Dar mil dólares a cada bebé para invertir en bolsa: la idea de Trump que divide a los economistas

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El economista de la Universitat de Barcelona Mateo Gamalerio analiza las llamadas “cuentas Trump”, un programa estadounidense que propone invertir dinero público en bolsa para cada recién nacido y plantea sus posibles efectos económicos y sociales

Dar mil dólares a cada bebé para invertir en bolsa: la idea de Trump que divide a los economistas
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El economista de la Universitat de Barcelona Mateo Gamalerio analiza las llamadas “cuentas Trump”, un programa estadounidense que propone invertir dinero público en bolsa para cada recién nacido y plantea sus posibles efectos económicos y sociales

Las llamadas “cuentas Trump”, una propuesta impulsada en Estados Unidos para crear un fondo de inversión para cada recién nacido con aportación inicial del Estado, ha reabierto el debate sobre cómo incentivar la natalidad y fomentar el ahorro a largo plazo. El economista de la Universitat de Barcelona Mateo Gamalerio considera que la idea puede tener sentido en el contexto estadounidense, donde existe una mayor cultura inversora, pero advierte de que su diseño actual podría agravar desigualdades. “Si miramos el contexto de Estados Unidos hay mucha más tradición: alrededor del 50% de las familias invierten en productos financieros, mientras que en España el porcentaje baja al 10%”.

El programa plantea que el gobierno federal deposite mil dólares por cada bebé en una cuenta de inversión vinculada a los mercados financieros. Ese dinero quedaría bloqueado hasta los 18 años y podría utilizarse para estudiar, comprar una vivienda o emprender un negocio. Según Gamalerio, con rendimientos medios históricos de la bolsa estadounidense la cantidad podría multiplicarse con el tiempo: “Si aplicamos el rendimiento medio del Standard & Poor’s 500 a largo plazo, esos mil dólares podrían convertirse en unos 5.000 o 6.000 después de 18 años”

Sin embargo, el economista subraya que la propuesta presenta un problema estructural de equidad. Aunque el Estado entregue la misma cantidad inicial a todas las familias, el sistema permite aportaciones adicionales de hasta 5.000 dólares al año. “La familia de renta alta tendría más ventaja y se encontraría después de 18 años con un capital mucho más grande que la de renta baja”, señala, ya que estas últimas difícilmente podrían permitirse contribuciones adicionales.

La lógica de este sistema también difiere de las políticas familiares más habituales en Europa. Mientras que las ayudas tradicionales buscan aliviar el gasto inmediato de los hogares con hijos, este modelo apuesta por la acumulación de capital a largo plazo. “Las subvenciones clásicas dan renta inmediata a las familias para consumir, mientras que esta política busca crear un capital a lo largo de 18 años”, explica Gamalerio.

Más allá del ahorro, algunos estudios sugieren que estas cuentas pueden generar efectos sociales positivos. Experimentos realizados en Estados Unidos muestran que disponer de un fondo para el futuro de los hijos cambia las expectativas familiares. Según el economista, “hay evidencia de que las cuentas infantiles pueden tener beneficios económicos y también cambiar las expectativas de los padres sobre las ambiciones educativas de sus hijos”.

Además, el modelo podría atraer la participación de empresas privadas que contribuyan a esos fondos. El riesgo financiero es otro de los puntos de debate. Los mercados bursátiles pueden sufrir caídas abruptas, como ocurrió durante la crisis financiera de 2008. Aun así, Gamalerio insiste en que el horizonte temporal largo reduce parte de esa volatilidad: “Puede haber años malos en los que la bolsa baje un 30 o 40%, pero en el largo plazo el crecimiento medio suele rondar el 10% anual”.

No obstante, alerta de que limitar las inversiones a renta variable estadounidense podría implicar problemas de diversificación. Trasladar un modelo así a Europa tampoco sería sencillo. Aunque ya existió una experiencia similar en el Reino Unido —el Child Trust Fund, activo entre 2002 y 2011—, Gamalerio cree que en España el principal obstáculo sería cultural e institucional. “Si se quisiera aplicar en un contexto europeo, el diseño debería ser diferente y dar más ventajas a las familias de renta baja”, sostiene. En su opinión, solo así se evitaría que una política pensada para mejorar el futuro de los jóvenes termine ampliando la brecha económica entre hogares.

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