La evolución de la figura de la mujer en la sociedad también se refleja claramente en la cultura popular. El cine, como espejo de cada época, muestra cómo han cambiado los roles, las expectativas y la mirada sobre las mujeres. Según explica Diana Morena, responsable de proyectos de género y diversidad de La Groc, durante décadas la presencia femenina en las películas estuvo marcada por estereotipos muy claros que respondían al modelo social dominante.
En los inicios de la historia del cine, el papel de la mujer era esencialmente secundario. “La mujer era un elemento narrativo para hacer avanzar la historia del héroe”, explica Morena, que recuerda figuras clásicas como la “mujer florero” o la “damisela en apuros”. Su presencia en pantalla tenía un objetivo muy concreto: provocar que el protagonista masculino actuara o se enfrentara a nuevos retos.
Con el paso del tiempo, las mujeres empezaron a ganar algo más de peso en las historias, aunque no necesariamente en igualdad de condiciones. Según la experta, cuando comenzaron a aparecer personajes femeninos con mayor protagonismo, muchas veces lo hicieron bajo una mirada que seguía sexualizándolas. “Pasamos a mujeres que podían tener más peso en la historia, pero que estaban sobre todo bajo una mirada sexualizadora o cosificadora”, señala.
Ese enfoque responde a lo que la teoría feminista ha denominado “male gaze” o mirada masculina, un concepto formulado por la teórica Laura Mulvey para describir cómo la cámara construye a las mujeres como objetos de deseo para el espectador. Morena cita ejemplos populares del cine reciente, como personajes interpretados por Scarlett Johansson en el universo Marvel o Megan Fox en Transformers, donde la cámara enfatiza partes concretas del cuerpo femenino.
Sin embargo, en los últimos años el cine ha empezado a experimentar cambios significativos. Morena sitúa un punto de inflexión en torno a 2014 y 2015, coincidiendo con el auge de una nueva ola feminista que también ha influido en la industria audiovisual. “Hoy en día ver un plano únicamente con los pechos de una actriz es prácticamente imposible, y cuando sucede genera mucha crítica”, afirma.
En esa transformación también han surgido fenómenos curiosos, como la adaptación de historias tradicionalmente protagonizadas por hombres con personajes femeninos. Películas como Ocean’s Eleven o las nuevas versiones de Ghostbusters son ejemplos de esta tendencia. Aunque Morena valora positivamente estos cambios, considera que el reto es ir más allá: “Está muy bien, pero queremos ver también historias de mujeres y para mujeres”.
Más que crear un género específico de “cine femenino”, la especialista defiende ampliar la diversidad de miradas dentro de la industria. Para ella, la clave está en que haya más creadoras detrás de las cámaras. “Cuando hablamos de cine de mujeres para mujeres corremos el riesgo de reproducir estereotipos. Lo importante es que haya voces femeninas que nos hablen y nos expliquen las historias desde su perspectiva”, concluye Morena, que recuerda que durante su formación en comunicación nunca le hablaron de ninguna directora de cine.