El fenómeno del ‘detox digital’ que atrae también a la generación Z: “Me conecto con la vida”
Desconexión de pantallas
Los jóvenes cada vez dedican menos tiempo a las redes sociales y cuestionan cada vez más su uso.

Una joven aparca el consumo del móvil para centrarse en la lectura de un libro

El anuncio de la prohibición de acceso a las redes sociales a menores de 16 años realizado hace diez días por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llega en un momento en el que parece que los miembros de la generación Z se están adhiriendo a una corriente que promueve la desconexión digital. ¿Cuál es su objetivo? Reducir el número de horas que los usuarios pasan frente al móvil para ganar en bienestar mental y calidad de vida. Uno de los movimientos que encabeza esta nueva tendencia es The Offline Club, plataforma nacida hace dos años en los Países Bajos y que ya está presente en 14 países, entre ellos España, con sedes en Valencia, Madrid y Barcelona.
En la capital catalana, operan desde finales del 2024. Su responsable, Monique Golay, explica a Guyana Guardian que en este tiempo han organizado actividades –donde se aparta el móvil durante horas e incluso a lo largo de todo un fin de semana- por las que han pasado alrededor de 2.000 personas, siendo el grupo de edad que va de los 25 a los 35 años el mayoritario (50%). Los menores de 25 suponen hasta un 20% de los asistentes, porcentaje donde queda representada la generación Z. También dentro del grupo mayoritario, y es que en esta generación se incluyen las personas que hoy tienen entre 14 y 29 años (nacidas entre el 1997 y el 2012).
“Creo que la generación Z es la que se está dando cuenta antes de que el móvil les quita tiempo para hacer otras cosas”, razona Golay. Relata que son nativos digitales, por lo que no tienen constancia de una sociedad sin pantallas. “El hecho de haber vivido siempre con ellas les ha llevado a quemarse antes”.
Esto le ha ocurrido a Micaela, argentina de 28 años que lleva dos viviendo en Barcelona. Explica que hace cuatro años usaba mucho el móvil. En sus horas libres, ejercía como micro-influencer (personas que tienen una comunidad relativamente pequeña). “Me pasaba una seis horas enganchada al móvil: editar un vídeo me suponía ya una hora, dos horas más consultando las redes, después responder mensajes, …”.
La generación joven está dándose cuenta de que el móvil les quita tiempo, ya que lo usa en exceso.
Relata que la mayor parte del tiempo lo dedicaba a Instagram y que se desinstaló TikTok porque le resultaba muy adictivo. “Me pasaba dos horas en la cama sin parar antes de ir a dormir, no lo podía controlar”. Hasta que llegó un momento en que se dijo a sí misma que no podía continuar así y se planteó llevar a cabo varios detox del móvil a la semana.
“De viernes a lunes no contesto casi mensajes. Le digo a mis contactos que estoy en detox del móvil, y no respondo ni en Instagram ni en WhatsApp. No doy más de sí. Me satura”. Y entre semana, tiene fijados dos momentos al día para responder mensajes.

Reconoce, no obstante, que convive con algo de ansiedad. No en vano, con 9 años ya tenía móvil. Y es que sabe que durante sus desconexiones “ocurren cosas” y tiene pendientes mensajes por responder. “Me crea frustración. Me gustaría estar más presente en las redes, saber de mis amigos…”.
Más allá de esa frustración, ve cosas positivas en sus desconexiones. “Siento que me conecto con la realidad, con la vida y con lo que quiero. Las redes me anestesian. Los fines de semana conecto mucho con la naturaleza, y eso me genera mucha felicidad y paz”.
Las redes me desconectan, pero el fin de semana me siento más en paz.
Parece que, cada vez más, esta generación toma consciencia de la necesidad de hacer un uso más racional de las pantallas. En un estudio publicado por el British Standards Institution en mayo del año pasado, un 50% de los jóvenes británicos afirmaba que establecer un toque de queda en el uso de las redes sociales mejoraría sus vidas.
Así lo ve también Óscar (16 años), que ha reducido drásticamente el tiempo que les dedica. Antes, dice, usaba el móvil para todo. “Lo consultaba antes de ir a dormir, también al despertarme, cuando comía, para ir al colegio… Pasaba con él unas 5 o 6 horas al día”.
Ahora aprendo más porque paso más tiempo con el móvil.
Hace medio año aproximadamente decidió hacer un cambio. Empezó a practicar deporte e incluso se desinstaló Instagram. “Ahora estoy aprendiendo muchas más cosas que cuando pasaba tanto tiempo con el móvil”, sostiene.
La reducción del consumo ha sido muy notable. “Puedo estar como máximo una hora y media al día”. Y ese tiempo –matiza– lo dedica sobre todo a ver tutoriales en Youtube de guitarra y piano. “Soy autodidacta. Con la guitarra llevo un año, puedo tocar un poco de todas las canciones. Al piano tengo que dedicarle más tiempo, y lo haré”.
Estudiante de primero de bachillerato, nota que sus compañeros, pese a usar sus móviles como siempre, empiezan a cuestionar su uso.
Algo similar le ocurre a Santiago (20 años), cuyos amigos no han modificado para nada su consumo de pantallas. Él sí. Antes podía pasar unas 8 horas o más frente al móvil a lo largo del día entre mensajes de WhatsApp, redes sociales –“perdía mucho tiempo viendo vídeos y stories”, admite– y llamadas. Sin embargo, hace unos cuatro meses se dio cuenta de que estaba “desperdiciando el tiempo”.
Ahora dice que hace un uso mínimo: “Hay veces que ni contesto mensajes”. Fue eso, “la frustración de no poder terminar ciertas tareas”, lo que lo llevó a reaccionar.
Gastaba mucho tiempo viendo historias y no hacía nada útil.
Productor musical de profesión, relata que ahora se enfoca mucho en la música. “Me centro en el trabajo y desaparece todo lo que esté alrededor”. También en la familia y en hacer deporte.
Asegura que ha rebajado el consumo que hacía del móvil a más de la mitad. “Ahora lo veo más como herramienta que como un objeto de entretenimiento”, concluye.
Practicar el ejemplo en casa
Una de las claves para que los jóvenes reduzcan su tiempo de exposición a las pantallas es ver que en casa los adultos lo hacen. Así lo ve Príscila Loredo, responsable de The Offline Club en Madrid. “Hay una persona que viene a nuestros eventos que nos dice que, cuando llega a casa, deja el móvil en un sitio específico que ya tiene para depositarlo y así su hija no la ve consultándolo todo el tiempo. Al final, los hijos repiten los comportamientos que ven en casa. Es muy importante hablar en familia del uso que hacemos de las pantallas”, razona. En este sentido, arguye que es interesante poner el acento en la generación Z y el uso que hacen del móvil porque, quizás, “su comportamiento va a definir el de la próxima generación”. Para ella, las generaciones anteriores a la Z ya han dado un paso adelante. “En las actividades que hemos organizado hasta el momento en Madrid han venido más participantes de las generaciones de millennials y X que de la Z”. “Nos estamos dando cuenta de que mucha gente quiere formar parte de este movimiento”, concluye Mario Sánchez, responsable de la plataforma en Valencia.


