareja o a la voluntad de encajar en ciertos entornos.

Técnicas disponibles para cambiar el color del iris

En la actualidad existen tres tipos de intervenciones destinadas a modificar el color del iris con fines estéticos y todas ellas pueden comportar efectos adversos importantes. Además, en muchos casos se aplican fuera de los usos médicos para los que fueron diseñadas inicialmente.

La primera es la queratopigmentación asistida por láser, también conocida como tatuaje corneal, que consiste en crear un pequeño túnel en la córnea para inyectar pigmentos que simulan el color elegido. Los estudios indican que el color suele resistir al paso del tiempo. Sin embargo, tras la intervención, pueden aparecer complicaciones como la sensibilidad a la luz, limitaciones del campo visual, alteraciones en la calidad visual o pérdida parcial del pigmento.

Además, esta técnica puede dificultar la exploración del interior del ojo en futuras intervenciones quirúrgicas. En algunos casos, el resultado estético puede resultar poco natural, lo que podría generar un impacto psicológico negativo y dar lugar a nuevas inseguridades.

Cuando se trata de la salud visual, cualquier decisión debe ir acompañada de información rigurosa y asesoramiento médico especializado

Marc Figueras-Roca

Doctor del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínic Barcelona

En segundo lugar, se encuentra la despigmentación del iris con láser. A diferencia de la técnica anterior, no añade color, sino que aclara el tono natural del ojo mediante la eliminación del pigmento superficial del iris. Al hacerlo, quedan visibles las fibras internas, que suelen presentar tonalidades más azuladas o grisáceas.

Esta operación es totalmente irreversible y tiene una gran limitación: no permite elegir un color exacto, ya que el resultado final depende del pigmento original de cada persona. Entre los posibles efectos adversos se encuentran inflamación del iris y aumento de la presión intraocular, complicaciones que pueden requerir tratamientos agresivos y dejar secuelas irreversibles. Además, no existe evidencia científica suficiente que avale su seguridad a largo plazo.

En último lugar se encuentran los implantes cosméticos de iris, considerados “el procedimiento más controvertido y el que presenta un riesgo más elevado”, apunta el doctor Figueras-Roca. En este caso, se coloca una prótesis de silicona de color delante del iris natural para modificar el tono de forma inmediata.

Esta técnica puede dar lugar a complicaciones graves, como glaucoma, inflamación ocular grave, hemorragias internas, cataratas o daños corneales que podrían acabar requiriendo un trasplante de córnea. Además, estos implantes no están aprobados por los organismos reguladores internacionales y, pasado un tiempo, con frecuencia deben retirarse debido a complicaciones asociadas.

Una opción más segura

La alternativa más recomendable el uso de lentes de contacto cosméticas, que permiten modificar temporalmente el color de los ojos con un riesgo menor. A diferencia de las intervenciones quirúrgicas, no se trata de un procedimiento agresivo ni irreversible, no altera la anatomía ocular y, bien utilizadas, no comprometen la salud visual. La clave es mantener una higiene adecuada y seguir las indicaciones del profesional para prevenir posibles infecciones u otras complicaciones.

En cualquier caso, el doctor Figueras-Roca advierte que “el cambio permanente del color de los ojos puede parecer una opción atractiva desde el punto de vista estético, pero cuando se trata de la salud visual, cualquier decisión debe ir acompañada de información rigurosa, asesoramiento médico especializado y una valoración de los posibles riesgos a corto y largo plazo”.